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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

El Sahel: golpes, yihadismo y geopolítica

Más de 6.000 kilómetros de ancho, 10 países y 3 millones de kilómetros cuadrados. El Sahel se ha convertido en una de las regiones más inestables del planeta. Esta franja africana que atraviesa el continente de este a oeste actúa como puente entre el desierto del Sáhara y el África subsahariana tropical. Seis golpes de Estado exitosos en apenas cinco años y su transformación en el epicentro mundial del yihadismo definen una región donde la geopolítica del Sahel condiciona tanto la seguridad de Europa como el equilibrio de poder entre las grandes potencias.

El triángulo formado por Mali, Níger y Burkina Faso concentra ahora mismo la mayor actividad yihadista del mundo. Grupos como JNIM, una de las filiales más poderosas de Al Qaeda, amenazan capitales como Bamako mientras las juntas militares que prometieron acabar con la insurgencia fracasan en su objetivo. En 2023 más de 8.000 personas fueron asesinadas solo en Burkina Faso. Entre los tres países suman más de 2 millones de desplazados. La región es también un corredor clave para el tráfico ilícito hacia Europa y las principales rutas migratorias, lo que convierte la estabilidad del Sahel en una prioridad geopolítica de primer orden.

Juntas militares y el nuevo mapa de poder en el Sahel

La llegada de las juntas militares al poder ha transformado radicalmente el panorama político de la región. Mali fue el primero en 2020, seguido por Chad, Burkina Faso, Níger, Sudán y Guinea-Bissau. Estos militares han instrumentalizado el sentimiento anticolonial que pervive en la sociedad, convirtiendo a Francia en el enemigo público número uno. Las tropas francesas y estadounidenses han sido expulsadas de la zona. En su lugar han llegado nuevos actores: Rusia a través del Grupo Wagner, ahora conocido como Africa Corps, China, Turquía y Emiratos Árabes Unidos. Este cambio de alianzas ha reconfigurado por completo la geopolítica del Sahel y Europa observa con preocupación cómo pierde influencia en su flanco sur.

Moscú ha entendido la oportunidad que representa debilitar la influencia occidental en esta zona estratégica. Rusia ha desplegado más de 1.000 efectivos en Mali y participa en el control de las lucrativas minas de oro que financian tanto a las juntas como a los grupos yihadistas. China ha encontrado en la región acceso a recursos minerales estratégicos como el litio y el uranio, sin las condiciones sobre derechos humanos que imponían los socios occidentales. La creación de la Alianza de los Estados del Sahel entre Mali, Níger y Burkina Faso ha consolidado esta nueva arquitectura regional, rompiendo con organizaciones como la CEDEAO que tradicionalmente ejercían presión para el retorno a la democracia. El precedente es peligroso: si estas juntas consiguen mantenerse en el poder, otros militares del continente pueden verse tentados a seguir su ejemplo en este nuevo orden mundial multipolar.

La geopolítica del Sahel

La batalla por los recursos naturales del Sahel

El control de los recursos naturales se ha convertido en el corazón de la batalla tanto entre las juntas militares y los grupos yihadistas como entre las diferentes potencias que compiten por influencia en la zona. El oro es especialmente estratégico. Con el aumento de los precios internacionales, tanto los islamistas como los gobiernos militares compiten por controlar las más de 2.000 explotaciones clandestinas que operan solo en Burkina Faso. Los grupos yihadistas como JNIM han convertido el control de las rutas comerciales y las minas artesanales en su principal fuente de financiación. Incluso han establecido una especie de paraestado en algunas zonas donde imponen tasas a los ciudadanos a cambio de servicios como educación o justicia.

Las juntas militares han lanzado campañas de nacionalización de recursos con un doble objetivo: recuperar la soberanía económica frente al neocolonialismo occidental y conseguir los ingresos necesarios para financiar su guerra contra el yihadismo. Empresas mineras francesas están siendo presionadas mientras que compañías rusas y chinas ocupan cada vez más espacios. Ganfeng Lithium, el mayor productor de litio de China, ha abierto una mina en el sur de Mali. El conglomerado minero ruso Yadra Group participará en una nueva refinería de oro en el mismo país. Esta batalla por los recursos convierte al Sahel en un microcosmos del nuevo orden internacional donde las potencias emergentes desplazan a las tradicionales. Francia ve cómo se desmantela su red de influencia construida durante décadas, pero su rigidez diplomática dificulta que otros países europeos puedan establecer relaciones bilaterales más pragmáticas con las juntas. Italia con su Plan Mattei parece haber entendido que el futuro pasa por relaciones que respeten el discurso soberanista de estos regímenes.

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