Joe Biden ha sacado la artillería para imponer las sanciones más contundentes contra el sector de los semiconductores chino hasta la fecha. Esta nueva ofensiva tecnológica es una respuesta a los importantes avances de China en la fabricación de chips de alta gama. El pasado agosto, Pekín dejó atónito al sector al presentar su primer chip menor de siete nanómetros (nm), haciendo saltar las alarmas en Washington. No es para menos.
En el mundo de los chips, el estatus se mide de manera inversamente proporcional al tamaño: cuanto más pequeños, más se pueden agrupar en un mismo procesador y más poderosos son. Fabricar chips por debajo de los 10 nm es sinónimo del mayor desarrollo tecnológico. Hasta ahora solo Taiwán, hegemón mundial en este sector, y Corea del Sur, los fabricaban. Pero China se ha unido a este selecto grupo, a pesar de que las sanciones occidentales parecían hacerlo imposible. Para contestar a estos avances chinos, Estados Unidos impone ahora nuevas restricciones. Necesita defender su posición en un sector crucial si quiere asegurarse la hegemonía económica, tecnológica y militar.
China tira de imaginación y robo de talento
No es la primera ni la última vez que Estados Unidos restringe las exportaciones a China: Washington libra desde hace años una guerra tecnológica contra Pekín. Iniciadas por Trump y endurecidas por Biden, desde 2020 las sanciones prohíben a ciertas empresas chinas acceder a software y maquinaria clave en la producción de chips. Las sanciones no solo afectan a firmas estadounidenses, también a cualquier producto que contenga componentes o propiedad intelectual Made in USA. Fue así como en 2021 China se quedó sin la maquinaria necesaria para fabricar chips de última generación, cuya producción está monopolizada por la empresa neerlandesa ASML.
Adiós, guerra comercial. Hola, guerra tecnológica
Sin estas máquinas, bajar de los 10 nm parecía imposible, pero para sorpresa de todos China lo consiguió en ...