Cada ataque en el golfo de Guinea llega acompañado de una etiqueta. De ella depende que se movilice el ejército y que un pueblo aparezca en informes internacionales o que desaparezca entre líneas. “Terrorismo”, “bandidaje”, “conflicto comunitario” y “ajuste de cuentas” son categorías que se mezclan en una región donde la gran amenaza, el terrorismo, intenta coparlo todo. Lo que sigue es la anatomía de esa confusión: quién ataca de verdad, por qué se le pone el nombre equivocado y a quién beneficia el error.
El 6 de marzo de 2024, un grupo de hombres armados subidos en motocicletas irrumpieron en la localidad de Nagouni, en Togo. Según informaron los periódicos locales, eran terroristas del JNIM, filial de Al Qaeda, que acabaron en una mañana con la vida de ocho personas. A nivel internacional se puso de relieve que el terrorismo islámico del Sahel estaba más cerca de la costa atlántica de lo esperado. Sin embargo, muchos informes sobre la zona están sostenidos en voces terceras en lugar de información veraz y real.
Tres meses después, visité Nagouni para entrevistar a los afectados. Tras varias horas de conversaciones con familiares de las víctimas y autoridades locales, estas confesaron que lo ocurrido no había sido un ataque terrorista, sino una disputa vinculada con el tráfico de armas que prolifera en esta zona fronteriza. Que no fueron ocho fallecidos, sino dos. ¿Por qué dijeron a las autoridades togolesas que se había tratado de terrorismo? El jefe del pueblo respondió: “Cuando dijeron que los terroristas habían atacado, el ejército y el alcalde del distrito vinieron. Ahora han pedido una base militar avanzada en Nagouni y la van a hacer. ¿Crees que habrían venido si no pensaran que atacaron los terroristas? ¿Harían una base?”.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento







