A finales de 2013, el entonces presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, abandonó las negociaciones de acercamiento a la Unión Europea en favor de Rusia. Esto indignó a gran parte de la población y desató una oleada de protestas conocidas como Euromaidán, que tumbaron el Gobierno. Sin embargo, en las regiones prorrusas de Ucrania, como Donetsk, Lugansk y Crimea, se organizaron movilizaciones contra la destitución.
La postura de Crimea se explica por sus vínculos históricos con Rusia. Las relaciones se remontan al siglo XVII, cuando el Imperio ruso conquistó la península a los otomanos. Los dos imperios volvieron a chocar en Crimea en la guerra de 1853, que se convirtió en un conflicto a escala europea. El territorio pasaría a formar parte de la URSS en el siglo XX, primero como república autónoma, luego como parte de Rusia y, desde 1953, de Ucrania.
A principios de 1991, Crimea celebró un referéndum favorable a formar parte de la URSS, pero con la disolución ese mismo año quedó como parte de Ucrania, que votaría por su propia independencia en diciembre. Para 2013, el 82% de la población de Crimea hablaba ruso en su hogar, frente al 10% que hablaban tártaro o al 2% que lo hacía en ucraniano. Ante la crisis de 2014, Rusia vio la oportunidad de recuperar Crimea y ganar un enclave estratégico.
La invasión de los hombrecillos de verde
Para lograrlo, Moscú optó por una invasión camuflada a través de soldados rusos sin distintivo, a los que se llamó “hombrecillos de verde” por su uniforme. Sin apenas resistencia, lograron hacerse con el control de la capital, Simferópol, y del cuartel y la base naval de Sebastopol. Por otro lado, el Consejo de Crimea destituyó a su primer ministro, Anatoli Maguilov, aliado de Yanukóvich, pero partidario de permanecer en Ucrania. Su sustituto fue Serguéi Aksiónov, afín al Kremlin. Sin embargo, ese nombramiento debía pasar por Kiev, se registraron votos de diputados ausentes y no permitieron que Maguilov asistiera.
Una vez en el poder, Aksiónov convocó un referéndum sobre el estatus político de Crimea: seguir siendo parte de Ucrania, aunque restaurando la Constitución de Crimea de 1992 por la que ganaban autonomía, o anexionarse a Rusia como república autónoma. Tras varios cambios de fecha, se celebró el 16 de marzo de 2014, sin incidentes violentos, pero con presencia militar rusa y casi sin observadores internacionales cualificados. Además, la población tártara, contraria a la anexión, denunció limitaciones de acceso al voto.
Finalmente, la versión oficial otorgó el 96,77% de los votos a la opción prorrusa y dos días después las autoridades de Crimea y Moscú firmaron la anexión. Ucrania rechazó un referéndum que apenas había contado con reconocimiento internacional, pero el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no pudo condenarlo por el veto de Moscú. La Unión Europea, por su parte, impuso sanciones económicas y políticas a Rusia y Crimea.
La geopolítica de una Crimea rusa
Con la anexión de Crimea, Rusia afianzó su expansionismo por el espacio postsoviético y sentó un precedente para los territorios prorrusos del Donbás en Ucrania, enzarzados en su propia guerra desde entonces. El presidente Vladímir Putin busca reconstruir el territorio del Imperio ruso para volver a ser una potencia global a la altura de la URSS.
En ese sentido, la península le permite controlar el mar Negro, bloquear el comercio marítimo de Ucrania y acceder a reservas gasísticas del fondo marino crimeo. Además, la base militar de Sebastopol, con un estatus diferenciado del resto de Crimea, pero ahora también parte de Rusia, le otorga un centro de operaciones militares sin pagar un alquiler anual a Ucrania.
Pese a que la Constitución ucraniana prohíbe la secesión, el derecho internacional solo contempla la autodeterminación para los territorios bajo control colonial y la operación militar rusa previa al referéndum, Kiev ve cada vez más lejos a Crimea. Los planes para parar la guerra del Donbás del presidente Volodímir Zelenski, elegido en 2019 en remplazo de Petró Poroshenko, no terminaban de contemplar la península. Menos aún con la invasión rusa a toda Ucrania en 2022, que tiene a Crimea como base sur desde la que lanza sus ataques.







