La política de apaciguamiento es la política diplomática de hacer concesiones a un Estado para evitar que utilice la fuerza y que un conflicto estalle o se escale. El término se asocia a la política del primer ministro británico Neville Chamberlain frente a la Alemania nazi en el periodo de entreguerras. Sin embargo, en ese caso sirvió para convencer a Adolf Hitler de la pasividad de Occidente y le permitió expandir el Tercer Reich. En los últimos años se la ha asociado a la respuesta occidental frente a las intervenciones de Rusia en el espacio postsoviético y al inicio de la guerra en Ucrania.
Chamberlain, Hitler y la Segunda Guerra Mundial
De 1933 a 1936, la política de apaciguamiento se centró en tolerar la erosión nazi del Tratado de Versalles, el acuerdo de paz al final de la Primera Guerra Mundial. Hitler, que asumió el poder en 1933, primero cuestionó la imposición del desarme alemán: ese mismo año abandonó la Conferencia de Desarme y la Sociedad de Naciones. En 1935 llevó sus ambiciones más allá y consiguió la firma del Acuerdo naval anglo-germano, que permitía a Alemania crear una flota de guerra de máximo el 35% del tamaño de la británica. Ya consolidado en el poder, el führer remilitarizó la región de Renania en 1936. El Reino Unido y la Sociedad de Naciones condenaron la acción, pero no tomaron más medidas al respecto.
Ese apaciguamiento con Alemania pasó en 1938 a las concesiones territoriales. Los nazis primero se anexionaron Austria en marzo sin apenas usar la fuerza. En septiembre Hitler reclamó los Sudetes a Checoslovaquia, amenazando con un conflicto, y los consiguió tras los Acuerdos de Múnich con Italia, Francia y el Reino Unido. Ante la pasividad de París y Londres, y convencido de que no se lo impedirían, Hitler invadió en 1939 el resto de Checoslovaquia y Polonia, y desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
La política de apaciguamiento estuvo motivada por varios factores. Primero, el miedo a repetir la atrocidad de la Gran Guerra. En segundo lugar, la percepción de que los términos de paz habían sido excesivos con Alemania. Tercero, una economía todavía dañada y la necesidad de mantener sus respectivos imperios convencieron al Reino Unido y a Francia de que no estaban preparados para enfrentarse a Alemania, más aún con el aislacionismo estadounidense. Por último, el anticomunismo y el recelo hacia la Unión Soviética impidieron una alianza que pudo haber limitado las ambiciones alemanas.
¿Política de apaciguamiento con Putin en Ucrania?
La política de apaciguamiento volvió a ganar protagonismo con las intervenciones de Rusia en el espacio postsoviético. La respuesta ante la guerra en Georgia en 2008 y la anexión de Crimea en 2014 —sanciones económicas y condenas en la ONU—, convencieron al presidente ruso de la falta de contundencia de Occidente y terminaron de propiciar la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, había pedido días antes poner fin a la política de apaciguamiento con Rusia.
Sin embargo, el contexto reciente es distinto al de entreguerras. Por un lado, Rusia tiene un arsenal nuclear con mayor capacidad disuasoria que el Ejército nazi. No obstante, las respuestas ante las invasiones rusas de Georgia y Crimea fueron más allá que las de las potencias aliadas contra Alemania. Por otro lado, Polonia estaba protegida por acuerdos que prometían la intervención aliada en caso de un ataque alemán. Ucrania, por su parte, no es miembro de la OTAN ni cuenta con tratados de defensa recíproca con países de Occidente, por lo que el apoyo ha sido armamentístico y de sanciones más contundentes contra Rusia.







