José Manuel Albares: “Reconocer a Palestina es la única forma de implementar la solución de dos Estados”

Hablamos con el ministro de Exteriores español sobre el futuro de los territorios palestinos, Ucrania y la crisis del multilateralismo
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José Manuel Albares: “Reconocer a Palestina es la única forma de implementar la solución de dos Estados”
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, durante la entrevista. Foto: Paula Cámara

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Hacía mucho tiempo que la agenda internacional no tenía tanto peso en el debate público español. En medio de una crisis diplomática con Argentina y el día en el que, en teoría, España iba a reconocer a Palestina —21 de mayo—, entrevistamos al ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares.

El anuncio de cuándo se producirá el reconocimiento de Palestina lo hizo al día siguiente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: la fecha elegida será el 28 de mayo. En esta entrevista hablamos sobre el futuro de Palestina e Israel, pero también sobre Ucrania, el regreso al poder de Donald Trump en Estados Unidos y la crisis del multilateralismo.

PREGUNTA – Una vez España haya reconocido a Palestina, ¿cuál es el plan? ¿Qué viene después?

RESPUESTA – Reconocer el Estado palestino es una propuesta del programa electoral con el que el PSOE acudió a las elecciones del 23 de julio y es parte de los compromisos del programa de gobierno del Gobierno de coalición. El presidente firmó un documento con otros tres primeros ministros europeos comprometiéndose a ello, y yo acudí al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para solicitar la entrada de Palestina en Naciones Unidas como Estado de pleno derecho en esa organización. También votamos a favor de ello en la Asamblea General y ya anuncié que lo reconoceríamos. 

El motivo por el cual lo hacemos es porque creemos en la solución de dos Estados, igual que toda la comunidad internacional que lo ha avalado. Todos sabemos que para que haya paz, estabilidad y seguridad en Oriente Medio es necesario implementar esa solución. En estos momentos la única forma de protegerla es dejar de hablar de ella y ponerla en marcha. Eso pasa por el reconocimiento de un Estado palestino, ya que España desde luego reconoce al Estado de Israel. Al final, el pueblo palestino no tiene por qué estar condenado eternamente a ser un pueblo de refugiados. Su esperanza se llama Estado palestino. Y junto con la seguridad del pueblo de Israel, que tiene unas legítimas aspiraciones de seguridad, están íntimamente entrelazadas.

“El pueblo palestino no tiene por qué estar condenado eternamente a ser un pueblo de refugiados”

Por lo tanto, en cuanto callen las armas, todos tenemos que intentar que Gaza y Cisjordania queden bajo una única autoridad palestina. Habrá que hacer un enorme esfuerzo de reconstrucción, en el que España está dispuesta a participar y a empujar para que la UE también participe. Hará falta un plan financiero masivo para volver a poner en pie Gaza. Ese plan requerirá fondos árabes, europeos e internacionales.

También habrá que dar una conexión y una continuidad a ese territorio. Gaza y Cisjordania tendrán que estar conectados por un corredor y tener una salida al mar, que en estos momentos no hay. No hay un puerto en Gaza. Y tendrá que tener una capital, que desde luego tiene que estar en Jerusalén Este. Ese es el plan para después, pero el primer movimiento tiene que ser ese reconocimiento. Un reconocimiento que, por cierto, ya han hecho 144 países del mundo, es decir, una amplia mayoría. Ocho de ellos de la UE. Uno de los últimos países del mundo en haber reconocido a Palestina en 2014 fue Suecia, un Estado de la UE.

Ha planteado la idea del corredor y la salida al mar, y de volver al plan de partición de la ONU. ¿Sigue creyendo que es posible, o no hemos traspasado ya el punto de no retorno con la situación que hemos visto este año?

La solución de dos Estados es el problema más antiguo en la mesa de Naciones Unidas. Estamos hablando de algo que surge muy pocos años después de su formación y que sigue sin resolverse. Y, desde luego, poco a poco, aquello que toda la comunidad internacional avala y que todos sabemos que es la fórmula correcta para dejar de lado a los extremistas, a aquellos que no son socios para la paz en uno y en otro lado, que traerá prosperidad, que dará estabilidad, es dos Estados: el Estado palestino y el Estado de Israel. 

Esa solución en la que viven y coexisten juntos en paz, en buena vecindad, en prosperidad, poco a poco se va alejando. Si no hacemos algo ya, muy pronto será una quimera. Habrá sido simplemente una buena fórmula que se leerá en los libros de historia de las relaciones internacionales, pero que nunca llegó a aplicarse. Y, por supuesto, como decía al principio, el reconocimiento del Estado palestino tiene en cuenta también las legitimas aspiraciones de seguridad de Israel. Queremos que dentro de ese plan también exista la normalización de la relación con todos los Estados árabes.

Se ha mencionado mucho la Carta de Naciones Unidas y ese respeto y voluntad de trazar por el derecho internacional. Mucha gente en España se lo ha preguntado, y también ha generado fisuras dentro de su Gobierno: ¿por qué con Palestina se reivindica la Carta de Naciones Unidas y eso no ocurre con el tema del Sáhara Occidental?

La Carta de Naciones Unidas se invoca siempre, pero cada situación tiene un parámetro dentro de las Naciones Unidas completamente distinto. Una de las características de la política exterior de España en estos momentos es la coherencia y la consistencia. Por los mismos motivos que queremos la paz en Ucrania, queremos la paz en Gaza. Y la fórmula planteada y avalada por la comunidad internacional para Palestina y para Oriente Medio es la solución de dos Estados. De ahí el reconocimiento del Estado palestino. 

La cuestión del Sáhara se sitúa en el seno de las Naciones Unidas junto al enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, Staffan de Mistura. Yo soy el primer ministro de Asuntos Exteriores que lo vio después de ser nombrado, y soy con mucha diferencia el ministro de Asuntos Exteriores que más lo ha visto. Mi mensaje es público: estamos junto al enviado especial del secretario general para lo que él necesite: medios materiales, financieros y diplomáticos —de hecho, se ha desplazado a la región en un avión de las Fuerzas Armadas españolas—. Pero es él quien tiene que traer la propuesta.

Así que está la pelota en el tejado de la ONU, básicamente…

Cada situación tiene un enfoque distinto. La de Palestina está situada en la solución de dos Estados. Fue avalada en Madrid en 1991, y por lo tanto, lo que tenemos que hacer todos, es reconocer el Estado palestino. Mientras que la cuestión del Sáhara está en una solución entre las partes y situada por el enviado personal del secretario general. Nosotros, en ambos casos, somos coherentes con las Naciones Unidas.

Entrevistar a políticos de alto perfil es posible gracias a quienes nos apoyan.

Usted es un firme defensor del multilateralismo, pero en los últimos años vemos cómo el sistema multilateral mundial está empezando a fallar. Da muestras de agotamiento y cada vez menos países creen en él. ¿Qué diagnóstico hace del mundo al que vamos? ¿Podemos revivir el multilateralismo o hay que empezar a pensar en otros términos?

Efectivamente, soy un firme defensor del multilateralismo. No porque filosóficamente considere que es una buena idea, que también, sino porque es paradójico que nunca ha sido tan necesario el multilateralismo. Nunca ha sido tan necesaria una respuesta multilateral para hacer frente a los desafíos globales: la lucha contra el cambio climático, las transformaciones digitales, la canalización de los flujos migratorios o el monto financiero necesario para el desarrollo de los países sólo tiene una respuesta multilateral. Y, sin embargo, el multilateralismo nunca ha estado tan cuestionado como en estos momentos.

Eso ocurre por dos motivos a los que tendremos que enfrentarnos y dar una solución. En primer lugar, porque el mundo de hoy es muy distinto al que surgió tras la Segunda Guerra Mundial y que conformó el multilateralismo como lo conocemos. Ya hay potencias emergentes, y sobre todo potencias emergidas hace mucho tiempo, que quieren tener una mayor representatividad, desde cualquier organismo internacional hasta el propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y si su voz no se escucha correctamente, poco a poco irán cuestionando esos organismos que siguen siendo necesarios pero en los que no se sienten representados. 

“La paradoja es que nunca hemos necesitado tanto las respuestas globales y nunca ha estado tan atacado el multilateralismo”

Y en segundo lugar, porque aquellos que prefieren la confrontación van siendo cada vez más numerosos. Eso ocurre también en Europa y en España. Cada vez vemos más fuerzas políticas o más Gobiernos que creen que la colaboración es un signo de debilidad o de falta de eficacia, y que lo suyo es la confrontación, cada uno con sus propios intereses nacionales. Es un error absoluto. Las verdaderas decisiones que hoy en día afectan a los españoles y a los europeos no se pueden resolver con leyes exclusivamente del Parlamento español. Se toman también con directivas y reglamentos que vienen de Bruselas, del G20, de las Naciones Unidas y de todos los organismos en los que participamos. Por tanto, la paradoja es que nunca hemos necesitado tanto las respuestas globales y nunca ha estado tan atacado el multilateralismo.

El 5 de noviembre habrá elecciones en Estados Unidos y no podemos descartar la vuelta de Donald Trump. En el mandato anterior ya tuvimos tensiones comerciales e incluso a la industria europea le faltó poco para acabar en una guerra comercial. Si gana Trump, ¿hay un riesgo de que esa guerra comercial vuelva al territorio europeo desde Estados Unidos?

No me gusta hacer política ficción. Cuando se es ministro de Exteriores se funciona con la realidad. Las relaciones internacionales se basan en los hechos y no en las suposiciones o en los deseos. Lo que sí es evidente es que el Gobierno de España tiene una extraordinaria sintonía con la Administración Biden. Hace muy pocos días estaba con Tony Blinken [secretario de Estado de Estados Unidos] en Washington, repasábamos toda la agenda internacional y los puntos de sintonía eran totales. Firmamos un acuerdo sobre lucha contra la desinformación.

Creo que todos los europeos nos hemos sentido muy a gusto con la Administración Biden. Es una Administración, al igual que el Gobierno de España y al igual que la UE, que considera que la mejor forma de afrontar los grandes desafíos de nuestros ciudadanos es arrimando todos el hombro. Y eso lo hemos demostrado desde la evacuación del aeropuerto de Kabul, la guerra de agresión de Rusia a Ucrania, o cómo hemos atravesado la pandemia.

Si comparamos cómo nos enfrentamos a las dos grandes crisis de los últimos años, la covid-19 y la agresión rusa a Ucrania y el chantaje gasístico de Vladimir Putin, a cómo enfrentamos la crisis financiera de 2008, cuando hemos estado juntos atravesamos las crisis más rápido y nos dejamos mucha menos gente por el camino. Por tanto, yo deseo que al frente de los Estados Unidos haya una Administración como la de Biden, que cree que juntos somos más fuertes.

Hablemos por último de Ucrania. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha insistido en que no descarta “botas sobre el terreno”. España no es favorable a ello: lo han dicho usted y la ministra Margarita Robles varias veces. Pero ahora, con la apertura de ese segundo frente en la zona de Járkov y si fuese real la posibilidad de que Ucrania perdiese la guerra, ¿España estaría dispuesta a plantearse enviar tropas en el marco de la UE o de la OTAN a Ucrania?

No va a haber tropas españolas en Ucrania. Y no me consta que haya ningún estado de la UE o de la OTAN que esté barajando realmente esa idea. Tampoco lo pide el Gobierno ucraniano. Lo que pide son otras cosas, y todas ellas las da el Gobierno de España y la UE: apoyo en material militar, acogida a sus refugiados, ayuda económica para poder sostener en pie su país y apoyo diplomático. Por eso vamos a acudir al máximo nivel a la conferencia de paz en Suiza.

Lo que está claro es que Ucrania está en estos momentos en un momento crítico, absolutamente crítico. Se está vulnerando su soberanía y su integridad territorial, pero también los principios más básicos de la Carta de las Naciones Unidas. Yo siempre explico a nuestros amigos no europeos que esto es una guerra en Europa, pero no es una guerra europea. Porque es un ataque contra la Carta de las Naciones Unidas: principios tan básicos como la igualdad soberana de los Estados o la abolición de la guerra como forma de resolver conflictos entre Estados están puestos en cuestión.

La gravedad se mide viendo qué ocurriría si se pierde esta guerra: si Rusia pierde, sólo perdería una guerra; si Ucrania pierde, deja de existir. Además, para los europeos que tenemos un proyecto político basado en la paz, la democracia y sus valores, eso está siendo cuestionado de manera directa. Por un lado, porque la guerra ha vuelto a Europa. Y por otro, porque lo que Vladímir Putin no perdona a Ucrania es que sueñe con ser uno de nosotros un día. Ese debate se zanjó en nuestra presidencia: Ucrania tiene ya unas conversaciones de adhesión con la UE, y ese es un desafío enorme que vamos a enfrentar.

Pero el desafío al proyecto europeo es doble: tenemos el desafío externo, que es el de Rusia, pero también el desafío interno de las fuerzas de extrema derecha y de aquellas que no tienen ningún escrúpulo en pactar con ellas y que no creen en la tolerancia, en la pluralidad y en la igualdad. Es decir, que no creen en el proyecto europeo. Y el 9 de junio todos nosotros tenemos una cita muy importante para defenderlo con nuestro voto.

Fernando Arancón

Madrid, 1992. Director de El Orden Mundial. Graduado en Relaciones Internacionales por la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Especialista y apasionado de la geopolítica.