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La hostilidad de Donald Trump ha acercado a Canadá con la Unión Europea. El primer ministro canadiense, Mark Carney, acudió el pasado miércoles como invitado de honor al discurso sobre el estado de la Unión en Estrasburgo. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, apostó por que Canadá se convirtiera en el primer “miembro asociado” de la UE.
Pero el estatus de “miembro asociado” no existe en los Tratados constitutivos del bloque. No sería una membresía plena, que está reservada para Estados europeos (artículo 49 del Tratado de la UE), aunque tendría que ir más allá del acuerdo de libre comercio (CETA, por sus siglas en inglés) firmado en 2016. Es más bien un estatus de amigos con derechos por definir.
La UE y Canadá ya tienen relaciones sólidas. Con el CETA, firmado junto al Acuerdo de Asociación Estratégica, la UE es el segundo socio comercial de Canadá, después de Estados Unidos, y Canadá el duodécimo de la UE. Estos marcos han permitido otros avances, como que sea el primer Estado no europeo en el programa Acción por la Seguridad de Europa (SAFE).
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