7 de noviembre de 1917

7 de noviembre de 1917: comienza la Revolución de Octubre en Rusia

La Revolución de Octubre fue la segunda fase de la Revolución rusa de 1917, que acabó con el zarismo y que llevó a los bolcheviques al poder. También propició la guerra civil entre comunistas y contrarrevolucionarios, que terminó con el nacimiento de la URSS.
7 de noviembre de 1917: comienza la Revolución de Octubre en Rusia
"Los bolcheviques" de Boris Kustodiev. Fuente: Wikimedia.

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La decisión del zar Nicolás II de participar en la Primera Guerra Mundial agravó las condiciones de vida de los pueblos del Imperio ruso. El desempleo, la inflación y las hambrunas derivadas propagaron aún más el descontento social en un régimen semifeudal. Las dos facciones del Partido Socialista Obrero, mencheviques y bolcheviques, agitaron entonces el sentimiento antizarista y antiburgués organizando huelgas y manifestaciones.

Los mencheviques abogaban por la vía democrática para gobernar a través de las instituciones existentes, mientras que los bolcheviques, liderados por Vladímir Lenin, defendían la dictadura del proletariado. Organizados en soviets —asambleas locales de obreros, campesinos y soldados—, ambos bandos fueron los protagonistas de la Revolución rusa de 1917, que tuvo lugar en dos fases.

La primera fue la Revolución de Febrero, que siguiendo el calendario gregoriano en realidad estalló el 8 de marzo, pero recibe ese nombre porque Rusia entonces aún usaba el juliano. La huelga general convocada ese día en Petrogrado, ahora San Petersburgo y entonces capital del país,  se convirtió en una rebelión comandada por el soviet de la ciudad. En vista del poder de los revolucionarios, Nicolás II abdicó y se formó un Gobierno provisional, liderado por el liberal Georgi Lvov y con el socialista moderado Aleksandr Kérenski como ministro de Guerra.

Estalla la Revolución bolchevique

La incapacidad del Gobierno provisional para responder a las demandas de los obreros y campesinos, así como la decisión de Kérenski de no retirarse de la guerra contra Alemania y sus aliados, afianzó la popularidad de los bolcheviques. En ese contexto, Lenin expuso sus Tesis de abril, en las que criticaba el carácter imperialista de la guerra y llamaba a implantar la dictadura del proletariado y nacionalizar las tierras del país, resumido en su célebre frase “¡Todo el poder para los soviets!”.

Tras meses de inestabilidad, comenzó la segunda fase: la Revolución de octubre. Aprovechando la convocatoria del Segundo Congreso de los Soviets, el 7 de noviembre de 1917 —25 de octubre según el calendario juliano— el soviet de Petrogrado se hizo con el control de instituciones gubernamentales y estratégicas, como el Tesoro, las oficinas de correos o la central eléctrica. El golpe definitivo llegó con el asalto del Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional. El mismo Lenin anunció a toda Rusia la caída del Gobierno y la victoria de los bolcheviques, y la Revolución no tardó en extenderse al resto del Imperio. 

El fin de un régimen y el nacimiento de la URSS

Con la consolidación del Gobierno bolchevique, Rusia firmó el tratado de Brest-Litovsk con Alemania para retirarse de la guerra a cambio de ceder varios territorios del Imperio. En paralelo, los contrarrevolucionarios zaristas se organizaron en el Ejército Blanco para restaurar el régimen anterior. Esto hizo temer a parte de los bolcheviques que la familia real, cautiva en Ekaterimburgo, se escapara, por lo que decidieron ejecutarlos sin juicio. Su asesinato en el sótano de la casa donde vivían el 17 de julio de 1918 marcó el final definitivo de la era zarista y dio alas a la guerra civil entre los bolcheviques, con su Ejército Rojo, y el Ejército Blanco.

En los años sucesivos, Lenin reformó el Estado ruso y transformó las nacionalidades del Imperio en repúblicas. Así, en 1922 nació la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), mismo año en que el Ejército Rojo venció a los contrarrevolucionarios tomando su última base de operaciones, la ciudad de Vladivostok. Dos años después, la URSS proclamó su primera constitución. Repudiados por sus aliados de la Primera Guerra Mundial y teniendo que reconstruir un país arrasado por la guerra, los bolcheviques tuvieron dificultades para consolidar el modelo soviético, pero la URSS se convertiría en una potencia global durante el resto del siglo XX.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

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