Producción placas solares

¿Quién controla la producción de placas solares en el mundo?

En la última década el centro productivo de placas solares se ha trasladado desde Occidente a China, que controla casi todo el suministro
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Las placas solares se han convertido en un elemento clave en la transición energética global. En la última década, su producción eléctrica se ha multiplicado por 16 y su precio se ha reducido a una décima parte, según datos de la Agencia Internacional de Energía. Y pese a ello, es una revolución que apenas comienza a levantar el vuelo: el ritmo de ampliación de la capacidad fotovoltaica instalada debe cuadriplicarse y la producción de sus componentes duplicarse de aquí a 2030 si el mundo quiere alcanzar las cero emisiones netas para 2050, el límite fijado por el Acuerdo de París.

Ese objetivo, sin embargo, trae consigo riesgos de desabastecimiento que podrían hacer descarrilar las ambiciones verdes de Europa y Norteamérica. Y es que en los últimos diez años el centro productivo de paneles solares se ha trasladado desde Occidente hasta China, hasta el punto de que en 2021 el control del gigante asiático superaba el 70% en todas las fases de la cadena de producción. Pekín es el artífice del enorme abaratamiento que ha experimentado la instalación de energía solar, pero a cambio ha monopolizado su manufacturación.

En concreto, China ha invertido desde 2011 cerca de 50.000 millones de dólares en aumentar su infraestructura para fabricar placas solares ―diez veces más que Europa― y por el camino ha creado 300.000 puestos de trabajo, según el informe especial de la Agencia Internacional de Energía de 2022 sobre componentes solares. Esa contundente apuesta le ha granjeado el dominio de hasta el 75% de la producción de polisilicio, el material básico de los paneles fotovoltaicos; el 97% de las obleas que se fabrican con él y a partir de las cuales se fabrican las células solares cristalinas, de las que controla el 79%; y el 85% de los módulos finales.

Su demanda, por el contrario, apenas supone un tercio de la que se registra a nivel global, por lo que es el gigante asiático el que está sosteniendo la transición verde del resto del mundo. Además, sus inversiones en Malasia y Vietnam han convertido a estos países a su vez en potencias exportadoras de componentes solares y a juzgar por las construcciones actuales China se hará con el control del 95% de la producción de polisilicio ―tanto en bruto como en bloques― y obleas para 2025. Solo la región china de Sinkiang acumula el 40% de la fabricación mundial de este material.

El potencial de la energía solar en el mundo

Ese nivel de concentración representaría una vulnerabilidad preocupante en cualquier cadena de suministro, y en la de paneles solares, dada su importancia para la transición energética y la reducción de la dependencia de algunas regiones, el riesgo es aún mayor.

El problema es el que el resto de fabricantes no pueden competir en precio con los productores chinos. La mayor capacidad de sus plantas de manufacturación, las ventajas tecnológicas, los costes salariales más bajos y las ayudas estatales sitúan en un estrato superior la cadena del gigante asiático, a día de hoy inalcanzable para cualquier otro país.

Los grandes productores de energía solar en el mundo

Europa, antaño a la vanguardia del sector y la región que ha apostado de forma más decidida por las renovables, creó en 2022 la Alianza Europea de la Industria Solar Fotovoltaica para diversificar el suministro de componentes, canalizar financiación y facilitar la cooperación entre las distintas empresas del bloque comunitario. A pesar de ello, los elevados costes de la energía que está experimentando coartan la recuperación de la cadena de producción, ya que repercuten en el coste final de los paneles solares y reducen su competitividad.

A ello hay que sumar el plan de subsidios de Estados Unidos para las empresas que produzcan tecnología verde en su territorio, otra amenaza directa para la viabilidad del plan europeo para producir sus propias placas solares. Bruselas se plantea ahora lanzar su propio plan de ayudas estatales para determinados sectores estratégicos, pero lejos de abaratar la transición energética, la carrera de subsidios podría crear nuevas crear barreras al comercio de paneles y dificultar la diversificación de su abastecimiento.

El mapa de la nueva globalización

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