Arancha González Laya: “Europa debe decidir si quiere ser líder o vasallo”

La exministra de Exteriores reflexiona sobre las elecciones europeas o el papel de la UE en el conflicto de Gaza
EntrevistasGeopolíticaEuropa
Arancha González Laya: “Europa debe decidir si quiere ser líder o vasallo”
La exministra de Exteriores, Arancha González Laya, durante la entrevista. Foto: Paula Cámara

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Arancha González Laya tiene una larga trayectoria dedicada a la política internacional. Licenciada en Derecho, es especialista en derecho comercial, Fue portavoz de la Comisión Europea para comercio entre 2002 y 2005. De ahí saltó primero a la Organización Mundial de Comercio y después a la ONU. 

Fue ministra de Exteriores de España entre enero de 2020 y julio de 2021, cuando salió del Gobierno tras una crisis diplomática con Marruecos. España había acogido en abril de ese año a Brahim Gali, líder del Frente Polisario, por razones humanitarias: Gali estaba enfermo de covid-19 y fue ingresado en un hospital de Logroño. Marruecos protestó, llamó a consultas a su embajadora en Madrid y lanzó a 8.000 migrantes a la frontera con Ceuta y Melilla.

La salida de Laya del Gobierno —junto con otros cinco ministros, en una reestructuración más amplia— fue vista como un gesto hacia Marruecos. Tras la llegada de su sucesor, José Manuel Albares, el Gobierno dio un giro a su postura frente al conflicto del Sáhara y pasó a apoyar la propuesta marroquí. Por su parte, Laya fue nombrada decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de Science Po, en París.

Hablamos con ella en un hotel de Madrid sobre los retos geopolíticos de Europa ante las elecciones europeas, las guerras de Ucrania y Gaza o la crisis de la ONU pocas semanas antes de que España reconozca el Estado de Palestina.

PREGUNTA – Los últimos años han sido complicados para la política internacional: la invasión de Ucrania, la guerra en Gaza, conflictos en el Cáucaso, el Sahel, el mar del Sur de China… ¿Cómo definiría el momento geopolítico actual?

RESPUESTA – Es un momento de grandes ajustes geopolíticos. Hace treinta años el mundo se parecía mucho a la Unión Europea: estaba impulsado por la economía, se respetaba la legalidad internacional y había un sentimiento de convergencia, de que todos podíamos llegar al mismo punto de llegada. La UE se sentía muy cómoda entonces, pero el mundo ha cambiado.

¿Está la Unión Europea preparada para ese mundo?

A la Unión Europea le cuesta porque tiene que cambiar de modelo pero no puede hacerlo totalmente. Su modelo es el de la economía y el imperio de la ley. Pero yo creo que a eso la UE debería añadir otros elementos. Primero, el poder duro: dotarnos de una capacidad de respuesta si nos agreden. Segundo, más competitividad. Y, tercero, mejorar las relaciones con nuestros socios y amigos alrededor del mundo. 

¿Qué se juega Europa en estas elecciones europeas?

Decidir su futuro o que el futuro de la Unión Europea lo decidan los chinos o los estadounidenses. Hay que ponerlo así de crudo. Es el momento de decidir si queremos que la Unión Europea sea un líder o un vasallo.

¿Le preocupa el auge de la extrema derecha y que esto les permita influir en la agenda, por ejemplo, contra el cambio climático?

Claro que sí. Me preocupa muchísimo la polarización. En estos momentos, donde los retos que tenemos por delante son tan grandes, necesitamos cohesión, nacional y europea. Los extremos del espectro político buscan lo contrario: fragmentar, dividir y debilitar.

¿Qué supondría para la Unión Europea la llegada de Trump?

Con o sin Trump la Unión Europea se enfrenta a una nueva fase de la historia de Estados Unidos. Vuelven a su tendencia histórica, el aislacionismo. Se desentienden del mundo. Llevamos viendo este proceso más de una década, con o sin Trump. Sería más complicado gestionar la relación con un presidente hostil a la UE, como Trump durante su primer mandato, y un poco más fácil con una Administración como la de Biden. Pero a largo plazo, la tendencia de Estados Unidos es la misma: aislacionismo y un foco casi exclusivo en su rivalidad con China. La Unión Europea tiene que prepararse para ello. Eso significa mejorar la autonomía estratégica y asumir más responsabilidades sobre su futuro.

“El mayor obstáculo para el futuro de la UE es su fragmentación”

Mencionaba usted antes que la UE debería hacerlo mejor en defensa. Muchas voces piden que se invierta más. Pero lo cierto es que la Unión Europea, si combinas a todos los países miembros, tiene el tercer presupuesto de defensa más grande del mundo: más del doble que Rusia. Y sin embargo parece que nos falta algo. ¿Qué nos falta?

La integración. La Unión Europea sufre el mal de la fragmentación. Lo sufrimos en sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones y el mercado de capitales, tres sectores clave donde la fragmentación nos resta competitividad. También en defensa: a pesar de estar entre los mayores gastadores del mundo, importamos casi el 80% de lo que necesitamos. La fragmentación es el mayor obstáculo para que la UE tenga un futuro. No basta con quedarnos donde estamos, porque entonces retrocedemos. Necesitamos dar un salto en la integración.

¿Deberíamos reformar los tratados para quitar la unanimidad en la toma de decisiones, por ejemplo?

No, no creo que esa deba ser nuestra prioridad. Integrar la industria de defensa no requiere cambiar los tratados. Exige que los Estados entiendan que deben hacer compras conjuntas, coordinar sus estándares operativos, producir más para el mercado europeo… Hay muchas cosas que la UE puede hacer sin cambiar los tratados. No lo necesita para integrar sus mercados de capitales y evitar que el ahorro europeo marche a Estados Unidos, ayude a mejorar la competitividad de la industria estadounidense y vuelva a Europa a comprar industrias europeas. No tiene sentido. No hace falta cambiar los tratados, lo que se necesita es energía política de todos los Estados miembros.

Últimamente se está hablando mucho de la posibilidad de una guerra en Europa. Kaja Kallas, primera ministra de Estonia, cree que la situación actual es parecida a la de los años de entreguerras. La duda, dice, no es si habrá una guerra sino cuándo. ¿Está de acuerdo con estas afirmaciones?

Es difícil buscar paralelismos históricos que concuerden del todo con la situación actual. Pero es innegable que la idea de una guerra en Europa ya se ha materializado. Hay una guerra en Europa. Físicamente la batalla está en Ucrania, pero también se libra en la UE de manera virtual. Nuestro espacio de información, nuestra democracia, están siendo afectados por la injerencia rusa. Sufrimos ciberataques, injerencias de Rusia que debilitan nuestras democracias, y eso es algo serio.

¿Entonces comparte la idea de Kallas de que la duda no es si habrá guerra o no, sino cuándo?

Lo que yo comparto es que los riesgos han aumentado. Hoy no se puede descartar la idea de un conflicto bélico en la Unión Europea. No sé qué probabilidades darle, pero esto es como cuando uno contrata una póliza de seguros. Aunque la probabilidad sea muy baja, si el riesgo es demasiado importante uno se compra un seguro, por si acaso. Debemos asegurarnos de que estamos preparados para ese riesgo.

Ha visitado Ucrania hace poco. ¿Cómo se ve desde allí el conflicto?

Cuando uno va allí se da cuenta que Ucrania no son los otros, Ucrania somos nosotros. Esto es fundamental para entender que los riesgos que vive Ucrania son los de la Unión Europea. La derrota de Ucrania en el campo de batalla es la derrota de la idea de la UE, y la victoria de Ucrania reforzará a la UE. Nos jugamos mucho en esta guerra y hay que poner todos nuestros medios para ayudar a Ucrania a vencer a Putin.

¿Debería Europa debería hacer más?, ¿dar a Ucrania más apoyo económico, militar…?

Creo que la Unión Europea ha sido bastante responsable apoyando a Ucrania económica y militarmente. Es muy importante hacerlo, porque es un país disminuído: antes eran 38 millones de habitantes y ahora no se sabe cuántos quedan, alrededor de veinte millones. Entre siete u ocho millones están fuera y otros ocho o nueve en los territorios ocupados. Pero hay que seguir pagando pensiones, mantener escuelas y hospitales abiertos… Europa ha sido responsable en ese aspecto.

También hemos hecho mucho en el aspecto militar, como lo ha hecho Estados Unidos, aunque quizá un poquito más tarde de lo deseable. Pero hoy necesitamos poner toda la carne en el asador con urgencia para ayudar a Ucrania a proteger su espacio aéreo, que es por donde le vienen los mayores ataques de Rusia. 

Entrevistas como esta, que publicamos en abierto, solo son posibles con suscripciones. ¡Ayúdanos a seguir!

¿Cree que Ucrania se ha equivocado con su estrategia militar? La famosa ofensiva de verano no salió tan bien como esperaban…

Aquí hay varias preguntas que hacerse. Una tiene que ver con la movilización de los ucranianos en el frente: Ucrania ha tenido que reducir la edad de reclutamiento para tener más efectivos. También hay cuestiones militares, como cuánto han resistido las fortificaciones rusas. Y, sobre todo, el material bélico que Ucrania necesita para defenderse. Los ucranianos están recalibrando su estrategia por estos tres factores.

De todas formas, la impresión que yo tuve allí es que la población ucraniana sigue muy decidida a resistir al invasor, mantienen ese orgullo por defender su país. Quieren ser Ucrania y Unión Europea, no quieren ser Rusia. Creo que eso les ayuda a pasar por este momento difícil que es 2024, hasta que las industrias europea, estadounidense y ucraniana sean capaces de producir material de defensa a la escala necesaria.

Donde sí parece más claro que Rusia nos está ganando la partida es en el Sahel: varios países de la región están cortando lazos con Occidente y girando hacia Moscú. ¿Qué hemos hecho mal para que estos países quieran acercarse a Rusia?

La verdad, yo no sé si se acercan a Rusia o si es que Rusia cacarea mucho su presencia en el Sahel. Su presencia no es nueva, es limitada y tiene mucho que ver con proteger sus intereses económicos en la región, el acceso a ciertas materias primas. 

Lo que sí ha cambiado mucho es la situación interna del Sahel. Los Gobiernos democráticos de la región están siendo reemplazados por juntas militares que llegan al poder con golpes de Estado. Esto tiene mucho más que ver con problemas internos que con Rusia. Pero quizá no hemos sabido leer esos problemas ni darles respuesta. Europa está muy preocupada por esto y también los países vecinos de la zona, que ven cómo las juntas militares, pese a prometer el oro y el moro, no han conseguido traer estabilidad. La desestabilización ha llegado al norte de Nigeria, por ejemplo, y afecta casi al golfo de Guinea.

Rusia, evidentemente, está utilizando este contexto para hacer un gran alarde mediático, pero su presencia es más bien discreta. Ahí me parece que hay una disparidad un poquito grande entre lo real y lo virtual.

Sea como sea, la desestabilización del Sahel no es buena para Europa ni para los países de la región.

Volvamos un momento al tema de la autonomía estratégica de Europa. Hay un debate muy grande entre si debemos priorizar ser autónomos frente a China o comerciar con ellos. Por ejemplo, con la transición verde: China es la mayor productora de placas solares del mundo. Si no queremos depender de los chinos para las placas solares, nuestra transición verde será más lenta y cara. ¿Cómo solucionamos este dilema?

Bueno, sobre todo dependemos de China para que reduzca sus emisiones de CO2, porque son los mayores emisores del mundo. Si los chinos no tienen éxito en su transición energética no la tendremos el resto. Por eso, lo primero que necesitamos es que ellos reduzcan sus propias emisiones. 

Por otro lado, es cierto que China ha construido su modelo de competitividad sobre las industrias verdes. Perdieron el tren del vehículo de combustión y las industrias más tradicionales, como la química o la farmacéutica… Pero han apostado mucho a las industrias verdes: eólica, solar, coches eléctricos… Esto no sería un problema si la competencia fuese justa. Nosotros respetamos las reglas del comercio internacional: no subvencionamos a nuestras industrias de manera engañosa. Jugamos al juego de la competencia leal y nos gustaría que China tuviese un comportamiento más acorde con las reglas de mercado.

Este es nuestra petición hacia China. Pero necesitamos trabajar con ellos. Para que tengan éxito en la transición climática, garantizar la estabilidad financiera internacional y mantener el comercio… Dos tercios del crecimiento de la Unión Europea dependen del comercio exterior. Por eso es importante comerciar con China, pero de forma leal.

“España podría hacer más en política exterior, pero la usamos como arma arrojadiza en la política nacional”

¿Qué opina del desempeño geopolítico de España? Mi impresión es que ahora jugamos un papel más activo que hace una década, pero ¿cree que todavía podríamos hacer más?

España goza de un capital internacional muy importante. Quizás por nuestra historia reciente, con una dictadura muy aislada del mundo, hemos tenido menos participación en conflictos recientes. Pero casi todos nuestros interlocutores ven a España de una manera amable, lo que nos da un espacio para jugar y ser constructor de consensos.

Es cierto que somos más activos que antes. Pero podríamos hacer más, los otros países lo aceptarían. A veces España se autofrena un poco. Y creo que tiene que ver con que muchas veces la política exterior se usa como arma arrojadiza en la política nacional. Sería bueno dejar eso atrás, porque daría a España mayor influencia internacional, independientemente de quién esté en Gobierno, y eso es en beneficio de todos.

¿Debería España invertir más en defensa?

Yo creo que sí. Necesitamos comprarnos una póliza de seguros frente a lo impredecible de la rivalidad geopolítica. En este momento nos rodea un arco de fuego de conflictos que van desde el Sahel hasta Ucrania pasando por Oriente Próximo. Cuando uno está rodeado y ve que su casa peligra tiene que invertir en protegerse. Deberíamos hacerlo, pero de manera inteligente, mancomunada en Europa, porque nos va a costar menos y seremos más eficientes.

Decía usted antes que la política exterior a menudo es víctima de los avatares de la política nacional. La última polémica es sobre el reconocimiento del Estado de Palestina. ¿Qué opina sobre eso?

No hay ninguna divergencia dentro de España sobre el hecho de reconocer a Palestina. Es un consenso de todas las fuerzas políticas, o por lo menos de todas las que practican la política exterior. Dejo a un lado a las que no la practican… Pero todas las que practican la política exterior aceptan el reconocimiento de Palestina como Estado. Donde hay diferencias es en el cuándo. 

Hasta ahora nos planteábamos el reconocimiento a Palestina como el final de un proceso de negociación entre los palestinos e Israel. Pero la situación ha cambiado: hoy peligra la solución de dos Estados, la que la comunidad internacional ha aceptado, porque ciertas fuerzas políticas dentro de Israel la rechazan. Por tanto, si está en riesgo la existencia de Palestina como Estado , quizá el reconocimiento no deba ser el punto de llegada sino el de partida. 

Es cierto que el reconocimiento tiene poco impacto práctico hoy, pero es un gesto de una carga política muy importante. Mantiene en vida la idea de los dos Estados, el uno al lado del otro, en paz. No es una forma de privilegiar a uno sobre el otro, busca garantizar una coexistencia pacífica y segura para los ciudadanos de ambos lados. 

Esto es lo que España desea para Israel y Palestina. Pero hoy vemos alejarse esa posibilidad, así que deberíamos plantearnos cómo la mantenemos con vida y cómo conseguimos que otros países se sumen a ese esfuerzo. Lo ideal sería que diéramos el paso todos los países de la Unión Europea a la vez. Pero si no va a ser así, España puede actuar de manera autónoma para contribuir a esta solución.

¿Es coherente para España reconocer al Estado de Palestina y no apoyar la causa saharaui?

Hay muchas cosas que la causa saharaui no tiene en común con Palestina. Pero comparte una: es un conflicto que se ha dejado sin resolver. Los conflictos no se pueden dejar pudrir, porque ahí hay personas. Si el problema no se resuelve, puede acabar en un drama, como estamos viendo en Palestina. Con el tema saharaui quiero ser muy cuidadosa y muy clara: no abogo por ninguna solución específica pero sí porque haya una solución específica.

Hace dos años que el Gobierno español cambió su postura frente al conflicto entre el Sáhara y Marruecos: pasamos de la neutralidad a apoyar la propuesta marroquí. Sin embargo, Marruecos no parece estar cumpliendo con su parte. Por ejemplo, aún no ha abierto las aduanas en Ceuta y Melilla, como prometió. ¿Cómo calificaría la relación de España con nuestro vecino?

Como exresponsable de la política exterior de España procuro no entrar en hacer descripciones porque me parece que no le hago un favor a mi país.

Entonces volvamos a Oriente Próximo. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución pidiendo un alto el fuego en Gaza. La Corte Internacional de Justicia ha emitido una orden exigiendo a Israel que pare su ofensiva. Las dos son vinculantes, pero Israel sigue atacando. ¿Es esto un síntoma de que el sistema de normas internacional ha dejado de funcionar?

Sí, la legalidad internacional se está erosionando. El respeto a la legalidad internacional es una garantía para todos los países. Pero cuando se deteriora, comienza una carrera de violaciones al derecho. Hemos visto recientemente dos casos claros. Ecuador ha violado la sede diplomática de otro país, México, en una falta bastante grosera a la legalidad internacional, y se ha bombardeado la embajada de Irán en Damasco. Otro espacio de reglas internacionales que se ha degradado en los últimos años es el del armamento nuclear. No entro a calificar quiénes son los buenos o los malos. Lo que está claro es que la legalidad internacional se está erosionando y eso nos tendría que preocupar, porque nos pone a todos en riesgo. 

“Hay que repensar la ONU. Tenemos a un país agresor en el Consejo de Seguridad con poder de veto”

¿Qué necesita la ONU para evitar que el sistema se descomponga, que esta erosión ponga en duda su legitimidad? ¿Hay que reformarla?

La ONU es una organización intergubernamental. Es decir, sus accionistas son los Estados miembros y en particular los que se sientan en el Consejo de Seguridad (CS). Cuando el agresor está sentado en el CS y tiene derecho de veto, está claro que el sistema goza de poca salud. Hay que repensarlo. Pero quienes deben repensarlo son los mismos que no quieren que cambie, así que hay que buscar otras vías. En el caso del CS, cada vez más las decisiones pasan a la Asamblea General, donde los miembros del Consejo no tienen derecho de veto. Lo cierto es que a los ojos de la ciudadanía la imagen que se mancha es la de la ONU cuando en realidad la que debería mancharse es la de los países que no se toman en serio la responsabilidad que tienen al gozar de derecho de veto.

Los países europeos no se ponen de acuerdo en su postura ante la guerra en Gaza. ¿Cree que la Unión Europea debería presionar más a Israel para que detenga su ofensiva?

Todos en la Unión Europea entendemos que Israel y su población viven en el shock del ataque que sufrieron el 7 de octubre. Les ha creado un sentimiento de vulnerabilidad y desprotección, amén del drama humano de los rehenes que todavía no han retornado. Pero también entendemos que nada de lo que ha ocurrido después ha mejorado la seguridad de los israelíes ni ha traído de vuelta a los rehenes.

Por tanto quizás si hay un interrogante que debemos poner sobre la mesa con el Gobierno israelí. Qué estrategia deben usar para garantizar la seguridad de Israel —algo con lo que la UE está comprometida— pero sin poner en riesgo la estabilidad en la región ni causar un drama como el que estamos viendo en Gaza. Es ahí donde la Unión Europea tiene que influir. Puede hacerlo de muchas maneras, y como mejor se hace es de manera discreta.

¿Le preocupa que el apoyo de Occidente a Israel, o al menos la falta de críticas, afecte a nuestra imagen internacional?

Es cierto, y yo lo vivo en primera línea porque soy decana en una universidad donde los estudiantes que estudian derecho internacional se preguntan cuáles son las reglas del juego. No solo en Gaza: también en Siria, Ucrania, Myanmar, Sudán… 

Insisto, a veces podemos hacer las críticas de manera más visible, otras de manera más discreta. Pero es importante hacerlas porque lo que da fuerza a las democracias es nuestra capacidad de decirles a nuestros amigos, y a nuestros enemigos, cuándo lo que hacen no nos parece correcto. Explicar que dos malos no hacen uno bueno. Que todos tenemos que respetar las reglas de juego. Que todos somos solidarios cuando el terrorismo golpea pero que no podemos combatir el terrorismo violando los derechos humanos de cientos de ciudadanos. Que somos democracias. Esa es la gran diferencia.

¿Comparte la calificación de ciertas ONGs y expertos sobre que Palestina vive bajo un régimen de apartheid?

Bueno, esto es algo que se ha planteado cuando se propone la solución de un solo Estado para solucionar el conflicto entre Israel y Palestina, y cómo se protegerían en ese escenario los derechos de todos los ciudadanos, judíos y no judíos. Debemos ser muy cuidadosos con el respeto a los derechos de los palestinos, como también los de los judíos, los árabes que viven en Israel… Por eso es tan difícil encontrar un encaje. Por eso no hemos sido capaces de encontrar otra solución que no sea la de los dos Estados y tenemos que volver una y otra vez a esta idea.

“Me preocupa la desconexión entre lo que nuestros jóvenes aspiran y el mundo real. Hay que darles razones para que no se vuelvan cínicos”

¿Cree que la solución de los dos Estados es todavía posible?

Sí, si las partes quieren. Porque evidentemente el aumento de colonias judías en Cisjordania lo hace mucho más complicado. Si uno mira los sondeos de opinión hoy, la gran mayoría de los ciudadanos israelíes rechaza la solución de dos Estados. Tampoco sabemos en este momento qué pasará con la Franja de Gaza. Las dificultades son enormes y hoy, en caliente, la situación es más complicada que hace dos años, hace diez o hace treinta años. 

Pero ¿cuál es la solución? La comunidad internacional debe ser capaz de explorar todas las opciones. La de un solo Estado se ha explorado pero tiene enormes limitaciones: una parte de la población viviendo en un Estado sin los mismos derechos que el resto… También se ha hablado de una solución de tres Estados… La que tenemos sobre la mesa y sobre la que se ha comprometido la comunidad internacional es la de dos Estados. Sí, hoy es más complicado que ayer pero nuestro objetivo debe ser buscar soluciones, no lamentarnos sobre las dificultades.

Debemos buscarle una respuesta a largo plazo a este conflicto, al que durante los últimos diez años no le prestamos ninguna atención. Quisimos resolverlo reconstruyendo las relaciones entre los países árabes e Israel, pero sin responder al problema entre Israel y Palestina. No podemos volver a caer en ese error ni aparcar el problema de nuevo. 

La última. Viendo como está el mundo, ¿qué le quita a usted el sueño por las noches?

Me quita mucho el sueño la desconexión que hay entre lo que nuestros jóvenes debaten, estudian, a lo que aspiran, y lo que ven en el mundo real. La disonancia es enorme y está generando muchísimo dolor en las personas jóvenes. Es un problema muy serio a largo plazo del que no nos estamos ocupando. En el mundo en el que yo me muevo hoy, tenemos 1.500 estudiantes de 140 países diferentes estudiando derecho internacional.

Pero cuando abren sus redes sociales, ven cómo se viola la legalidad internacional. Van a heredar un mundo impactado por el cambio climático y se movilizan por ello, pero ven que hay muchas presiones de las industrias fósiles para que no cambie nada. Me preocupa el mundo que estamos construyendo, hay que dar razones a los jóvenes para que no se vuelvan cínicos sino para que sean activistas por estas grandes transformaciones. Se van a ver inmersos en ellas y de su éxito depende su futuro.

Blas Moreno

Madrid, 1994. Codirector y editor jefe de El Orden Mundial. Relaciones Internacionales (inglés) en la URJC.

1 comentario

  1. Expandir comentario
    José Luis Fuertes terrasa

    Excelente entrevista.

El plazo para comentar ha finalizado.