Día Internacional del Orgullo

Por qué podemos (y debemos) hablar de una historia del arte LGTBIQ+

La disidencia siempre ha existido, como muestran cientos de obras. Estas históricamente se han puesto al servicio de los poderosos, pero también han sido clave para visibilizar causas y realidades, como la diversidad, y para conseguir derechos. Todo empieza por aprender a mirarlo
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Por qué podemos (y debemos) hablar de una historia del arte LGTBIQ+
Obra 'En la cama: el beso', de Toulouse-Lautrec (1892). Fuente: Wikimedia Commons

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Ante En la cama: el beso, esa escena de intimidad y ternura inmortalizada por Toulouse-Lautrec en 1892, cualquier visitante sin contexto podría asumir que se encuentra ante una historia de amor heterosexual. Sin embargo, la pintura, como la mayoría de los paneles que componen la serie, está protagonizada por dos mujeres que, obligadas por su contexto a ejercer la prostitución, encontraban afecto en los brazos de la otra.
La disidencia puede rastrearse desde el origen de los tiempos. Con las gafas adecuadas, la historia del arte nos confirma que celebrar y reivindicar la diversidad y el derecho a existir está lejos de ser una cuestión obsoleta o parte de una moda pasajera supeditada al mes del Orgullo. Si hasta ahora no hemos sido conscientes, es porque el borrado sistemático que afecta a las mujeres también afecta a otros grupos sociales, como aquellas personas que se salían del molde en cuanto a género y sexualidad.
Así, cuando publiqué Nos recordarán, un libro que recoge cientos de obras de arte leídas desde un prisma LGTBIQ+, lo hice pensando en hacer un ejercicio tanto de memoria como de reparación. Pero, ¿por qué históricamente se ha pasado por alto algo tan relevante como el deseo o la identidad incluso cuando es evidente? Y sobre todo, ¿qué nos aporta revisitar la historia en esta clave?
El canon y sus excluidos 
La historia del arte no es una disciplina asentada, inamovible o incuestionable. La historiografía, nacida principalmente en el siglo XIX en Europa, construyó un canon acorde a sus intereses, un modelo que premiaba sólo un tipo muy concreto de creador: el hombre blanco (preferiblemente europeo), de alta alcurnia y cisheterosexual. Salvo excepciones, todo lo demás quedó fuera.
Solemos recriminar estas ausencias a los museos, pero en general la historia del arte está lejos de ser completa, diversa e inclusiva. El borrado sistemático de lo otro afectó incluso a artistas que triunfaron en su época, como la francesa Rosa Bonheur, celebrada autora esp...

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Clara González Freyre de Andrade

Benidorm, 1995. Historiadora del arte con máster en Crítica y Comunicación Cultural. Divulgadora en redes sociales. Aborda la cultura desde prismas actuales y su papel en los movimientos sociales, especialmente los de género. Apasionada de la música y los videojuegos.