Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas de algo más de 80.000 habitantes cada una, dos urbes de tamaño medio como otras tantas que salpican el país, salvo por una cuestión: su posición geográfica. Ceuta y Melilla se encuentran en el mapa sobre el continente africano, a unos 17 kilómetros la primera y a 150 la segunda del territorio peninsular español y haciendo frontera con Marruecos, la única de la Unión Europea con un país africano.
Y es aquí donde radica su importancia. Ceuta y Melilla se encuentran en África, y son la puerta a Europa para una parte considerable de los flujos de migración irregular que atraviesan el continente rumbo al norte. A su vez, su posición geográfica ha entrado en conflicto con el irredentismo marroquí, que las reclama como suyas y presiona a España por su soberanía.
Las ciudades llevan vinculadas a la Península ibérica desde la Edad Media. Primero, de forma intermitentemente, a Al Ándalus, al Califato de Córdoba, a los reinos de taifas o al Reino nazarí de Granada. Después serían conquistadas por los reinos de Portugal (Ceuta, 1415) y Castilla (Melilla, 1497), y de ahí pasarían a formar parte de España hasta la actualidad. Estas conquistas se enmarcaron dentro del proceso de expansión hacia el sur -ahora llamado Reconquista- de los reinos cristianos sobre los musulmanes, que buscaban a su vez plazas fuertes desde las que luchar contra la piratería magrebí y el control de las rutas comerciales, proceso del que también formaron parte Orán, Argel, Túnez o Trípoli.
Sin embargo, el proceso de expansión por África quedó interrumpido por el desvío de recursos a la conquista de América. Ceuta y Melilla quedaron como pequeñas fortalezas españolas en el mapa del norte de África hasta 1860, cuando se firmó el Tratado de Wad-Ras y la posterior autorización para la instalación de personas libres (1864), que coincidiendo con el periodo colonial en el norte de Marruecos hicieron prosperar ambas ciudades.
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