El G20 o Grupo de los Veinte es un foro político y económico que reúne cada año a las mayores economías desarrolladas y emergentes del mundo. Su objetivo es promover la estabilidad y el crecimiento económico, aunque también se ha interesado en la pandemia o el cambio climático. Sus miembros son los países del G7 —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido—, Rusia, la Unión Europea y las once principales economías emergentes: China, Corea del Sur, India, Indonesia, Turquía, Arabia Saudí, Argentina, Brasil, México, Australia y Sudáfrica. También participan España como invitado permanente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial.
Fundado en 1999, el G20 concentra a dos terceras partes de la población y al 90% del PIB mundial. Su presidente rota anualmente con la sede, encabeza la Cumbre de Líderes anual y forma parte de la troika. La troika es un grupo de trabajo compuesto por el presidente, su antecesor y su sucesor, que asegura la continuidad de la agenda del foro. La estructura del G20 la completan el Canal de Sherpas, representantes de los jefes de Estado y de Gobiernos que preparan las cumbres, y el Canal de Finanzas, reuniones de los ministros de Economía y presidentes de los bancos centrales. Como complemento, los grupos de afinidad son foros paralelos donde participan organizaciones juveniles, científicas o feministas, entre otras.
Las crisis: origen e impulso del G20
El G20 nació de la reunión de los ministros de Hacienda del G7 en septiembre de 1999 en Berlín. En ella abordaron posibles soluciones tras las consecuencias de la crisis asiática de 1997. Ese año, Tailandia había devaluado su moneda para evitar la salida del capital de inversores descontentos con el rendimiento de su dinero en el país. Frente a la fuga de capitales y al aumento de tipos de interés, el país se declaró en bancarrota, y por efecto contagio colapsaron los mercados financieros en el sudeste asiático y Japón. La intervención del FMI, no obstante, impulsó el crecimiento económico y aseguró la contención de la crisis. De esta manera, quedó patente la necesidad de incorporar a los países emergentes a los foros de debates y de dar una respuesta multilateral a problemas globales.
Una década después, la crisis financiera de 2008 otorgó al G20 un papel primordial. Las primeras tres cumbres de los jefes de Estado y de Gobierno (Washington 2008, y Londres y Pittsburgh 2009) establecieron las bases de la recuperación económica para evitar la recesión global. Por primera vez se acordó un pacto de acción con reformas públicas a favor de liberalizar el comercio. El G20 consolidó así el multilateralismo y la cooperación directa entre Estados como mecanismo para abordar cuestiones globales.
Nuevas prioridades, críticas y tensiones
Una vez asentadas las bases, el G20 se ha reunido cada año desde 2011 y ha incorporado nuevos temas. La cumbre de 2021 en Roma respondió a la crisis sanitaria y económica por la pandemia de la covid-19. Las medidas acordadas se orientaron a aprobar una reforma fiscal para las multinacionales, como un tipo mínimo global del 15% para el impuesto de sociedades. El objetivo era redistribuir los impuestos recaudados en los países donde operan estas corporaciones, además de dificultar su actividad en paraísos fiscales. El otro gran tema de la reunión fue la lucha contra el cambio climático, con la propuesta de limitar el incremento de la temperatura global a igual o menos de 1,5 grados centígrados.
El G20, sin embargo, no ha estado exento de críticas. También constituye un ambiente burocratizado que no consolida las propuestas de las cumbres y su poder es limitado, pues los Estados deben materializar los acuerdos a través de reformas internas. Esta falta de competencias derivan en la necesidad de que intervengan el FMI o el Banco Mundial. El G20 tampoco escapa a los movimientos antiglobalización, que se manifiestan cada año en la sede y días de la cumbre.
El G20 también está sujeto a las tensiones geopolíticas. En Roma, por ejemplo, se notó la división de Occidente con Rusia y China: los presidentes Xi Jinping y Vladímir Putin esquivaron la cita multilateral y asistieron por videoconferencia. La cumbre de 2022 en Bali, Indonesia, llegó marcada por la guerra en Ucrania —con la ausencia de Putin y la presencia virtual de Volodímir Zelenski—, el futuro de la relación Estados Unidos-China y las relaciones entre el Norte y el Sur Global. La cumbre de septiembre de 2023, en India, ha confirmado la división entre potencias, como demuestra la ausencia de Xi Jinping.