El Nilo es el segundo río más largo del mundo, solo por detrás del Amazonas, y ha sido un río místico y vital para la economía y sociedades humanas desde los orígenes de la civilización. La cuenca del Nilo cubre alrededor del 10% del mapa de África, se extiende por 11 países –Ruanda, Burundi, Tanzania, Kenia, Uganda, RDC, Sudán del Sur, Eritrea, Etiopía, Sudán y Egipto– y es un elemento fundamental de la geopolítica de todos ellos.
El Nilo propiamente dicho nace en Jartum, la capital de Sudán, en la confluencia del Nilo Blanco y el Nilo Azul. Es uno de los mejores ejemplos de río alóctono, cuyas aguas y régimen hídrico son propias de otras regiones –en este caso de climas tropicales húmedos–, antes de penetrar en el desierto del Sáhara. La fuente del Nilo más distante es la del río Kagera, en Burundi.
El Nilo Blanco tiene su cuenca alta en la cubeta del lago Victoria, en las tierras altas de África oriental, rodada de montañas ecuatoriales que absorben una ingente cantidad de agua que abastece el segundo mayor lago de agua dulce del mundo. Por su parte el Nilo Azul nace en las húmedas tierras altas de Etiopía, en la cuenca del lago Tana, sagrado para los ortodoxos etíopes.
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