Geopolítica Europa

Ceuta y Melilla, la excepción española

Ceuta y Melilla, la excepción española
Valla de Melilla. Fuente: Stéphane M. Grueso

Exclaves españoles en África con siglos de Historia, Ceuta y Melilla son los únicos territorios de la Unión Europea en suelo continental africano. Tras las impenetrables alambradas que protegen sus fronteras se avista un futuro incierto: las oleadas de inmigrantes irregulares, el encaje de la creciente comunidad musulmana, la discutida viabilidad económica y el devenir de las relaciones hispano-marroquíes son asuntos con potencial para alterar el equilibrio social y económico en su interior.

A 14 y 130 kilómetros de la península ibérica, respectivamente, Ceuta y Melilla son exclaves españoles bordeados por el Mediterráneo y Marruecos. Únicos territorios no insulares en el continente africano pertenecientes a la Unión Europea, sus controvertidas vallas se han convertido en el paradigma de la seguridad fronteriza: sus fronteras se consideran las más protegidas de Europa.

Si bien son los intentos colectivos por saltar sus fortalezas metálicas los que suelen atraer con frecuencia la atención de los medios internacionales, en su interior estas ciudades autónomas presentan una realidad tan particular como inquietante. Su singularidad geográfica ha favorecido la constitución de un carácter excepcional en los ámbitos político, militar, jurídico, fiscal, económico, institucional y social, lo que ha propiciado un complejo equilibrio con el que se ha tratado de preservar la viabilidad en todos ellos.

No obstante, este equilibrio se presume cada vez más frágil ante las tendencias que marcan el presente: la segurización de sus fronteras hasta traspasar los límites de la legalidad internacional, la debilidad de una economía dependiente del contrabando, el creciente peso demográfico de la comunidad musulmana, la precariedad y marginación de una parte de su población o la radicalización islamista son desafíos susceptibles de alterar la realidad en ambos exclaves en los próximos años.

¿Por qué no se consideran colonias?

Dependientes económicamente y carentes del peso estratégico del que otrora disfrutaron, Ceuta y Melilla siguen poseyendo buena parte de su prestigio histórico y simbólico, particularmente entre las filas del ejército español, sin cuya presencia no se entiende su Historia. Es por ello por lo que la soberanía de ambas ciudades es un asunto innegociable para Madrid, que las considera parte de su integridad territorial, al igual que las islas Canarias y otras plazas menores que aún conserva frente a las costas marroquíes: las islas Chafarinas y Alhucemas y el peñón de Vélez de la Gomera.

Plazas de soberanía de España. El estatus del islote Perejil es incierto; en cuanto a la isla de Alborán, forma parte del término municipal de la ciudad andaluza de Almería. Fuente: Wikimedia

Ceuta y Melilla —de 19 y 12 km², respectivamente— pertenecen a España desde el siglo XVII en el primer caso y el siglo XV en el segundo. La primera fue conquistada por Portugal en 1415 para convertirse en parte de la Unión Ibérica con España en 1580. Al término de esta, en 1640, permaneció bajo el dominio español y así ha seguido hasta nuestros días. Por su parte, Melilla fue conquistada por Castilla en 1497. Las razones que motivaron la adquisición de estas dos plazas mayores al sur del Mediterráneo tuvieron que ver con la influencia marítima en el estratégico estrecho de Gibraltar y el refuerzo de la seguridad marítima ante la incisiva piratería. Desde entonces, Ceuta y Melilla vivieron prácticamente de espaldas al resto del continente africano y estuvieron habitadas principalmente por militares y presidiarios desterrados fuera de los confines de la Península. Esta tendencia se mantuvo en buena medida hasta el último tercio del siglo XIX, cuando ambas ciudades adquirieron el estatus de puerto franco, lo que favoreció el comercio, y se derogó la prohibición de residencia a ciudadanos de origen magrebí.

Para ampliar: “La piratería en el sudeste asiático”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2017

En los tiempos del protectorado español en el norte de África (1912-1956), estas dos ciudades quedaron excluidas y siguieron su vinculación con la Península, por lo que a su conclusión España no cedió su soberanía al recién independizado Estado de Marruecos. Tras la dictadura de Franco —que se hizo con el poder tras una guerra civil  que tuvo como punto de partida la sublevación militar iniciada en Melilla—, ambas ciudades quedaron configuradas como municipios andaluces. No obstante, se les reservó el derecho de convertirse en entidades autónomas cuando así lo decidiesen sus Ayuntamientos. Por ello, desde 1995 tienen el estatus de “ciudades autónomas”, una suerte de híbrido jurídico cuyas competencias son muy inferiores a las de una comunidad autónoma —por ejemplo, no tienen capacidad legislativa ni la gestión de la sanidad o la educación—, pero mayores que las de un municipio.

Por su parte, el reino de Marruecos ha reivindicado desde su independencia como Estado la marroquinidad de estas ciudades, inspirado por la tesis irredentista del Gran Marruecos, que cobró fuerza durante los años sesenta y setenta. Incluso solicitó formalmente a la ONU su devolución con ocasión de la adquisición del estatus de ciudades autónomas. Sin embargo, la posición de España ha sido inamovible y ha estado respaldada por el Derecho internacional: Naciones Unidas no ha incluido estos enclaves africanos en la lista de territorios pendientes de descolonización, puesto que ambas plazas han sido españolas de manera ininterrumpida desde siglos antes de que Marruecos existiera como entidad política e incluso antes de que se estableciera la actual dinastía alauí en 1631.

Una de las claves en la política exterior marroquí ha sido su búsqueda del Gran Marruecos.

Para los intereses españoles, este hecho constituye un espaldarazo determinante que cobra todavía mayor relevancia si se considera que tanto Gibraltar —perteneciente a Reino Unido— como el Sáhara Occidental —perteneciente de iure a España, pero ocupado por Marruecos— sí están incluidos como territorios por descolonizar. Esta comparación no es baladí: en aras de defender su legitimidad sobre sus respectivos territorios, tanto desde Marruecos como desde Reino Unido se ha intentado trazar un paralelismo con las posesiones españolas e incluso se ha tratado de vincular la hipotética desocupación de sus territorios a la de Ceuta y Melilla.

Para ampliar: “La hermandad de los asuntos pendientes: España y las reivindicaciones territoriales de Marruecos”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2014

Las vallas de Europa

Con la adhesión de España a las Comunidades Europeas en 1986, Ceuta y Melilla se convirtieron en los únicos territorios de la posterior Unión Europea sobre suelo africano. No obstante, sus peculiaridades geográficas se han traducido en anomalías jurídicas, dado que ambas ciudades están fuera del régimen arancelario de la Unión y, aunque formalmente forman parte del espacio Schengen, este no se aplica en su totalidad, ya que se realizan controles fronterizos al salir de estos exclaves hacia el resto de España. Además, estos territorios quedan en principio fuera de la cobertura de la OTAN.

La entrada de Ceuta y Melilla a la UE primero y a Schengen después tuvo el efecto de, por un lado, acercar estas ciudades al continente europeo y ser reconocidas por Bruselas como territorios especiales, pero por otro, significativamente, conllevó un refuerzo de la seguridad de una frontera cuya impenetrabilidad ha ido aumentando hasta hoy. Actualmente existen dos vallas consecutivas en el caso de Ceuta y tres en Melilla, de hasta seis metros de altura, reforzadas con concertinasa pesar de que el actual Gobierno español se ha comprometido a retirarlas—, sofisticados sistemas de vigilancia y un nada desdeñable despliegue de personal de seguridad a ambos lados de la frontera. Marruecos, desde una de las grandes crisis de intentos masivos de saltar las vallas en 2005, también protege dos fronteras que, paradójicamente, no reconoce como legítimas.

Para ampliar: “La frontera sur de Melilla con Marruecos”, Antonio Alonso y Rodrigo Silva en El País, 2016

La segurización fronteriza ceutí y melillense resulta un ejemplo paradigmático de la llamada Fortaleza Europa, consistente en la libertad de movimiento en el interior del continente a costa de un inexpugnable control fronterizo. En Ceuta y Melilla, además, varias ONG y otras instituciones internacionales, como el Consejo de Europa, han denunciado violaciones de derechos humanos y otras prácticas en materia migratoria que van en contra de la legalidad internacional. Las devoluciones en caliente, por las que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Gobierno en 2017, siguen siendo frecuentes en unos exclaves donde resulta prácticamente imposible solicitar protección internacional. Además, los pocos que logran saltar la valla y acceder a territorio europeo son destinados a centros de acogida temporales en cuyo interior a menudo quedan hacinados y atrapados a la espera de que les otorguen la autorización para ser trasladados al territorio peninsular.

Aun así, los intentos no cesan y en ocasiones se producen de forma masiva, con varios cientos de migrantes tratando de burlar al mismo tiempo el complejo entramado de seguridad, como ocurrió en el verano de 2018. Solo en la primera mitad de ese año la cifra de inmigrantes irregulares que accedieron a Ceuta y Melilla superó los 4.000, si bien solo una mínima parte de los que intentan saltar logra acceder a los exclaves europeos.

Solamente el 10% de los intentos de entrada irregular a España a través de Ceuta y Melilla tuvieron éxito. Fuente: Ministerio del Interior de España

Bazas geopolíticas en las relaciones hispano-marroquíes

Otra de las peculiaridades que guardan estos dos exclaves españoles es que son escollos diplomáticos en las relaciones entre España y Marruecos, dos países que se necesitan mutuamente en los ámbitos de la seguridad y el control de la inmigración —en el caso de España— y en el económico —en el caso de Marruecos—. A pesar de que la cordialidad suele imperar ante las discrepancias, Ceuta y Melilla acostumbran a ser dos piezas que el reino alauí arroja sobre el tablero de la diplomacia bilateral siempre que la partida atraviesa una situación delicada para sus intereses.

La reivindicación de su soberanía por parte de Rabat suele mantener un perfil bajo, pero es susceptible de adquirir dimensiones más relevantes y ser el motivo central de contenciosos diplomáticos, como sucedió en la década de los 2000. A inicios de siglo, el Gobierno español de José María Aznar se mostró más proclive al derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental y más crítico con la gestión de la inmigración de su vecino del sur, al que tanto España como la UE utilizan como barrera de contención de la inmigración subsahariana. El resultado fue la mayor crisis diplomática bilateral desde que Mohamed VI llegara al trono en 1999. La retirada del embajador marroquí de Madrid; la ocupación por varios gendarmes marroquíes de la isla Perejil, frente a las cosas norafricanas —que motivó la intervención del Ejército español—, y la denuncia de la ocupación española de Ceuta y Melilla por parte del rey alauí se sucedieron en los siguientes meses.

Para ampliar: “España y Marruecos, una relación envenenada que no interesa romper”, Carmen Campos en RTVE, 2010

A pesar de que la cordialidad se reinstauró a partir de 2004 con la llegada del nuevo Gobierno socialista a Madrid, la primera y única visita en 2007 de los entonces reyes de España a Ceuta y Melilla —que además coincidió con el aniversario de la Marcha Verde, mediante la que Marruecos ocupó el Sáhara Occidental en 1975— volvió a desatar el agravio marroquí. Su Gobierno volvió a llamar a consultas a su embajador en España y el rey marroquí volvió a reivindicar, por última vez hasta la actualidad, la soberanía sobre las dos ciudades. Desde entonces, ni el rey emérito español ni su sucesor han vuelto a pisar los enclaves norafricanos; de hecho, son las únicas autonomías españolas que Felipe VI no ha visitado desde su coronación en 2014.

Una transición problemática

Tras los rifirrafes, la cuestión que subyace es la interdependencia no solo entre ambos países, sino entre los exclaves españoles y las regiones marroquíes contiguas. El negocio del contrabando —llamado eufemísticamente por España “comercio atípico”— es uno de los principales sustentos económicos tanto de los exclaves como de las deprimidas regiones marroquíes limítrofes, particularmente en el caso de Melilla. A pesar de su carácter ilícito, esta actividad es tolerada e incluso fomentada por las autoridades de ambos países. De hecho, a los ciudadanos nacidos en las provincias marroquíes de Nador y Tetuán no se les requiere visado para entrar en los exclaves españoles. Además, se ve favorecido tanto por privilegios fiscales —por ejemplo, existe un tributo distinto al impuesto sobre el valor añadido presente en la Península— como arancelarios —son puertos francos que no forman parte de la Unión aduanera—. Aunque no hay datos oficiales, se calcula que esta actividad genera más de mil millones de euros anuales.

Tradicionalmente, el día a día en la frontera ha estado marcado por las colas de miles de porteadores marroquíes, mayoritariamente mujeres, que cargan con bultos con productos de todo tipo para introducirlos irregularmente y revenderlos en su país. En ocasiones, este proceso, de flagrante precariedad, ha generado tumultos que se han saldado con víctimas mortales. Hasta que se limitó la entrada a 4.000 porteadores al día en Ceuta, decenas de miles solían transitarla diariamente; en Melilla, hasta 30.000. No obstante, la realidad ha cambiado drásticamente en el caso melillense: en agosto de 2018 el Gobierno marroquí decidió unilateralmente cerrar la aduana comercial establecida en 1956 de mutuo acuerdo —a diferencia de en Ceuta, donde Marruecos no ha reconocido aduana alguna—. En consecuencia, se ha producido una interrupción súbita tanto del comercio legal como del atípico con la ciudad española, una maniobra con la que el reino alauí espera favorecer su proyecto comercial en el puerto de Nador. La medida, lógicamente, ha perjudicado a comerciantes a un lado y a otro de la frontera, con consecuencias nefastas para la economía del exclave español.

La decisión marroquí ha servido para poner de manifiesto la vulnerabilidad de la economía melillense y ha reabierto el debate sobre la viabilidad socioeconómica de los exclaves, cimentada, además de en el comercio, en los subsidios estatales y las exenciones fiscales. Ceuta y Melilla son las autonomías españolas con mayor índice de desempleo —con un 30% y 24% en 2018, respectivamente, también están entre las últimas posiciones en la UE— y más de la mitad de los que trabajan son empleados públicos. Si solo tuviésemos en cuenta el desempleo juvenil, la cifra sobrepasa el 60% en Melilla y el 50% en Ceuta. Ante las desalentadoras perspectivas económicas que acarrea un previsible futuro sin contrabando, una de las alternativas que está cobrando mayor vigor es la atracción de empresas de base tecnológica y servicios en línea, entre las que se incluyen aquellas dedicadas al controvertido juego online. En el caso de Melilla, su Gobierno ya ha aprobado una drástica reducción impositiva a su actividad, del 25% al 0,5%, que se suma al 50% de bonificación existente para ambos exclaves en los impuestos de la renta, sociedades y seguridad social. En definitiva, la deriva parece avanzar hacia el modelo de Gibraltar, lo que implicaría tener que competir con el istmo, considerado un paraíso fiscal.

Ceuta y Melilla son las autonomías españolas que menos vieron aumentar su PIB en 2017. Fuente: La Información

Pero no solo la economía presenta un futuro incierto. La convivencia social y la estabilidad política pueden alterarse sustancialmente en las próximas décadas debido al creciente peso demográfico de la población musulmana. De hecho, ya es mayoría en Melilla y se aproxima paulatinamente a la mitad en Ceuta. La inmensa mayoría de estos musulmanes son españoles de origen o ascendencia marroquí, favorecidos en buena medida por la concesión de la nacionalidad a los residentes marroquíes en los exclaves en 1986. Ambos porcentajes tenderán a incrementarse en el futuro, puesto que este sector de la sociedad es el motor de crecimiento poblacional de estas autonomías, que cuentan con las mayores tasas de población joven, natalidad, nupcialidad y crecimiento vegetativo de toda España. El incremento de la población, además, no tiene demasiada cabida en la limitada economía local, lo cual es un desafío para la sostenibilidad y la estabilidad de las ciudades autónomas.

Junto a ello, también es de esperar que la población de origen marroquí incremente su hasta ahora marginal peso político en detrimento de sus conciudadanos de origen peninsular, que contemplan el avance con cierto recelo. Entre ambas comunidades, el patrón hasta el momento ha sido de coexistencia más que de convivencia, con una marcada segregación espacial y social, como muestran los escasos matrimonios mixtos y los peores indicadores en los ámbitos socioeconómicos por parte de los musulmanes: la mayoría reside en barrios más marginales, sufre unos mayores fracaso escolar y mayor desempleo y ocupa puestos más precarios. Esta situación se agrava entre los más jóvenes, lo que ha propiciado la gestación de un sentimiento de desafección que constituye un caldo de cultivo idóneo para su radicalización violenta. No en vano, Ceuta y Melilla han sido las ciudades donde se han detectado más incidentes de actividad yihadista en España en los últimos años.

En definitiva, las tendencias actuales nos permiten presagiar un cambio en la identidad política, económica y social de estas ciudades autónomas a medio y largo plazo. Los próximos lustros seguramente serán cruciales en su devenir. En manos de los dirigentes en Ceuta, Melilla y Madrid estará la responsabilidad de hacer apacible esta previsible transición. Al igual que ya se buscan modelos económicos alternativos, también se ha de incidir en modelos de convivencia más efectivos que promuevan la disminución de una doble brecha social, política y económica: la que arraiga tanto entre sus ciudadanos como entre estas autonomías y el resto de España.

4 comentarios

  1. Sr. Pablo Moral, en vista de que usted nos ha puesto fecha de caducidad como exclave española le agradecería que, en virtud del extenso estudio que ha realizado y que considero bien fundamentado, nos informe de qué considera usted como medio o largo plazo, entre otras cosas para que los residentes en esta nuestra tierra podamos dejar nuestras familias, trabajos y, en definitiva, nuestras vidas, con cierta antelación para no ser engullidos por el reino alauí que desgraciadamente y hoy en día no podemos considerar como opción de cambio.
    Hablamos de 522 años de soberanía española a los que, según usted, podremos sumarle pocos más debido al crecimiento de una parte de la población que, si bien usted dice es española de origen, parece mas interesada en un cambio de soberanía. Le invitaría a analizar la situación desde dentro y dejar datos económicos y demográfico para centrarse en los mas importante, las personas, de manera que si tiene la oportunidad podrá conocer la realidad de nuestro día a día, en el que el clima de convivencia pocas veces se ve alterado y la población islámica está perfectamente integrada en nuestros escasos 13 kilómetros cuadrados, concentrándose en la periferia la población más deprimida económicamente algo que ocurre en la mayor parte de las ciudades en sociedades avanzadas, población inmigrante en el extrarradio. Es por ello que, tal y como relata, nuestros dirigentes deberian centrar sus esfuerzos, más que en la transición que para los que estamos realmente implicados en ella no la consideramos como una opción, en la viabilidad de nuestra ciudad como un exclave perenne dentro del territorio nacional español.

    • Estimado Augusto:

      En ninguna parte del artículo se le atribuye algún tipo de fecha de caducidad a Melilla. Tampoco he puesto en entredicho su continuidad como exclave español. No hay ninguna mención acerca de que Marruecos “engullirá” los enclaves. Si quiere saber mi opinión (puesto que este análisis no es un artículo de opinión) a día de hoy veo improbables todas estas conjeturas. Me parece bien que usted saque sus propias conclusiones respecto a lo leído en el artículo; para eso está. Pero por otro lado, entienda que sus acusaciones sobre cosas que no he escrito me parezcan totalmente fuera de lugar.

      En cualquier caso, para prevenir malentendidos, le explico algunos términos que quizás puedan haberle generado confusión. Cuando se habla de transición, no quiere decir que esta sea un traspaso de soberanía de un país a otro. Tampoco se refiere a ello la frase “cambio de identidad política”. Tanto en Ceuta como en Melilla, el fenómeno de la polarización del voto por comunidades se repite en cada elección. Si esta tendencia se mantiene, los partidos más afines a la comunidad musulmana ganarán un mayor peso político en la gestión de las ciudades, en detrimento de los partidos tradicionales y particularmente del PP, que prácticamente ha monopolizado las Presidencias de las ciudades desde los 90. Por tanto, el panorama político puede que sea diferente en las próximas décadas (naturalmente, con el paso de las generaciones). ¿Quiere decir eso que habrá en el futuro Gobiernos que impulsen la marroquinización de los enclaves? No necesariamente.

      Por último, permítame que me refiera a mi manía “insana” de contrastar todo con datos. Es tarea de los analistas de EOM proporcionar rigurosidad y veracidad a nuestros análisis. Por desgracia, tengo que admitirle que puedo disfrutar del día a día en Melilla. Ante la imposibilidad de hacer un estudio de campo, me corresponde utilizar otro tipo de fuentes y datos disponibles que me permitan desgranar de la manera más honesta posible la realidad melillense, más allá de percepciones personales. No digo que las suyas sean erróneas; simplemente son subjetivas y/o parciales. Así se explica que haya otros conciudadanos suyos que no compartan su opinión. De hecho, ha habido varios melillenses (además de ceutíes) que me han expresado su reconocimiento por la rigurosidad y objetividad (según estiman ellos) del artículo. En cualquier caso, me gustaría dejar claro que no se pone en cuestión la tolerancia ni la paz entre comunidades en su ciudad (reconozco que no se indaga en ello). Simplemente se pone de manifiesto que de acuerdo a los datos hay determinadas fronteras invisibles que lastran el potencial de una convivencia más efectiva.

      Un saludo y, a pesar de nuestras discrepancias, le doy las gracias por haber invertido unos minutos de su tiempo en leer el artículo.

  2. Hola Stefan, me gusta la forma en que escribes. Ahora seguiré tu blog. Quizás haya pocos lugares en el mundo, tan poco conocidos por los turistas. Hace un par de años, no asumí que en la costa de Marruecos los españoles todavía tienen hasta seis pequeños enclaves coloniales por las fuerzas de una legión extranjera. Dos de ellos, Ceuta y Melilla, son bastante accesibles al público y son extremadamente interesantes en el contexto de las poderosas fortalezas medievales y la elegante arquitectura de finales del siglo XIX. Otros cuatro enclaves para turistas están cerrados, ya que representan fortalezas tomadas por separado en la costa de Marruecos. Imagine una fortaleza junto al mar, propiedad de otro estado y cerrada con alambre de púas. ¿Suena como un absurdo? Además, Marruecos está reclamando activamente estos enclaves, lo que se convirtió en la razón de varios conflictos entre los dos países. Y, finalmente, Ceuta y Melilla tienen un estatus autónomo inusual dentro de España, lo que tiene un efecto extraño en la política de visa de estos puntos geográficos individuales. Buena suerte!

  3. Lo que seguro que no va a valer para la continuidad de la españolidad de ambas ciudades,es la inacción del Gobierno central y la no defensa de España como nación,cosa que es una repetición de lo que sucede en otras partes de España.La “inviabilidad” económica me parece un argumento que marca ya tendencia.Nadie se plantea la “inviabilidad económica” de otras tantísimas comarcas en Andalucía,Extremadura,Murcia,o Cataluña,por ejemplo.El territorio nacional es eso,sea pobre o rico,un trozo de tierra de todos los españoles.Y se tendría que remarcar esa pertenencia como primer eslabón sobre todo lo demás,sopena de que otras consideraciones de tipo económico,religioso,psicológico o social,influyan lo suficiente como para hacer contrapeso sobre el fundamento,que de hecho,en estas dos ciudades parece pesar más que en ninguna otra.
    A partir de ahí,el panorama se clarifica mucho.Para propios y extraños,una acción decidida del Estado,hace desvanecer proyectos desviados.y enmarcan las empresas futuras.
    En lo que sí podría estar de acuerdo como sesgo,es que el complejo español de defender lo propio (como hace cualquier Estado europeo o empresas como la Coca Cola,vamos) siempre que hay disidencia con otras ideologías locales que reniegan de la pertenencia,lejos de afianzarse,se encoge.Porque de alguna manera se ha instaurado la filosofía de que defender la españolidad es algo así como intolerante,en frente de aquellos que defienden cualquier otra,que por lo visto,sí lo es.
    Ceuta y Melilla tienen el problema de que además,recoge a musulmanes marroquíes-reclamando Marruecos ambas soberanía-y los nacionaliza españoles.Eso,para cualquiera que sepa un poco de la historia de Marruecos,puede suponer un peligro en el futuro.Y no se si se está teniendo en cuenta.Claro que la inmensa mayoría de esos “nuevos españoles” (los hay antiquísimos) por cuestiones económicas y sociales,prefieren ser españoles,pero no-todos-Y la religión musulmana suele ser muy convergente cuando se invoca en aras de determinados movimientos.
    Si el español medio ha decidido no tener hijos,se pueden dar facilidades económicas a otras comunidades para que allí se instauren.Económicas y sociales,tales como a los sefarditas (que quedan varios) o a otros pueblos europeos,para dividir las comunidades y no hacer solo dos bloques que puedan formar antagonismo.Cuanto mayor división etnica haya,la bandera española será puesta menos en duda.Y además,esas comunidades traerían consigo nuevos proyectos y enfoques internacionales de cómo relanzar la economía.Todo ello,bajo la premisa fundamental:que el Estado haga cumplir,por encima de todos,la Ley.Sin eso,cualquier proyecto se irá al garete.Y si el Estado no funciona,España sucumbe.