En el foco Geopolítica América del Norte

Estados Unidos en 2019

Estados Unidos en 2019

Estados Unidos encara 2019 como un año transitorio entre la consolidación de la presidencia de Donald Trump en 2018 y las presidenciales del año 2020. Varios asuntos relevantes marcarán la agenda, desde la guerra comercial con China hasta la postulación de candidatos presidenciales, especialmente demócratas. Todo ello en un contexto en el que la economía y la política tienden a la parálisis.

Si 2018 fue el año en el que la presidencia de Donald Trump quedó normalizada, tanto en el aspecto de sus políticas como en su peculiar forma de llevar los asuntos de la nación, 2019 será el año en el que se comience a hacer un balance general de su mandato y empiecen a perfilarse en el horizonte las presidenciales de 2020. Pero, a pesar de que durante esta etapa nada ha descarrilado en Estados Unidos —al contrario de lo que se vaticinaba—, tiene varios frentes abiertos tanto dentro como fuera del país que pueden llevarlo a algunas dificultades y minar su capital político de cara a la reelección de 2020.

La política interna ya mira a 2020

Uno de los aspectos en los que se fundamentó la victoria de Trump allá en 2016 fue el económico y laboral. Tal es así que las cifras de crecimiento —que han llegado a ser superiores al 4% durante 2018— y una tasa de desempleo históricamente baja han sido esgrimidas como ejemplos de las promesas cumplidas y de su capacidad como político y gestor. Más allá de su mayor o menor papel en estos logros, lo cierto es que lo bueno no dura para siempre. Sin caer en la euforia que cree vivir una nueva edad de oro de la economía estadounidense ni tampoco en el pesimismo que desde algunos estudios y revistas se apunta —que incluye una próxima recesión en el país—, el aumento de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y la intensa guerra comercial que ha desatado con China deberían ralentizar el ritmo de la economía del país.

Para ampliar: “No es solo una guerra comercial”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2018

La Casa Blanca también será otro lugar en el que se pueda ir midiendo el pulso del Gobierno estadounidense. Durante los dos años anteriores de mandato, han sido frecuentes las dimisiones, destituciones, filtraciones y polémicas de todo tipo relacionadas con miembros del Gobierno o del propio gabinete presidencial, a menudo con Trump como protagonista o como una de las partes que motivan la crisis. Aunque pudiera parecer que con el tiempo Trump ha rediseñado un gabinete más de su gusto, la lista de excolaboradores y exmiembros de la Casa Blanca es larga y a menudo se argumenta que la impulsividad y el temperamento del presidente provocan que, al más mínimo desencuentro con algún colaborador, pierda su confianza en esa persona y solo busque su salida.

Esto, al igual que su delicada relación con algunos medios de comunicación, aumenta la sensación de desgobierno y rumbo errático y puede acabar marcando la agenda política. Tras las elecciones de medio mandato en noviembre de 2018, quedó una Cámara de Representantes en manos demócratas frente a un Senado bajo mayoría republicana. Eso avanza un año en el que habrá confrontación en el legislativo: las mayorías existentes llevarán a un juego de bloqueos entre partidos que supondrá una parálisis parlamentaria. Como añadido, también está la cuestión de la investigación del fiscal Robert Mueller, que concluirá si hubo o no relación entre la campaña presidencial de Trump y Rusia. Si esta se produjo, es posible —pero ni mucho menos seguro— que los demócratas lancen un impeachment para desgastar a Trump y obligar a los republicanos a retratarse en el Senado —e incluso dividir al partido—, aunque es bastante improbable que tenga éxito por carecer de la mayoría necesaria en dicha cámara —dos tercios—.

Para ampliar: “Especial sobre la trama rusa”, Trajan Shipley en El Orden Mundial, 2018

Todo lo anterior también forma parte del contexto preelectoral que viviremos a lo largo de este año; probablemente antes del verano austral, se deberían de ir perfilando los candidatos, sobre todo demócratas, de cara a las presidenciales de 2020. Aunque las primarias no empezarán hasta el mismo año electoral, suele ser frecuente que los distintos candidatos a cada partido anuncien sus intenciones de presentarse. En el Partido Republicano no debería haber excesivas sorpresas: Trump todavía puede salir reelegido en otro mandato presidencial y, pese a sus carencias, todavía goza de popularidad entre su electorado, por lo que no es una mala apuesta de cara a 2020. Los demócratas, en cambio, están aún en proceso transitorio y carecen de un liderazgo sólido. Aunque los candidatos a las primarias puedan ser muchos, a finales de 2018 los que más posibilidades se calcula que pueden llegar a tener son Bernie Sanders, quien ya se postuló para 2016; la senadora Elizabeth Warren; el vicepresidente de Obama, Joe Biden; el senador Cory Booker, o el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg. Lo que sí es previsible es que los demócratas hayan aprendido del batacazo de Hillary Clinton en los “estados bisagra” y busquen construir un candidato con un mensaje político definido y unas propuestas más sólidas, lejos del centrismo vacío por el que apostaron en 2016, ya que la geografía electoral del país cada vez va más en detrimento demócrata.

Una política exterior marcada por la guerra comercial

De cara al mundo, habrá que vigilar ciertas cuestiones en las que Estados Unidos es protagonista. La que previsiblemente es de mayor importancia, especialmente por las implicaciones que tiene a escala mundial como en cada una de las partes, será la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Aunque en la cumbre del G20 en Buenos Aires se llegase a una especie de tregua de tres meses en los que no habría más escaladas arancelarias, es un tiempo que únicamente puede servir para dos cosas: llegar a un acuerdo entre Pekín y Washington en el que Estados Unidos obtenga ciertas concesiones y compromisos por la parte asiática —especialmente en materia de inversiones, respeto de patentes y comercio— o dilapidar ese tiempo y reanudar la guerra comercial con nuevas subidas arancelarias. Aunque el primer escenario sería deseable para ambos países —ya están saliendo dañados, cada uno en distintos aspectos—, el segundo es el más probable. Ambos Estados están especulando con que el otro cederá antes para evitar más daños a su economía, lo que supondría que todavía tienen margen para ganar. Quizá a lo largo de 2019 alguno de ellos se dará cuenta de que la victoria que va a obtener va a ser pírrica.

Norteamérica, la Unión Europea y el sudeste asiático constituyen las tres regiones con mayor peso económico del mundo.

El nuevo año no debería deparar sorpresas más allá del ya de por sí sorprendente estilo de Trump. Dentro de los cauces previsibles, la política exterior estadounidense debería de seguir el rumbo marcado a lo largo de 2018, muy supeditada a las intenciones y decisiones del presidente. Así, habrá temas recurrentes durante el año, como el proceso de paz y tensión en Corea —un tira y afloja que tiene una buena proporción de escenificación que conviene a Pionyang o Washington—, una mayor presión sobre Irán en forma de sanciones —medidas que ya se implementaron este 2018—, el respaldo de la política exterior de Israel y Arabia Saudí en la región de Oriente Próximo y quizá algún roce puntual con el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, si este desarrolla al inicio de su mandato políticas de proteccionismo económico que afecten a los intereses estadounidenses, así como posibles tensiones con algunos líderes europeos a cuenta de las elecciones de mayo en la UE, algunas políticas comunitarias o el recurrente tema de la escasa aportación de los socios europeos a la OTAN.

Para ampliar: “El tratado norteamericano de libre comercio, en la encrucijada”, Trajan Shipley en El Orden Mundial, 2018

No debería ser, por tanto, un año excesivamente complejo para la geopolítica —local y mundial— estadounidense al ser un año de transición, sin eventos importantes. De todas formas, conforme el horizonte electoral de 2020 se comience a perfilar, sí que puede empezar a haber giros electoralistas, tanto en clave interna como en la política exterior del país, pensando ya en la cita presidencial. Además, sucesos imprevistos en otros lugares del mundo —como un nuevo ataque químico en Siria, por ejemplo— pueden suscitar una reacción imprevista de Estados Unidos, lo que desviaría el rumbo esperable.