Un lector ha preguntado sobre las diferencias entre la zona Schengen y la Unión Europea a través de nuestro formulario de EOM Explica. ¿Es necesario estar en la zona Schengen para pertenecer a la UE? ¿Hay países que no estén en la UE y sí en Schengen?
La zona o espacio Schengen hace referencia a un grupo de países que, mediante la firma del Acuerdo de Schengen, aprueban el libre tránsito de ciudadanos entre sus territorios. Si bien este pacto solo incluye países del Viejo Continente y está, de hecho, circunscrito a la Unión Europea, no es obligatorio formar parte de una para formar parte de la otra.
Aunque el espacio Schengen es nombrado en muchas ocasiones para referirse a los países a los que se puede viajar sin necesidad de pasaporte o visado especial, sus competencias y atribuciones rebasan la libre circulación de personas. El Acuerdo de Schengen fue firmado en 1985 en un pequeño pueblo de Luxemburgo del que el tratado tomaría el nombre, y entró en vigor una década más tarde, eliminando progresivamente los países miembros. Los firmantes iniciales fueron Francia, Alemania, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, pero en la actualidad se incluyen veintiséis miembros, de los cuales veintidós pertenecen también a la UE.
Los Estados integrantes, además de acordar abolir los controles fronterizos internos, también armonizan los controles externos, de forma que los requisitos para entrar a cualquier país Schengen son los mismos, requiriendo un único visado para transitar por ellos —el conocido como visado Schengen—. Ahora bien, el Acuerdo no se limita a eso, sino que también refuerza la cooperación e integración entre diversos servicios como las redes de información, la policía —entre otras, capacita a los cuerpos de seguridad a realizar detenciones en territorio extranjero—, o los trámites judiciales —entre los que se incluyen los de extradición—.
La relación que esta zona mantiene con la Unión Europea es muy estrecha, y desde el Tratado de Ámsterdam (1990) depende de ella —si bien la incorporación a una no implica la incorporación automática a la otra—. De hecho, la UE destinó para el ejercicio de 2014 a 2020 2.760 millones de euros al control fronterizo externo de la zona Schengen. Asimismo, son instituciones como el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE los encargados de evaluar y aprobar las adhesiones a la zona Schengen.
Países como Chipre, Rumanía, Bulgaria y Croacia son miembros de la Unión pero no han accedido al espacio común debido a diversos problemas. En cuanto a Chipre, su partición de facto complica que puedan garantizar la seguridad. Rumanía y Bulgaria, por su parte, recibieron la negativa a su incorporación al acuerdo debido a la corrupción. Finalmente, Croacia estaría en el punto de mira debido a los flujos de inmigración que llegan a su territorio para alcanzar Europa. Reino Unido e Irlanda, a pesar de ser miembros de la UE, decidieron no incluirse en el espacio Schengen. Por otro lado, Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein no son países miembro de la UE pero sí de Schengen.
Se puede decir que, aunque el paso lógico al pasar a formar parte de la UE es ingresar también en el espacio Schengen, la primera implica una cesión de soberanía a una institución supranacional, con sus decisiones políticas y competencias particulares. La segunda supone una coordinación y, si bien permite hacer de Europa un continente más transitable, no promueve los mismos niveles de integración.
Para ampliar: “Breve manual de instrucciones para entender la Unión Europea”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2019



