Las ciudades españolas de Ceuta y Melilla son los únicos territorios no insulares de la Unión Europea en África. Albergan las principales fronteras terrestres entre España y Marruecos, las más protegidas de Europa y entre las más desiguales del mundo en términos económicos. Ceuta y Melilla se convirtieron en frontera comunitaria cuando España se incorporó a la Unión Europea en 1986 y, especialmente, al espacio Schengen en 1991, un régimen que permite la libre circulación de ciudadanos de los países miembros por sus territorios gracias a la abolición de controles fronterizos internos.
La entrada de España en Schengen reconfiguró la frontera hispano-marroquí, afectando al tránsito de personas y mercancías. Bajo la justificación de la seguridad y el control de la migración y el tráfico ilícito, la UE fue blindando la frontera y, desde entonces, la mayoría de los ciudadanos marroquíes necesitan un visado Schengen para cruzar a las ciudades españolas. Sin embargo, se permite el acceso libre a los marroquíes de las ciudades colindantes de Nador y Tetuán, lo que ha facilitado el contrabando entre ambos lados. Marruecos, que no reconoce la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, lleva años queriendo poner fin a esta práctica, y la pandemia le ha dado el empujón definitivo.
El contrabando, crucial en la economía de la zona
El contrabando desde Ceuta y Melilla a Marruecos era, al menos hasta hace poco, una actividad tolerada por los dos países. No en vano el llamado “comercio atípico” tiene un impacto económico positivo para ambos. Hay pocas estimaciones sobre el valor de los intercambios para España, pero la Plataforma de Empresarios de Melilla asegura que el contrabando es el “principal motor de la economía” en ambas ciudades autónomas. Se calcula que su cuantía asciende anualmente a 700 millones de euros en Ceuta y 450 en Melilla. Además, crea puestos de trabajo para los comerciantes de las ciudades españolas.
Del lado marroquí, la Cámara de Comercio Americana de Casablanca calculó que el contrabando generaba en la década pasada alrededor de 40.000 puestos de trabajo y que de él vivían cerca de 400.000 marroquíes. Cada día entre 12.000 y 15.000 mujeres marroquíes, las “porteadoras”, cruzaban a Ceuta y entre 3.000 y 5.000 a Melilla para recoger los productos españoles que luego transportaban a Marruecos para su venta. No es la única ventaja: el semanario Al Ayam de Casablanca estimó que los agentes aduaneros y policías marroquíes ingresaban alrededor de noventa millones de euros anuales en propinas por hacer la vista gorda. Con todo, para Marruecos los beneficios eran más políticos que económicos: el contrabando era una importante fuente de empleo, lo que ayudaba a evitar revueltas en el norte del país.
Sin embargo, esta actividad empezó a suponer un problema económico para Marruecos: su protagonismo impedía la aparición de un tejido productivo autóctono en el norte del país. Además, las reducciones fiscales de Ceuta y Melilla hacían que fuera más barato adquirir productos españoles que comprarlos en Marruecos. Las ciudades autónomas carecen de un impuesto sobre el valor añadido (IVA); en su lugar existe un impuesto sobre producción, servicios e importación (IPSI) inferior al IVA marroquí.
Por ese motivo, y probablemente también por sus ambiciones territoriales sobre Ceuta y Melilla, Marruecos le declaró la guerra al contrabando en 2018 y empezó a restringir el paso de mercancías desde las ciudades españolas, con vetos a la entrada de, entre otros, ropa y productos alimentarios como almendras o lácteos. Marruecos también clausuró la aduana comercial con Melilla —la única aduana terrestre entre ambos países, puesto que Ceuta carece de una— en agosto de 2018 y cerró la frontera de Ceuta al contrabando en octubre de 2019.
Y entonces llegó la pandemia
Marruecos solo tenía seis casos confirmados de covid-19 cuando decretó el cierre de los pasos con Ceuta y Melilla el 13 de marzo de 2020. Está siendo, de hecho, uno de los países más estrictos a la hora de gestionar sus fronteras en este nuevo contexto sanitario: más de un año después siguen cerradas y no parece que vayan a abrir pronto.
Incluso cuando muchos países relajaron las medidas en el verano de 2020, el Gobierno marroquí mantuvo las fronteras terrestres cerradas, lo que obligó a cancelar la operación Paso del Estrecho, en la que cada año millones de ciudadanos magrebíes residentes en Europa cruzan en ferry a África para visitar sus países de origen. Marruecos solo ha permitido repatriaciones o “pasillos humanitarios” puntuales para que los marroquíes atrapados en Ceuta y Melilla pudieran regresar.
En consecuencia, los pasos fronterizos han permanecido vacíos desde el inicio de la pandemia. Con el cierre, miles de porteadores marroquíes y personas que vivían del contrabando se han quedado sin ingresos. Y no solo ellos: también los trabajadores domésticos, obreros y, en general, los ciudadanos marroquíes con puestos de trabajo en Ceuta y Melilla.
A pesar de todo, un informe del Consejo Económico, Social y Medioambiental —un órgano asesor del Gobierno marroquí— argumentaba en noviembre que el cierre de las fronteras con Ceuta y Melilla era una medida efectiva a corto plazo pero que no pondría fin al contrabando. Para ello, según el informe, es necesario abordar las causas de raíz, especialmente el bajo desarrollo socioeconómico de las regiones marroquíes que rodean a las ciudades españolas.
¿Asfixia Marruecos a las ciudades españolas?
La pandemia ha acabado de convencer a Marruecos de la necesidad de desarrollar su región norte para ofrecer alternativas a quienes vivían del contrabando y otras actividades transfronterizas. El Gobierno empezó a dar pasos en esa línea ya en 2020. En Castillejos, colindante con Ceuta, se está construyendo una zona franca industrial y comercial para apoyar al cercano puerto de Tánger Med, uno de los más importantes del Mediterráneo. Marruecos también está construyendo un nuevo puerto en la ciudad de Nador, junto a Melilla, y ha iniciado las obras de una gran zona comercial en la ciudad de Rincón, a veinticinco kilómetros de Ceuta.
Más recientemente, en 2021, se están impulsando contratos laborales para las personas que dependían de la actividad económica de la frontera. Es el caso de 650 mujeres de la provincia de Tetuán que han empezado a trabajar en reciclaje textil. En la provincia de Nador, las autoridades destinaron ocho millones de dirhams (algo más de 900.000 euros) a la creación de cooperativas lideradas por mujeres que antes se dedicaban al contrabando. Además, se han establecido dos unidades industriales en Beni Enzar, junto a Melilla, dedicadas a los sectores alimentario y textil.
Con todo, aún hay muchas personas en el norte de Marruecos en una situación económica complicada. Por ello, durante cuatro viernes consecutivos a principios de 2021, miles de vecinos de Castillejos se manifestaron para pedir la reapertura de la frontera con Ceuta. Se trata de personas que se dedicaban al contrabando, pero también de taxistas, empleadas domésticas y de otras personas que cruzaban la frontera diariamente.
En España, la entidad más crítica con la situación es la Confederación de Empresarios de Melilla, que ha denunciado la “asfixia económica” a la que Marruecos somete a las dos ciudades y ha criticado la “falta de respuesta” del Gobierno español. Esta organización anunció en abril de 2021 que recurrirá al Consejo de Europa para que “obligue a Marruecos a desbloquear las importaciones”. A nivel político, los presidentes de Ceuta y Melilla se reunieron en 2020 para consensuar una estrategia frente a Marruecos. El asunto también se debatió en el parlamento español, pero aún no se han adoptado medidas concretas a causa de los desacuerdos entre los partidos. La estrategia de Marruecos de reducir los vínculos económicos con Ceuta y Melilla tiene un doble fin: desarrollar el norte del país y presionar a España. A finales de 2020, el primer ministro marroquí, Saadeddine Othmani, defendió en una entrevista la marroquinidad de Ceuta y Melilla, lo que volvió a poner de manifiesto las ambiciones territoriales del país vecino e hizo saltar las alarmas en España. De momento, nada hace pensar que Marruecos vaya a reabrir las fronteras antes de que lo permita la situación sanitaria, y para entonces puede que haya logrado acabar con el contrabando entre ambos países.







