El Sahel es una de las regiones más conflictivas del planeta. Desde que se impulsara su descolonización en los años sesenta, los países de la zona han sido golpeados por la extrema pobreza, las disputas étnicas, la corrupción política y la influencia extranjera. Pero en los últimos tres años el caldo de cultivo que han creado estos factores y la expansión de la violencia terrorista han visto nacer un cinturón golpista que ha abierto una nueva fase de inestabilidad en la región.
Desde 2020, se han producido once intentos de golpes de Estado en ocho países del Sahel. En algunos casos, como el de Guinea-Bisáu o Gambia, los motines fracasaron, pero en Mali, Guinea, Chad, Sudán, Burkina Faso y más recientemente Níger consiguieron tumbar al Gobierno y establecer juntas militares que han resistido en el poder hasta la actualidad. Algunas incluso sufrieron nuevas sublevaciones y fueron reemplazadas por miembros del propio ejército, como en Burkina Faso.
El éxito de estos golpes de Estado ha provocado la suspensión de Mali, Burkina Faso, Guinea y Níger como miembros de la Cedeao, la principal organización política y económica de África occidental. La insurrección en Níger ha abierto incluso la posibilidad de que se produzca una intervención militar de la Cedeao liderada por Nigeria, lo que podría desencadenar una guerra regional.
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