Sudán, la antigua Nubia —una de la primeras civilizaciones africanas—, es un país árido atravesado por el Nilo que al igual que su vecino del norte, Egipto, depende poderosamente del agua del río. El mapa de la geopolítica de Sudán está profundamente influenciado por este cauce, pero también por el Sahel, una amplia franja de pastos entre el Sáhara y la sabana muy vulnerable a las sequías y que ocupan la mayor parte del país.
A nivel histórico, Sudán ha permanecido durante siglos vinculado a Egipto, con quién comparte el gran eje de comunicación que es el Nilo. Cuando Egipto se arabizó e islamizó, ese cambio cultural acabó penetrando en Nubia, dando forma al actual Sudán. En este proceso, los pueblos del Nilo y el Sahel, muy expuestos al comercio con el mundo islámico, acabaron por islamizarse y arabizarse, bien por migraciones desde Arabia o Egipto, bien por aculturización. Mientras, los pueblos de la sabana se mantuvieron más aislados, preservando sus lenguas primigenias y sus cultos animistas hasta la llegada de los misioneros cristianos durante la colonización europea.
La historia del Sudán moderno está marcado por la guerra y el enfrentamiento entre estas dos comunidades, con apenas tres pausas muy acotadas en el tiempo: el periodo entre la primera y segunda guerras civiles sudanesas, entre 1972 y 1983; la fase entre los acuerdos de paz y la independencia de Sudán del Sur, de 2005 a 2011; y el periodo de transición tras el golpe de Estado a al Bashir, entre 2020 y 2023.
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