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Marruecos ha decidido mirar al hidrógeno verde para convertirse en una potencia regional. Ya ha puesto en marcha su primera planta de desarrollo de hidrógeno con energía solar y se proyecta como uno de los futuros grandes productores. Estos planes y su proximidad a Europa, inmersa en la transición energética, ya le han puesto en el punto de mira. Pese a las dificultades técnicas que plantea el hidrógeno, Rabat va camino de consolidarse como un socio preferente de la Unión Europea, atrayendo inversión y firmando acuerdos para conectarse al futuro mercado europeo del hidrógeno limpio.
Con el hidrógeno verde, Marruecos gana una herramienta extra para salvaguardar sus intereses estratégicos. Por un lado, perjudica a Argelia, anclada en los hidrocarburos y en planes menos atractivos para Europa. Por otro, gana fuerza negociadora frente a España, otro gran interesado en el hidrógeno verde, en cuestiones como el Sáhara Occidental o Ceuta y Melilla. Sumado a sus otros planes para convertirse en el hub energético regional, Marruecos ha apostado por una de las estrategias energéticas más completas del norte de África.
Transición energética para ganar poder
Marruecos ha hecho una apuesta por las energías renovables. Un informe del ICEX prevé que duplique su capacidad renovable en el periodo 2021-2026. El pilar de esta estrategia es la energía solar, ya que el país cuenta con 3.000 horas de sol al año. De hecho, ha construido la planta de energía termosolar más grande del mundo, la de Noor Ouarzazate. Con estas capacidades, el siguiente paso lógico era apostar por el hidrógeno verde, que se produce con energía renovable. Más aún considerando las inversiones millonarias de la Unión Europea en esta fuente de energía con su estrategia de transición verde RePowerEU o Estados Unidos con su “objetivo 111” para abaratar el hidrógeno. En la carrera por la descarbonización, a Rabat le interesa apostar por el hidrógeno para atraer inversión y ganar influencia geopolítica.
Aunque es una tecnología todavía en desarrollo, Marruecos se postula como uno de los principales desarrolladores de esta energía en el futuro. Según un informe de la Comisión Europea, podría alcanzar los 160 teravatios en 2050, superando la producción de España en un 30% para ese mismo año. Esto ya le sitúa como un exportador muy atractivo para la Unión, que podría llegar a suplir más del 5% de su demanda con hidrógeno verde marroquí. Prueba de este atractivo son las inversiones de empresas europeas en distintos proyectos y el acuerdo de colaboración entre Alemania y Marruecos para desarrollar hidrógeno verde.
Hidrógeno verde: una nueva herramienta geopolítica
El hidrógeno verde marroquí beneficia a la estrategia europea de transición energética, pero también otorga más peso geopolítico a Marruecos. La aprobación del proyecto H2Med es paradigmático. Este cable submarino trasladará hidrógeno desde la península ibérica al resto de Europa a través de Francia, terminando con años de reticencias de París a acabar con el aislamiento energético de España y Portugal. Marruecos podría sumarse a esa infraestructura a través de hidroductos que la conecten con la península. De hecho, España ya ha firmado acuerdos con el país norteafricano e Italia en ese sentido.
Por un lado, esto permite al reino alauí competir con Argelia, su gran rival regional. Argelia es un exportador clave de hidrocarburos como el gas a Europa, pero no tiene un plan ni una apuesta clara por las renovables. Esto supone una desventaja competitiva frente a su vecino. Prueba de ello es que el Medgaz, el gasoducto que conecta Argelia y España, al final no se usará para exportar o importar hidrógeno como estaba previsto el año pasado. España ha priorizado las relaciones con Marruecos, algo que ya evidenciaba su cambio de postura a favor del plan marroquí para el Sáhara Occidental en 2022.
Pero España puede no salir beneficiada de estas relaciones con Marruecos. Aunque apostar por esa conexión supone una oportunidad, también puede implicar acabar cediendo ante un competidor. La proximidad de Marruecos permite sortear a la península ibérica, ya sea por hidroductos a otras zonas del continente o mediante el transporte marítimo de amoniaco u otros compuestos de los que se extrae el hidrógeno. Es una opción atractiva para Francia, siempre reacia a ceder capacidades energéticas a la península. Marruecos ganaría una baza negociadora frente a España, que se suma a otras como la gestión migratoria. Si Madrid ya cedió con el Sáhara aparentemente a cambio de nada, una dependencia energética futura puede hacerle ceder en otras cuestiones clave como la soberanía de Ceuta y Melilla.
Marruecos: el futuro nodo energético del norte de África
La apuesta de Marruecos por las renovables no implica abandonar el gas o el petróleo. Su objetivo es convertirse en un hub diversificado: exportador de energía verde propia y lugar de paso de hidrocarburos procedentes de sus vecinos africanos. Mientras desarrolla plantas solares y de producción de hidrógeno, Marruecos también ha acordado con Nigeria construir un gasoducto que transporte las abundantes reservas nigerianas hacia Europa. En un contexto de incertidumbre energética derivada de la guerra de Ucrania, Europa no va a negarse al gas, que ya entiende como energía de transición mientras afianza las renovables.
Esta estrategia beneficia a Marruecos por dos razones. La primera es el tiempo: marroquíes y europeos saben que las renovables y el hidrógeno verde no suplirán la demanda energética a corto plazo. El hidrógeno, en concreto, aún no es rentable: las dificultades técnicas para producirlo lo convierten en una apuesta a futuro. Poder exportar gas permite competir en el presente mientras se desarrollan fuentes alternativas. La segunda es el recorrido del gasoducto, que sale de Nigeria hacia el mar hasta llegar a las costas marroquíes. Aunque es un proyecto complejo, permite sortear el Sahel, una región tensionada por conflictos internos y terrorismo yihadista. Eso mismo le da ventaja a Marruecos frente al proyecto de Argelia, que tiene un acuerdo para construir un gasoducto desde Níger. El reciente golpe de Estado en este país, con el riesgo de una guerra inminente en la región, termina de restarle atractivo.
Combinando proyectos de gas regional, las renovables y el hidrógeno verde, Marruecos presenta una de las estrategias energéticas más redondas a futuro. Pese a que deberá sortear dificultades como la escasez de agua para producir hidrógeno o la necesidad de atraer inversión, el país se postula como el principal hub energético del norte de África. Un paso más en su camino a convertirse en la mayor potencia de la región y un socio necesario para Europa.