Estados Unidos apoya a Marruecos para defender sus propios intereses en el Sahel, frenar la expansión de Rusia y China y garantizar el acceso occidental a rutas comerciales y minerales críticos de África. Este mes, Washington volvió a respaldar la posición marroquí ante la ONU sobre el Sáhara Occidental tras los ataques del Frente Polisario contra la ciudad de Smara. La alianza se reforzó tras los Acuerdos de Abraham de 2020, que consolidaron a Marruecos como aliado de Estados Unidos e Israel en el norte de África. En paralelo, las crecientes tensiones de España con Israel y la Administración Trump han convertido a Rabat en el principal socio militar y logístico estadounidense en el Mediterráneo occidental.
Una alianza cada vez más fuerte
Estados Unidos y Marruecos mantienen una alianza histórica desde el siglo XVIII mediante el Tratado de Paz y Amistad de 1786. Esta alianza se reforzó durante la descolonización y la Guerra Fría, con Marruecos alineándose con el bloque occidental. Washington ve hoy a Rabat como un socio fundamental para proteger sus intereses en el norte de África, donde busca contener la creciente influencia de Rusia y China en Argelia. Asimismo, considera clave el papel marroquí en el Sahel, una región cada vez más inestable tras los golpes de Estado en Malí, Níger y Burkina Faso y la expulsión de las tropas occidentales.
Un hito clave en las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos se produjo en 2020, cuando Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel dentro de los Acuerdos de Abraham. Desde entonces, la cooperación política, militar y económica entre Washington y Rabat no ha dejado de crecer. En febrero de 2026 se firmó un Memorando de Entendimiento para la exploración de minerales críticos en el Sáhara Occidental y su entorno atlántico, en el marco de la estrategia estadounidense para reducir la dependencia de China. A ello se suman inversiones de empresas estadounidenses como Ortus Power Resources o Harmattan Energy en proyectos de energía verde en la región.
Ya en abril de 2026 Estados Unidos y Marruecos firmaron la Hoja de Ruta de Cooperación en Defensa 2026-2036, destinada a reforzar su alianza estratégica. Apenas unas semanas después, a comienzos de mayo, Estados Unidos volvió a respaldar la posición marroquí al condenar ante la ONU los ataques del Frente Polisario contra Smara, ciudad del Sáhara Occidental administrada por Marruecos, y reclamar el fin de un conflicto que dura ya más de medio siglo. A ello se suma la incorporación de Marruecos a los Acuerdos Artemis de la NASA, lo que refuerza su papel como socio estratégico de Estados Unidos en el ámbito espacial y tecnológico.
La alianza también se refleja en el plano militar. Marruecos se ha consolidado, junto con Egipto, como el principal socio africano de Estados Unidos. Además, es anfitrión del African Lion, las mayores maniobras militares que el Mando África de Estados Unidos (AFRICOM) realiza cada año en el continente. La edición de 2026 marcó además un salto importante al integrar por primera vez a Marruecos en el sistema táctico Link-16, una tecnología utilizada por la OTAN que permite compartir inteligencia militar y coordinar operaciones en tiempo real.
Este acercamiento entre Washington y Rabat empieza además a tener consecuencias políticas para España. En medio de las recientes tensiones entre Madrid y la Administración Trump, algunos sectores republicanos incluso han puesto en duda la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, reflejando hasta qué punto Marruecos ha ganado peso en las prioridades estratégicas de Estados Unidos.
Marruecos, la nueva pieza clave de Estados Unidos en África
El creciente apoyo estadounidense a Marruecos no puede entenderse sin el deterioro de la seguridad en el Sahel. Tras la retirada de fuerzas occidentales de varios países de la región, Rusia ha aumentado su presencia mediante las Africa Corps, herederas del Grupo Wagner. Al mismo tiempo, grupos yihadistas como Dáesh y el JNIM, filial de Al Qaeda, han ampliado su control territorial. En este contexto, Estados Unidos ha convertido a Marruecos en su principal aliado regional para contener la inestabilidad y mantener influencia sobre el norte de África y el Sahel.
La gran apuesta de Marruecos para ganar peso en África es la Iniciativa Atlántica, lanzada en 2023 para dar salida al océano Atlántico a países del Sahel sin costa, como Malí, Níger, Chad o Burkina Faso, mediante nuevas rutas comerciales, carreteras y puertos. El centro de esta estrategia será el futuro puerto de Dajla, en el Sáhara Occidental, con el que Rabat quiere convertir la zona en un gran nodo logístico y comercial entre África, Europa y el Atlántico.

Marruecos quiere convertirse en una potencia regional en materia energética, apoyándose en enormes proyectos de energías renovables e hidrógeno verde situados, en gran parte, en el Sáhara Occidental. Al mismo tiempo, empresas estadounidenses, europeas, chinas o saudíes están aumentando sus inversiones en el territorio, atraídas por su potencial energético y su posición estratégica. Esto está haciendo que el conflicto del Sáhara deje de verse solo como una cuestión política o humanitaria y pase a entenderse cada vez más como una disputa marcada por los intereses económicos y energéticos de las grandes potencias.
La alianza entre Marruecos e Israel tras los Acuerdos de Abraham de 2020 ha aumentado todavía más la importancia estratégica de Rabat para Estados Unidos. Para Washington, la normalización de relaciones permitió reforzar un bloque de aliados sólido que conecta Oriente Próximo con el norte de África. Desde entonces, Marruecos e Israel han estrechado su cooperación militar y tecnológica en áreas como drones, sistemas de defensa aérea y programas conjuntos de desarrollo militar, una colaboración que se oficializó en enero de 2026 con la firma de un Plan de Acción Militar. Este acercamiento ha generado protestas multitudinarias en Marruecos, pero la monarquía ha logrado contener ese coste político vinculando la alianza con Israel y Estados Unidos a la defensa de su posición sobre el Sáhara Occidental.
Desafío estratégico para España
El acercamiento de Estados Unidos a Marruecos coincide con un momento delicado en las relaciones entre España y Estados Unidos. Aunque Madrid sigue siendo un aliado histórico de Washington y un miembro clave de la OTAN, la Administración Trump tiene cada vez más diferencias con el Gobierno de Pedro Sánchez. Las tensiones aumentaron especialmente cuando España rechazó autorizar el uso de Rota y Morón para operaciones estadounidenses relacionadas con la guerra en Irán a principios de 2026. A ello se suman los desacuerdos sobre el gasto en defensa dentro de la OTAN y las reiteradas llamadas de Sánchez a avanzar hacia un ejército europeo más autónomo de Estados Unidos.
El deterioro de las relaciones entre España e Israel también ha influido en la percepción estadounidense sobre Madrid. Desde el reconocimiento del Estado palestino en 2024, el Gobierno español ha endurecido progresivamente su posición contra Israel mediante embargos de armas, restricciones logísticas y la presión para suspender el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel. Para Estados Unidos, este choque resulta especialmente incómodo porque la integración de Israel junto a aliados árabes como Marruecos se ha convertido en una pieza central de su estrategia en Oriente Próximo y el norte de África.
La geografía también explica este giro de Madrid a Rabat. Marruecos comparte con España una posición estratégica privilegiada en el estrecho de Gibraltar, uno de los corredores marítimos más importantes del mundo y un punto clave para el suministro energético europeo. En los últimos años, Rabat ha aprovechado esta ventaja para reforzar su peso logístico gracias a infraestructuras como Tánger Med. El puerto ya supera a Algeciras y Valencia en volumen de carga y se ha convertido en un gran centro comercial del Mediterráneo.
Mientras las relaciones entre Madrid y Washington atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas, Rabat ha aprovechado para presentarse como un aliado más fiel, flexible y alineado con los intereses estadounidenses en la región. Marruecos no sólo está modernizando su ejército y bases militares, como la de Benguerir, sino que también busca posicionarse como el principal aliado de Estados Unidos en el Mediterráneo occidental, en detrimento de España.