Las tasas o tipos de interés son el precio que se paga por el dinero de un préstamo, un crédito u otra operación durante un periodo de tiempo. Por ejemplo, al pedir dinero a un banco, se debe devolver el importe más el porcentaje de interés acordado. El concepto también se refiere a la cantidad que los bancos pagan a sus clientes por invertir su capital. En ese sentido, se denomina “interés negativo” al tipo inferior a cero, que se paga por prestar o depositar dinero.
El factor más relacionado con los tipos de interés es el propio mercado. Cuanto más bajas sean las tasas, habrá mayor demanda de recursos financieros, y a mayores tasas, habrá menos demanda. Mientras tanto, si las tasas suben, aumentará la oferta de dinero, y si estas bajan, disminuirá. Otros factores relacionados con los tipos de interés son la prima de liquidez, la inflación o la deuda pública. En cualquier caso, los bancos centrales, encargados de la política monetaria, establecen el tipo de interés oficial en cada país. La Reserva Federal o el Banco Central Europeo, por ejemplo, fijan la tasa en Estados Unidos y la Unión Europea, respectivamente. En ese marco, existen distintas tasas para hipotecas o préstamos bancarios.
De Roma a la política monetaria
Los intereses existen en Europa por lo menos desde la Antigua Roma. Después el cristianismo los vinculó al pecado de usura, lo cual dejó a los judíos como prestamistas en la Europa medieval. Sin embargo, la necesidad de financiar guerras y el protestantismo flexibilizaron a las monarquías. En los siglos siguientes, los intereses llamaron la atención de los primeros economistas y de las autoridades.
Finalmente, el capitalismo y los primeros bancos centrales empezaron a regular las tasas de interés. El Banco de Inglaterra decidió subirlos durante las guerras napoleónicas para reducir los préstamos y evitar un mayor endeudamiento por el auge del comercio. Al usar las tasas en su política monetaria, marcó un precedente para los bancos centrales de otros países, que pasaron a modificarlas según las necesidades.
Por un lado, en períodos de baja inversión y consumo, las autoridades reducen los tipos de interés para que aumente la demanda de dinero, y así aumentar el dinero en circulación e impulsar la economía. Por el contrario, durante una inflación, es decir, en un aumento generalizado de los precios, suben las tasas de interés para bajar la demanda de dinero, aunque aumenta el riesgo de una recesión.
Los tipos de interés en tiempos de crisis
En esa línea, los bancos centrales también han variado los tipos de interés en situaciones de crisis. Alemania, por ejemplo, los redujo en su hiperinflación de principios del periodo de entreguerras, pero la medida terminó de devaluar la moneda. Cuando pretendió subir los tipos ya era tarde, y al final enfrentó la crisis con una nueva divisa, el ‘marco seguro’.
A finales de la década, en 1929, la economía mundial tambaleó con el crac de la bolsa de Nueva York. La Reserva Federal había mantenido bajos los tipos cuando la burbuja financiera crecía en los años anteriores, hasta que la subida casi al 15% llevó de un exceso a la escasez de liquidez. Ya en los años ochenta, Estados Unidos alcanzó unos tipos del 20% para reducir los efectos de la “gran inflación” previa.
Otro caso sonado es Japón. Tras el estallido en 1990 de la burbuja financiera e inmobiliaria, subió los tipos de interés para contener la inflación. Sin embargo, ese mismo año los redujo porque las familias y entidades acreedoras no podían pagar deudas o créditos. La economía siguió estancada, y el Banco de Japón impulsó en 2001 una política de tasa cero hasta 2006.
Lehman Brothers, pandemia, Ucrania
Los cambios de tipos de interés en un país también han afectado a otros, como en la crisis financiera global de 2008. Las reducciones en Estados Unidos y otros países llevaron a una compra masiva de hipotecas con alto riesgo de impago. Con la quiebra de bancos de inversiones como Lehman Brothers, el aumento posterior de los tipos terminó de hacer impagables las hipotecas para los ciudadanos.
En 2022 se está produciendo un nuevo periodo de inflación por la falta de suministros a raíz de la pandemia de la covid-19 y la guerra en Ucrania. En esta ocasión, el miedo a que la inflación aumente y se mantenga ya ha llevado a la Reserva Federal y al Banco Central Europeo a subir sus respectivos tipos de interés en un 0,75% y un 0,25%.






