2 de junio de 1882

Giuseppe Garibaldi, líder de la unificación italiana

El revolucionario Giuseppe Garibaldi dedicó su vida a luchar por la libertad en Europa y América. Aunque su objetivo fue hacer de Italia una república, al final luchó por la unificación bajo el liderazgo del rey Víctor Manuel II.
Giuseppe Garibaldi, líder de la unificación italiana
Giuseppe Garibaldi en 1861. Fuente: Wikimedia Commons

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Con dieciséis años, Giuseppe Garibaldi partió por primera vez en un navío mercante, y a los veinticinco ya era capitán. Nacido en 1807 en Niza, que pertenecía al reino italiano de Piamonte, navegó por los mares Mediterráneo y Negro, donde ganó fama por sus discursos sobre la libertad. Gracias a estos viajes conoció en 1833 al grupo revolucionario la Joven Italia, creado por Giuseppe Mazzini, que defendía la reforma social y la unificación italiana en una república democrática.

Desde entonces Garibaldi se dedicó a la política, luchando en nombre de la libertad en Europa y América, hasta convertirse en un “héroe de dos mundos”. Sus mayores hazañas formaron parte del Risorgimento, un movimiento cultural y político que buscaba liberar y unificar Italia. En sus últimos años se retiró a la pequeña isla de Caprera, al noreste de Cerdeña, donde murió el 2 de junio de 1882 con 74 años. 

Entre Europa y América

Heredera de las ideas liberales de la Revolución francesa, la Joven Italia organizó en 1834 una insurrección en el Reino de Cerdeña-Piamonte, gobernado por la dinastía Saboya. Giuseppe Garibaldi, condenado a muerte por ello, huyó a Sudamérica, donde luchó durante doce años, en cambio, por causas separatistas. Allí participó en la revolución de la provincia de Río Grande del Sur contra el Imperio de Brasil y en la Guerra Grande del Río de la Plata entre federales y unitarios. Al servicio del Gobierno de Uruguay, en 1843 organizó la Legión Italiana, un batallón de exiliados políticos identificados con camisas rojas.

Tras las revueltas de 1848 en Italia que demandaban regímenes constitucionales, Garibaldi volvió a Europa. Carlos Alberto I de Cerdeña decidió entonces liderar la unidad italiana para frenar el republicanismo, e inició la primera guerra de independencia atacando las regiones de Lombardía y Véneto, que controlaba el Imperio austriaco. Sin embargo, el rey fracasó y abdicó en su hijo, Víctor Manuel II. Garibaldi participaba en el frente sur, que estableció en 1849 la República Romana en los Estados Pontificios, pero con la derrota tras la intervención de Francia en nombre del papa tuvo que huir de nuevo a América.

Giuseppe Garibaldi y su proyecto de vida: la unificación italiana

Años después, Giuseppe Garibaldi pudo volver con permiso del Gobierno piamontés y se instaló en la isla de Caprera. En 1857, con cincuenta años y problemas de salud, se unió a la segunda guerra de la independencia italiana para reunificar los territorios en el Reino de Piamonte. Al principio, el primer ministro de Víctor Manuel II, Camillo Benso, conde de Cavour, aprovechó la guerra franco-austriaca para firmar el tratado de Plombières con el emperador francés, Napoleón III. Piamonte ayudaría a Francia con la condición de quedarse con Lombardía y el Véneto, pero París acordó después con Austria contentarse con Lombardía, recién conquistada, mientras Viena conservaba el Véneto. Así, Francia entregaría Lombardía a Víctor Manuel a cambio de Niza y Saboya.

Aunque Garibaldi rechazó esta cesión, lideró en 1860 la “expedición de los mil”, por la que derrotó a los Borbones en Sicilia y después avanzó hasta Nápoles. Al mismo tiempo, Víctor Manuel II avanzaba por los Estados Pontificios hasta reducirlos a la región del Lacio, donde se reunió con Garibaldi para convencerle de que no marchase sobre Roma y le entregase el reino de las Dos Sicilias. Allí se celebró entonces un plebiscito favorable a la adhesión a Piamonte, igual que en los ducados de Módena, Parma y Toscana, impulsados por los levantamientos populares de 1860. Al año siguiente, Víctor Manuel II proclamó el Reino de Italia.

Pese a sus valores republicanos, Giuseppe Garibaldi priorizó un reino italiano unido y lo aceptó. Al poco tiempo renunció a su puesto como diputado del Parlamento por sus discrepancias con la monarquía, pero regresó durante la tercera guerra de la independencia en 1866 para ayudar a reclutar voluntarios. Junto a la alianza con Prusia contra Austria, el nuevo Reino de Italia consiguió el Véneto. En 1870 solo quedaba Roma, pero Napoleón III, que había jurado protegerla, cayó tras la guerra franco-prusiana. Así, Víctor Manuel II tenía la oportunidad de ocupar la futura capital de Italia, con la que culminó la unificación en febrero de 1871, once años antes de la muerte de Garibaldi.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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