Placas solares chinas o retrasar la transición verde: el dilema energético de Europa

Europa quiere aprovechar la transición energética para potenciar la industria de las energías verdes. Sin embargo, China domina el sector de manera aplastante. Bruselas podría hacerle frente con aranceles y subsidios para reducir su dependencia, pero el modelo sería mucho más caro y lento.
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Placas solares chinas o retrasar la transición verde: el dilema energético de Europa
Fuente: elaboración propia con Midjourney

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La Unión Europea encontró hace poco la que parecía la solución perfecta a muchos de sus males: aunar sus objetivos climáticos y económicos a través de la reindustrialización verde. La estrategia se centra en fomentar el tejido industrial invirtiendo en sectores clave para reducir emisiones, como la fabricación de paneles solares, turbinas de viento, baterías y vehículos eléctricos, bombas de calor o electrolizadores necesarios para generar hidrógeno verde.
Parece un plan infalible. Por un lado, se acelera la transición ecológica, se reducen emisiones y se refuerza la independencia energética de Europa. Al mismo tiempo, se impulsa la economía, se mejora la balanza comercial y se avanza en la competitividad de las industrias europeas gracias a menores costes energéticos en el futuro. Pero no es tan fácil. Una transición energética made in Europe sería menos eficiente que el modelo actual, basado en las importaciones baratas desde China y que ha permitido a la UE instalar renovables de manera masiva en los últimos años. Y si la Comisión sigue con sus planes para defender el mercado único de la competencia china, la descarbonización europea puede tardar mucho más en llegar.
David contra Goliat
El concepto de la reindustrialización verde se popularizó en Bruselas durante la crisis energética. La Unión Europea tuvo que sustituir gran parte del gas ruso, y la autonomía estratégica se convirtió en una prioridad para los Veintisiete. Desde entonces, el bloque se ha volcado con la industrialización verde, sacando varios planes de inversión en industrias limpias y reforzando los esfuerzos diplomáticos para atraer macroproyectos de baterías eléctricas o electrolizadores. También se acaba de fijar un objetivo para 2030: fabricar en las fronteras comunitarias el 40% de las tecnologías necesarias para alcanzar las cero emisiones.
Pero el interés de Bruselas llega demasiado tarde. China lleva años subsidiando la fabricación de tecnologías renovables y ahora domina el sector de mane...

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Isabel Valverde

Ourense, 1997. Máster en Economía Política Internacional por la London School of Economics and Political Science. Disfruto analizando como la geopolítica afecta a la economía internacional y me fascina China, el cambio tecnológico, la política industrial y la energía. Colaboro con Agenda Pública y he sido consultora de asuntos públicos para el sector energético.