La Reserva Federal, también conocida como Fed, es el banco central de Estados Unidos. El Congreso estadounidense la fundó en 1913 con el objetivo de estabilizar la economía del país. Sus funciones principales son gestionar la política monetaria, supervisar las actividades económicas y mantener la estabilidad del sistema financiero nacional. Además, tiene otros objetivos como el crecimiento económico o el pleno empleo. La Fed es independiente del Congreso o del presidente, aunque su actividad se coordina con la del Departamento del Tesoro, encargado de imprimir dinero y de administrar las finanzas del Gobierno federal.
Una solución para evitar el colapso
El origen de la Reserva Federal se produjo en un contexto económico convulso. El sistema monetario y bancario estadounidense se había expandido rápido, pero sobre una base frágil. De este modo, numerosas crisis afectaron entre finales del siglo XIX y principios del XX al sector financiero. El pánico de 1907 hundió la Bolsa de Nueva York y evidenció la debilidad de la banca estadounidense, que carecía de un banco central capaz de proporcionar liquidez para evitar el colapso del sistema.
Ese desplome acentuó el debate en torno a la reforma del sector bancario. Estas discusiones culminaron un año más tarde con la creación de la Comisión Nacional Monetaria, que modificaría la legislación sobre los bancos. Su propuesta estrella era restaurar la figura de un banco central, una institución que ya había existido entre 1791 y 1832 por iniciativa de Alexander Hamilton, padre fundador y primer secretario del Tesoro estadounidense.
Aquellos Primer y Segundo Banco de Estados Unidos habían seguido un modelo de corporación privada con participación del Gobierno federal para regular el crédito público y mantener una moneda estable. Sin embargo, el presidente estadounidense, Andrew Jackson, veía el Segundo Banco como un instrumento con el que las élites financieras del este se aprovechaban de los agricultores y los trabajadores, por lo que inició una ofensiva que paralizó su funcionamiento.
Con el objetivo de no emular confrontaciones pasadas, el presidente de la Comisión, Nelson Aldrich, se reunió con los principales banqueros de Estados Unidos en 1910. El senador republicano propuso un modelo de banco central controlado por los bancos privados. Sin embargo, el conocido como Plan Aldrich fracasó en el Congreso debido al temor de los estados rurales del oeste al control de las grandes fortunas de Wall Street. Aun así, el proyecto sentó las bases de la Ley de la Reserva Federal que el presidente demócrata Woodrow Wilson promulgó en 1913.
Entre lo público y lo privado
La Reserva Federal sigue un modelo que combina aspectos públicos y privados. A diferencia de otros bancos centrales, su sistema es semidescentralizado, y cuenta con tres instituciones clave: la Junta de Gobernadores, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) y los Bancos de la Reserva Federal.
La Junta es el órgano central de gobierno. Consta de siete gobernadores designados por el presidente de Estados Unidos y confirmados por el Senado para un mandato de catorce años no renovables. De entre ellos se escoge al presidente de la Fed, con un mandato de cuatro años, aunque con posibilidad de reelección indefinida. Sus integrantes responden ante el Congreso pero, a diferencia de otras agencias públicas, no se financia con sus asignaciones. La Junta supervisa la acción de los Bancos de la Reserva y desarrolla las medidas que estima oportunas para alcanzar los objetivos de política monetaria del Congreso.
El FOMC, por su parte, protagoniza la aplicación de la política monetaria. Se encarga, por ejemplo, de fijar los tipos de interés. Está formado por doce miembros con derecho a voto. Sus integrantes son los siete gobernadores de la Junta y cinco de los doce presidentes de los Bancos de la Reserva. El presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York es fijo, mientras que el resto rotan cada año. Estos presidentes regionales son designados por un mandato de cinco años renovables, pero sus nombramientos requieren la aprobación final de la Junta de la Fed.
Los Bancos de la Reserva Federal representan el brazo operativo del sistema bancario: son entidades regionales autónomas en los doce distritos financieros del territorio estadounidense. Aunque están organizados de forma similar a una institución privada, operan sin fines de lucro y están obligados a transferir sus ganancias netas al Tesoro de Estados Unidos.
La Reserva Federal, discutida pero clave
La Reserva Federal ha suscitado intensos debates a lo largo de su historia. El de su existencia ha sido constante en la política de Estados Unidos. Los sectores más libertarios respaldan su abolición, ya que consideran que es inconstitucional y socava la libertad de los estadounidenses. A ello se suma la desconfianza histórica de la opinión pública estadounidense hacia cualquier autoridad central. Por el contrario, los defensores de una economía más centralizada reivindican la utilidad de la Reserva Federal y de sus políticas expansivas en casos de emergencia. De hecho, su papel tanto en la Gran Recesión de 2008 como en la crisis del coronavirus la han consolidado como el banco central más influyente del mundo.
La independencia de la Fed también ha sido objeto de controversias. Pese a su carácter teóricamente independiente, varios presidentes han intentado influir en sus decisiones. En los años sesenta, Lyndon B. Johnson presionó al presidente de la Reserva Federal, William McChesney Martin, para no elevar los tipos de interés, con el fin de mantener una política monetaria expansiva que le permitiera financiar la guerra de Vietnam y sus programas sociales. Su sucesor, Richard Nixon, también intentaría coaccionar a la Fed para mantener los tipos bajos antes de las elecciones presidenciales de 1972, lo que disparó la inflación.
La presión contraproducente de Trump
Sin embargo, el caso más destacado de interferencia política es el de Donald Trump. Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, el presidente estadounidense ha convertido a la Reserva Federal en el principal objetivo de sus ataques. De hecho, amenazó con despedir al presidente, Jerome Powell, si no bajaba los tipos de interés, usando como pretexto los supuestos sobrecostos en la renovación de las instalaciones de la Fed. La acusación no era casual, ya que la Ley de la Reserva Federal de 1913 sólo le permite remover a un miembro de la Reserva Federal por “causa justificada”.
Trump usó precisamente esa justificación para cesar en agosto a una gobernadora de la Fed, Lisa Cook, quien, pese a no estar imputada por ningún delito, fue acusada por la Administración de fraude hipotecario. Sin embargo, la negativa de Cook a marcharse ha llevado el caso hasta el Tribunal Supremo. De consumarse su despido, sería la primera vez que un presidente de Estados Unidos cesa a un miembro de la Reserva Federal. La decisión de Trump obedece a su interés por llenar la institución de personas afines. El mandatario busca reemplazar a Cook —nombrada durante el mandato del expresidente Joe Biden— por un perfil más cercano y tener así mayoría en la Junta de Gobernadores antes de la reelección de los presidentes de los Bancos de la Reserva Federal a principios de 2026.
De este modo, Trump se aseguraría el control del FOMC para alcanzar su objetivo más deseado: bajar significativamente los tipos de interés. Su finalidad con este movimiento es estimular el crecimiento económico y reducir los costes del endeudamiento. La Fed se había negado durante meses a ello para evitar un repunte de la inflación. Sin embargo, Powell anunció en septiembre el primer recorte de tipos desde diciembre de 2024, aunque no tan pronunciado como esperaba Trump. Con todo, las injerencias de Trump en la Fed serán contraproducentes para la economía estadounidense. La Reserva Federal sólo se ocupa de los tipos de interés a corto plazo, y la reducción de estas tasas podría aumentar la inflación y dañar la credibilidad del organismo. Ante esta situación, los inversores exigirán más rentabilidad en la deuda a largo plazo para compensar ese riesgo, lo que aumentará el coste de los préstamos para el Gobierno estadounidense y los compradores de vivienda.






