Hace varias semanas que se acumulan los indicios de que Rusia se prepara para lanzar algún tipo de operación militar contra Ucrania, una ofensiva que la Unión Europea trata de evitar amenazando con nuevas sanciones. Sin embargo, ello no parece desalentar a Vladímir Putin, que desde su llegada al poder en el año 2000 ha tratado de reafirmar la influencia geopolítica rusa a través de las armas.
Mientras la presencia militar rusa en Chechenia se extendió durante diez años, de 1999 al 2009, Moscú necesitó menos de dos semanas para derrotar a Georgia en 2008 o para apuntalar al régimen de Kazajistán en enero de este año. El Kremlin ha combinado estas intervenciones con campañas de bombardeos aéreos en Siria y con el despliegue de los llamados “hombrecitos verdes” en Crimea y grupos de mercenarios en varios países en África. A la espera de saber qué pasará en Ucrania, Rusia está demostrando ser un actor militar versátil y con un grado de éxito en ocasiones superior al de la OTAN.
El modelo Chechenia: destrucción y guerra psicológica
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