Si 2018 fue el año en el que la presidencia de Donald Trump quedó normalizada, tanto en el aspecto de sus políticas como en su peculiar forma de llevar los asuntos de la nación, 2019 será el año en el que se comience a hacer un balance general de su mandato y empiecen a perfilarse en el horizonte las presidenciales de 2020. Pero, a pesar de que durante esta etapa nada ha descarrilado en Estados Unidos —al contrario de lo que se vaticinaba—, tiene varios frentes abiertos tanto dentro como fuera del país que pueden llevarlo a algunas dificultades y minar su capital político de cara a la reelección de 2020.
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