¿Qué es el colchón de intereses entre España y Marruecos?

El colchón de intereses es la estrategia de España para sostener la relación con Marruecos a base de una serie de intereses económicos y políticos comunes. Sin embargo, no ha evitado las crisis por las reclamaciones territoriales de Rabat
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¿Qué es el colchón de intereses entre España y Marruecos?
Fuente: Wikimedia Commons

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El colchón de intereses es una estrategia de la política exterior española para tejer una red de intereses compartidos que sostenga la relación con Marruecos. Funciona de manera que el interés por la colaboración económica, de seguridad y migratoria aumentan el coste político y económico de la confrontación, creando un colchón amortiguador. Así, la interdependencia debería servir para mitigar las crisis bilaterales.

Sin embargo, este colchón de intereses mutuos no ha funcionado del todo. Por un lado, las relaciones bilaterales son clave para ambos Estados. El problema más urgente es el control de la inmigración irregular que intenta llegar a Europa a través de Gibraltar, Ceuta y Melilla. Por otro lado, la base de la desestabilización es el afán expansionista de Marruecos, que adopta una actitud desafiante hacia España y a menudo permite o facilita el paso de inmigrantes como forma de castigo o presión.

Colchón de intereses económicos y políticos

La estrategia del colchón de intereses surgió en los años noventa bajo la idea de que una red de lazos económicos ayudaría a disuadir las crisis. En 1991 también se firmó el Tratado de amistad, cooperación y buena vecindad, base de las relaciones bilaterales. En 2013, durante la crisis económica, se formaron fuertes vínculos en materia de inversión. Actualmente España es el primer proveedor y cliente comercial de Marruecos, mientras que Rabat supone solo el 3% de las exportaciones españolas.

Hoy en día el colchón de intereses entre España y Marruecos es económico y político. Se han firmado numerosos convenios sobre el control del tráfico ilegal de personas y la lucha antiterrorista, el último en 2019. Estos se complementan con la entrega de ayudas millonarias a Marruecos para frenar la inmigración irregular. Otros motivos de acercamiento son la diáspora marroquí en España, la comunidad extranjera más numerosa del país o la buena relación entre los reyes Felipe VI y Mohammed VI. Por si fuera poco, es tradición que la primera visita oficial de cada nuevo presidente de Gobierno español sea a Marruecos. Así se busca estrechar lazos que pongan fin a la naturaleza cambiante de las relaciones bilaterales.

Reclamaciones y chantajes de Marruecos a España

Con todo, el colchón de intereses entre España y Marruecos no ha evitado las crisis por las reclamaciones territoriales de Rabat. Las relaciones siempre han estado marcadas por tensión y cooperación sucesivas. Lo que frustra la estabilidad es el objetivo irredentista del “Gran Marruecos”, los territorios que Rabat reivindica como suyos: el Sáhara Occidental, Ceuta, Melilla y los islotes españoles del estrecho de Gibraltar. Las fricciones surgen también por la proximidad geográfica y la presencia territorial de España en el norte de África, la desigualdad en la frontera entre Marruecos y España y la rivalidad Marruecos-Argelia, que afecta a las relaciones bilaterales.

Rabat lleva años utilizando estrategias que, sin llegar a usar la violencia, consiguen que España ceda a sus demandas. Dado que España tiene el apoyo de la Unión Europea y la OTAN, Marruecos no puede optar a una agresión directa, pero sí puede ejercer presión. Un ejemplo fue la asfixia económica a Ceuta y Melilla cuando bloqueó la importación de mercancías provenientes de ambas ciudades autónomas en 2018 y 2019. Igual que otros países, Marruecos también usa la migración como arma para desestabilizar a su vecino. Los flujos migratorios procedentes del África subsahariana y el control que tiene sobre la frontera le permiten orquestar crisis migratorias como la de Ceuta en 2021, chantajear y obtener concesiones.

De la crisis a la reconciliación

La relación España-Marruecos vivió en 2021 uno de sus episodios más bajos. La acogida en un hospital en España al líder del movimiento de liberación saharaui, Brahim Gali, desencadenó una crisis diplomática. Marruecos sacó de España a su embajadora y castigó a Madrid con una oleada de migrantes en Ceuta, y el Gobierno español sustituyó a la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Las relaciones se reanudaron cuando España pasó en marzo de 2022 de la neutralidad a apoyar el plan marroquí sobre el Sahara Occidental, y escenificaron la nueva etapa del colchón de intereses al propiciar en junio la masacre de migrantes en Melilla.

Carlota García

Gijón, 1998. Graduada en Estudios Internacionales y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos. Interesada en el análisis de conflictos, geopolítica, seguridad y las relaciones internacionales.