Xi Jinping es un continuista, no un líder rompedor

Xi Jinping es percibido en Occidente como un rupturista que ha iniciado una nueva etapa de autoritarismo en China. Sin embargo, ha reprimido Xinjiang usando la estrategia aplicada en el Tíbet, y no es el primer líder chino que limita el capitalismo en el país o que usa la corrupción como arma política.
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Xi Jinping es un continuista, no un líder rompedor
Fuente: elaboración propia

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“Necesitamos un liderazgo fuerte ahora que se acercan tiempos difíciles con Estados Unidos”, me dijo un miembro del Partido Comunista de China en uno de los últimos viajes que hice al país antes de la covid-19. Durante esa misma estancia no era extraño que me topara con carteles y más carteles con la cara del presidente Xi Jinping. Al mismo tiempo, la represión de minorías aumentaba en regiones como Xinjiang, o se anunciaba que la norma que limitaba la presidencia de China a dos mandatos desaparecía. ¿Estaba inaugurando Xi una etapa de autoritarismo más personalista y represora?
Es tentador presentar a Xi como un rupturista respecto a sus antecesores Hu Jintao, Jiang Zemin y Deng Xiaoping. China entra en este juego dándole un mayor espacio propagandístico que a ellos y mostrándolo como un pionero de una nueva etapa de liderazgo mundial. Por otro lado, los medios de comunicación extranjeros, que premian la noticia por encima de la continuidad histórica, también juegan a destacar la excepcionalidad de Xi. Sin embargo, en la mayoría de campos donde le han presentado como un “inaugurador” hay más continuidad que ruptura.
Mano dura dentro y fuera de China
El carácter más represor de Xi se ha destacado en la campaña de asimilación forzosa en Xinjiang, así como en el desmantelamiento del movimiento anti-Pekín de Hong Kong. Sin embargo, hay un antecedente claro bajo Hu Jintao y Jiang Zemin: el caso de Tíbet. Como en Xinjiang o Hong Kong, donde la mano dura se ha aplicado frente a las revueltas, en Tíbet se implantó un sistema de control extremo que ha conseguido eliminar las protestas esporádicas que hasta hace pocos años aparecían en la región. El hombre que aplicó este modelo de control en Tíbet, Chen Quanguo, llegó durante la etapa Hu, y Xi después lo envió a Xinjiang para aplicar el mismo libreto. El propio Hu Jintao estuvo a cargo de la represión del movimiento tibetano de 1988 a 1992, coincidiendo con la represión de Tiananmén que dirigió Deng Xiaoping.

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Javier Borràs

Analista y consultor político especializado en Asia. Es autor del libro sobre China Roja y gris. Ha publicado en El País, El Mundo, La Vanguardia o Esglobal. Trabajó como corresponsal para la Agencia EFE en China. Tiene un Máster en Políticas Públicas de University College London.