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No es el fin del mundo

Cada semana el equipo de El Orden Mundial analiza los temas que mueven la política internacional para intentar desentrañar cómo funciona el mundo.

Decrecimiento: la herejía económica que quiere salvar el planeta

¿Y si la solución a la crisis climática no fuera reciclar mejor ni comprar un coche eléctrico, sino producir y consumir menos? Esa es la premisa del decrecimiento, una corriente de pensamiento que cuestiona uno de los pilares más arraigados de nuestra visión del mundo: que crecer es sinónimo de progreso. En un momento en el que la crisis climática convive con guerras comerciales y tensiones geopolíticas, el decrecimiento propone frenar la producción material como vía para garantizar la supervivencia del planeta.

En el nuevo episodio de «No es el fin del mundo», debatimos sobre los orígenes, las propuestas y los límites del decrecimiento. Repasamos por qué esta teoría cuestiona incluso al desarrollo sostenible, cómo se relaciona con las desigualdades globales y si tiene margen real frente a la deriva autoritaria y unilateral que atraviesa el planeta. Te contamos algunas claves, aunque el episodio completo profundiza mucho más en cada uno de estos puntos.

¿Qué es el decrecimiento y de dónde viene?

El decrecimiento parte de una idea sencilla: la Tierra tiene recursos limitados, así que un crecimiento económico continuo no es posible a largo plazo. No se trata solo de que las materias primas puedan agotarse, sino de que el planeta no puede absorber de forma indefinida las emisiones y la contaminación que genera su extracción y procesamiento. Desde esta corriente se cuestionan tres frentes a la vez: la lógica del crecimiento como garantía de bienestar, el sistema capitalista que lo perpetúa y la mercantilización de la vida cotidiana, cada vez más regida por dinámicas de consumo.

Aunque el término lo acuñó el teórico francés André Gorz en 1972, sus raíces son anteriores. En los años sesenta, el economista Kenneth Boulding ya había planteado la diferencia entre una «economía del cowboy», basada en la conquista de nuevos territorios y recursos sin fin, y una «economía de nave espacial», obligada a administrar con cuidado unos recursos limitados. Poco después, el informe «Los límites del crecimiento», elaborado para el Club de Roma en 1972, alertó de que mantener el ritmo de industrialización y consumo llevaría al planeta a su límite. En el episodio, explicamos cómo esas ideas conectan con el escapismo espacial de figuras como Elon Musk y por qué el decrecimiento sigue vigente medio siglo después.

Propuestas y límites del decrecimiento frente a la crisis climática

Una de las críticas más habituales al decrecimiento es que carece de propuestas concretas, pero en el episodio se repasan varias líneas de actuación bastante definidas. Entre ellas, reducir el extractivismo de recursos estratégicos, impulsar la economía circular basada en reparar, reutilizar y rediseñar productos, o fomentar modelos cooperativos y de bienes compartidos frente al consumo individual. También se aborda una de las paradojas más incómodas del movimiento: países como Ecuador o Bolivia han intentado limitar la explotación de sus propios recursos naturales, pero la falta de compensación internacional y la necesidad de financiar su propio desarrollo han terminado imponiendo, casi siempre, la lógica del crecimiento.

El debate se vuelve más complejo cuando entra la desigualdad en la ecuación. Discutimos si es realista pedir renuncias de consumo a quienes todavía no tienen cubiertas sus necesidades básicas, y advierten del riesgo de que ciertas versiones del decrecimiento deriven hacia posturas ecofascistas si no se plantean como una política democrática y redistributiva. También analizan casos como el de Bután, considerado el modelo decrecentista por excelencia gracias a su índice de felicidad nacional, aunque dependa en gran medida de la India para sostenerse. El episodio cierra preguntándose si el decrecimiento necesita un cambio de mentalidad colectivo o si es más realista transformar el capitalismo desde dentro, como propone el desarrollo sostenible.