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El libre comercio vive sus horas más bajas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, arquitecto del orden liberal internacional, está afianzando su viraje hacia el proteccionismo. Comenzó con el Make America Great Again de Donald Trump, que trajo nuevos aranceles y la salida de acuerdos comerciales. Joe Biden ha consolidado esta deriva con planes de inversión masivos, trato preferencial a empresas nacionales y sanciones al sector tecnológico chino. Su objetivo es fomentar la producción y el consumo interno en un contexto global de tensiones comerciales y geopolíticas, pero para ello utiliza medios cada vez más polémicos.
Entre estos destaca la Inflation Reduction Act, una pieza legislativa de marcado carácter proteccionista firmada el pasado agosto que incluye subsidios que discriminan a empresas extranjeras. Esto ha terminado con la paciencia de la Unión Europea, que ha criticado lo que interpreta como un ataque a la arquitectura del sistema económico liberal. Pero Bruselas también ha dado un golpe en la mesa con su propio plan industrial para contrarrestar la ofensiva estadounidense.
Una lluvia de subsidios
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