Ciudad sagrada para el cristianismo, el islam y el judaísmo, Jerusalén protagoniza una de las disputas más importantes del conflicto árabe-israelí. Israel reclama todo el municipio como su capital, mientras que Palestina considera su parte oriental, ocupada militarmente por el país judío desde 1967, el centro administrativo de un futuro Estado palestino independiente. El corazón de esa disputa es la ciudad vieja: allí se encuentra una colina venerada tanto por judíos como musulmanes, conocida como el Monte del Templo para los primeros y la Explanada de las Mezquitas para los segundos. Es el punto donde la Biblia ubica los primeros templos judíos y se considera el lugar más santo del judaísmo y el tercero del islam, tras La Meca y Medina.
En 1947 la ONU propuso un plan —conocido como la “solución de los dos Estados”— para dividir el Mandato británico de Palestina en tres territorios: un Estado judío, otro árabe y la ciudad de Jerusalén, un "corpus separatum" que debía ser administrado por las Naciones Unidas por su importancia religiosa. La propuesta fue aceptada por el sionismo pero rechazada por los árabes, un desacuerdo que desembocó en la primera guerra árabe-israelí de 1948 y en la creación unilateral del Estado de Israel.
El armisticio de 1949 dibujó una Línea Verde que partió Jerusalén en dos: una parte occidental que Israel convirtió en su capital y otra oriental que quedó en manos de Jordania. En 1967, sin embargo, el país hebreo ocupó la mitad que escapaba de su control en la guerra de los Seis Días, y en 1980 se la anexionó, un movimiento que nunca ha sido reconocido por la comunidad internacional.
Desde entonces, Israel ha ido colonizando partes de Jerusalén este con asentamientos ilegales y cercando y segregando a la comunidad árabe y otras minorías con un muro que se extiende por casi toda Cisjordania. De acuerdo con los datos de la ONU, el 35% de la superficie de la zona oriental de Jerusalén ha sido expropiado para la construcción de asentamientos isr...