Alemania pidió en junio recortar los presupuestos europeos para el periodo 2028-2034. En febrero, el canciller Friedrich Merz anunció en la Conferencia de Seguridad de Múnich que el país priorizaría su programa, y el ministro de Finanzas volvió a rechazar la unión fiscal. No es nada nuevo: Alemania ha sido durante décadas la locomotora de la Unión Europea, pero también su freno. Como principal potencia económica, demográfica y política, lleva décadas moldeando el continente según sus propios intereses.
Esta lógica soberanista está basada en la estabilidad presupuestaria, la competitividad y la seguridad. A su vez, se debe a factores de fondo como su historia reciente, su nacionalismo jurídico y su pragmatismo. Pero también a su actual crisis interna, una combinación de austeridad, declive energético e industrial, disparidad regional, polarización política y pérdida de la memoria histórica. Como resultado, Alemania impide responder a los grandes desafíos económicos, sociales, políticos y militares que enfrenta la UE.
El freno a la deuda… y a la integración económica
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