Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos, pero a veces parece que quien manda es Elon Musk. Tras la victoria republicana, el hombre más rico del mundo participó en la primera llamada entre Trump y Volodímir Zelenski, en la que el presidente ucraniano le agradeció su apoyo al país a través de Starlink, su compañía de satélites, y en una llamada con el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. También asistió en diciembre a la reapertura de la catedral de Notre Dame junto con el presidente francés Emmanuel Macron.
Pero el papel de Musk no es pasivo, sino que trata de hacer valer su capacidad económica a través de la influencia política. En diciembre presionó con más de 50 publicaciones en X para que los congresistas republicanos votaran en contra de una ley bipartidista para financiar la Administración federal hasta marzo. Musk afirmaba falsamente que la ley aumentaría un 40% el salario de los congresistas, entre otras cosas, y Trump respaldo su oposición a la medida, que finalmente fue sustituida por otra con menos fondos. Más recientemente también se ha lanzado a por Europa, apelando a que los alemanes voten a la ultraderechista AfD en las elecciones de febrero y atacando al Gobierno de Keir Starmer en el Reino Unido.
El activismo político de Musk ya lo ha llevado a ser tildado de “primer ministro” estadounidense por el congresista republicano Tony Gonzales o como “presidente en la sombra” por la demócrata Pramila Jayapal. Sin embargo, con un Trump reacio a compartir el foco mediático, no está claro que el bromance entre los dos magnates pueda perdurar con el paso del tiempo.
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