El Cuerno de África es una región situada en el punto más oriental del continente africano, entre el mar Rojo y el océano Índico. Conocida así por su característica forma triangular, su extensión abarca la península conformada por Somalia, Eritrea, Yibuti y Etiopía, además de la autoproclamada república de Somalilandia.
En su concepción más amplia, en la que se tienen en cuenta aspectos históricos y culturales comunes, el mapa del Cuerno de África también pueden incluirse partes o la totalidad de Kenia, Sudán, Sudán del sur y Uganda, si bien esta definición es menos común.
Es una región geográficamente diversa, con paisajes que van desde las costas del mar Rojo y el océano Índico en Eritrea, Yibuti y Somalia, hasta las áridas llanuras del desierto de Ogadén, pasando por las tierras altas de la meseta Etíope. La región está poblada por una mezcla de grupos étnicos y lenguas que reflejan su rica herencia cultural. Entre las etnias principales destacan los oromo, amhara, tigray y somalí.
Debido a su ubicación estratégica junto al estrecho de Bab al Mandeb, el Cuerno de África ha mantenido históricamente una conexión estrecha con la península arábiga y el suroeste de Asia, por lo que las lenguas que se hablan en la región están emparentadas con las del norte de África y Oriente Próximo, y tanto el cristianismo como el islam tienen una profunda tradición y arraigo en la zona.
La región, una de las más empobrecidas del mundo y azotada por el hambre y el conflicto, tiene una población estimada de 140 millones de personas. Etiopía es, con diferencia, el país más poblado, con más de 110 millones de habitantes. Su capital, Adís Abeba, es la ciudad más grande de la región, con alrededor de 5 millones de habitantes. Otro centro urbano importante es Mogadiscio, capital de Somalia, que cuenta con 2,6 millones de habitantes.
Etiopía es, además, el país sin salida al mar más poblado del mundo, desde que perdió su acceso a la costa con la independencia de Eritrea en 1993. Así, muchas de las dinámicas regionales se entienden por el enclaustramiento de Etiopía, por un lado, y por la localización estratégica frente al mar Rojo de los estados costeros, donde existe una fuerte presencia de potencias extranjeras. En Yibuti, país que ha sabido capitalizar su ubicación estratégica en el estrecho de Bab al Mandeb, Francia, Estados Unidos, Italia, Japón y China cuentan con bases militares y pagan grandes sumas que sostienen la economía local del país, de apenas un millón de habitantes.
Si bien no es un Estado formalmente reconocido, Somalilandia es otro actor regional importante en la zona, donde también cuenta con salida al mar. En 1991, este territorio autoproclamó su independencia de Somalia, hoy mucho más inestable que su vecino y azotado por la violencia y el yihadismo de Al Shabab, filial de Al Qaeda.
Precisamente, Etiopía firmó a principios de 2024 un acuerdo con Somalilandia que le permitía el uso naval y comercial, durante 50 años prorrogables, de veinte kilómetros de costa somalilandesa, además del uso del puerto de Berbera y el permiso para instalar una base militar en la región. A cambio, Etiopía se ha comprometido a invertir en infraestructuras y a considerar el reconocimiento formal de Somalilandia, lo que ha generado tensiones con las autoridades de Somalia, que aún reclaman la región como parte de su territorio.
La otra guerra que podría complicar la crisis en el mar Rojo
A nivel político, los países del Cuerno de África enfrentan numerosos desafíos internos. Etiopía, república federal, ha estado marcada durante años por los conflictos étnicos y territoriales, especialmente desde el estallido de la guerra en la región de Tigray en 2020, que puso en jaque la estabilidad del gobierno etíope y provocó una grave crisis humanitaria que aún perdura. Somalia continúa lidiando con la insurgencia de Al Shabab y enfrenta dificultades para asegurar el control efectivo del territorio.
Yibuti, por su parte, no ha cambiado de gobernante desde la independencia y el poder está en manos de la misma familia: el actual presidente, Ismaïl Omar Guelleh, es sobrino de su predecesor. Por último, Eritrea tiene un régimen autoritario de partido único considerado como uno de los más autoritarios del mundo. Su presidente, Isaías Afewerki, lleva en el poder desde 1991.