China tiene una de las regulaciones digitales más estrictas del mundo. Desde finales de 2020 ha impuesto más de cincuenta acciones regulatorias contra grandes tecnológicas chinas por infracciones que van desde conductas monopolísticas hasta violaciones de datos. Alibaba, por ejemplo, aceptó en abril de 2021 una multa récord de 2.800 millones de dólares por abusos de posición dominante en el mercado. Pekín también retiró al gigante del transporte Didi de las app stores y canceló la salida a bolsa de Ant Group, valorada en 34.500 millones de dólares.
Todo es parte del nuevo plan estratégico del Partido Comunista (PCCh) para el desarrollo del país: el tecnonacionalismo. Xi Jinping quiere convertir China en una potencia digital con una mezcla de inversión e intervencionismo. La nueva política digital se extenderá hasta finales de 2025 y pretende evitar prácticas anticompetitivas o el uso inapropiado de datos personales o de la inteligencia artificial por parte de las plataformas tecnológicas nacionales. Es decir, atarlas en corto para frenar sus excesos y reforzar el poder del PCCh dentro y fuera del país.
Las grandes tecnológicas, demasiado independientes para Pekín
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