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Marruecos ha decidido mirar al hidrógeno verde para convertirse en una potencia regional. Ya ha puesto en marcha su primera planta de desarrollo de hidrógeno con energía solar y se proyecta como uno de los futuros grandes productores. Estos planes y su proximidad a Europa, inmersa en la transición energética, ya le han puesto en el punto de mira. Pese a las dificultades técnicas que plantea el hidrógeno, Rabat va camino de consolidarse como un socio preferente de la Unión Europea, atrayendo inversión y firmando acuerdos para conectarse al futuro mercado europeo del hidrógeno limpio.
Con el hidrógeno verde, Marruecos gana una herramienta extra para salvaguardar sus intereses estratégicos. Por un lado, perjudica a Argelia, anclada en los hidrocarburos y en planes menos atractivos para Europa. Por otro, gana fuerza negociadora frente a España, otro gran interesado en el hidrógeno verde, en cuestiones como el Sáhara Occidental o Ceuta y Melilla. Sumado a sus otros planes para convertirse en el hub energético regional, Marruecos ha apostado por una de las estrategias energéticas más completas del norte de África.
Transición energética para ganar poder
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