El Sahel es una región ubicada entre el desierto del Sáhara y la zona tropical del África Subsahariana. Su mapa político cruza desde las costas atlánticas de Senegal y Mauritania hasta las aguas del mar Rojo en Eritrea y Sudán, en una suerte de franja transitoria entre el norte y el sur del continente marcada por una gran diversidad étnica e iniciativas de integración entre sus miembros, a la par que décadas de injerencia extranjera, migración y pobreza.
Este cinturón, cuyo nombre en árabe significa “la costa”, atraviesa 6.000 km desde el este al oeste africano. Se trata, por un lado, de una ecorregión que abarca distintos sistemas geográficos. Y, por otro, es una región política con gran importancia estratégica, cuya lista de miembros varía según las consideraciones que se tengan.
Geográficamente hablando, esta franja incluiría el norte de Senegal, sur de Mauritania, el norte de Burkina Faso, zonas centrales de Mali, Níger, Chad y Sudán así como el norte de Eritrea. Por su parte, para la estrategia integrada de Naciones Unidas para el Sahel (UNISS) el mapa político del Sahel contempla diez países en total: Senegal, Gambia, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Camerún, Chad, Sudán y Eritrea.
Si bien estos países comparten los mismos tipos de clima —desértico cálido en sus tierras marcadas por el Sáhara, desértico frío en la geográfica franja del Sahel y tropical en al sur de esta zona del mapa político de África—, hay grandes diferencias políticas, económicas y sociales entre ellos.
El cinturón golpista del Sahel: rebeliones, yihadismo y la sombra de Rusia
Eritrea es un país joven, independiente solo desde hace tres décadas y que vive en dictadura desde entonces. El presidente, Isaias Afewerki, y su partido, el Frente para la Democracia y la justicia del Pueblo, son la única organización política legal del país en un sistema carente de tribunales independientes, asamblea legislativa o medios de comunicación ajenos al régimen. En el extremo opuesto del Sahel, Senegal ha afianzado su democracia con las últimas elecciones manteniéndose como una de las más estables del continente. Económicamente hablando, Nigeria es una de las principales potencias del continente, además de país más poblado de África, lo que contrasta con los demás países de la región que cuentan con elevados ratios de pobreza y un bajo PIB per cápita.
Por otra parte, Mali, Burkina Faso y Níger sufren las arremetidas de grupos terroristas y están gobernados por juntas militares que accedieron al poder a través de tres golpes de Estado concentrados entre 2020 y 2023. El caso de estos tres países es solo un ejemplo de la realidad que ha vivido el Sahel en el último lustro: un panorama político marcado por la violencia. La región está catalogada como una de las más conflictivas del planeta y parte de ese nombre se explica por los once intentos de golpes de Estado desde el año 2020. Aunque no todos han sido exitosos, en casos como los de Chad y Sudán también consiguieron tumbar a sus Gobiernos.
Es esta ausencia de democracia lo que ha llevado a que varios países sahelianos hayan sido suspendidos de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao). La organización no engloba a todos los Estados del Sahel, pero sí que marca un punto de inflexión geopolítico en cuanto a asociaciones regionales. Hasta ahora, la Cedeao establecía un espacio de integración económica y política desde la costa hasta Níger y Nigeria, pero debido a encontronazos ideológicos y a la amenaza de intervención militar en Níger para revocar a la junta y restaurar el orden en el país, la unión se ha resquebrajado.
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En septiembre de 2023 Níger firmó un nuevo acuerdo con Mali y Burkina Faso creando lo que no solo ha sido una alianza militar de mutua defensa sino una nueva organización regional: la Alianza de Estados del Sahel (AES). Los tres países salieron oficialmente de la Cedeao el pasado 29 de enero de 2025 y ese mismo día pusieron en marcha un pasaporte común.
La Cedeao no ha sido la única organización que ha visto su trayectoria entorpecida por esta nueva alianza. Tan solo tres meses después de la creación de la AES, estos anunciaron su salida del G5 Sahel, desencadenando una disolución que se haría eficaz tras la retirada de Chad y Mauritania el 6 de diciembre de 2023. El G5 Sahel era un grupo intergubernamental formado hace más de una década con el objetivo de promover el desarrollo y la seguridad en Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger. Contaba desde 2017 con una fuerza operativa conjunta para luchar contra el terrorismo en la región, pero a ojos de estos Estados había sido una misión ineficaz que mermaba, además, su independencia al traer consigo injerencia extranjera.
La cuestión de la presencia extranjera, especialmente la francesa, ha sido un tema central en las dinámicas políticas de esta región en los últimos años. Lo que comenzó como una expulsión de la presencia francesa del territorio maliense en 2022 ha resultado tener un efecto dominó liderado por un sentimiento antifrancés no solo en los Gobiernos sino también en la propia población. Burkina Faso siguió sus pasos expulsando a las tropas francesas a principios de 2023, a finales de ese mismo año Níger hizo lo propio y más recientemente lo han hecho Senegal, Chad y Costa de Marfil. Esto ha significado un punto final al capítulo francés en el Sahel y prácticamente en el continente, manteniendo su presencia solo en Gabón y Yibuti.







