Moon Jae-in, el presidente de Corea del Sur, acude frente a los micrófonos de una rueda de prensa y, sonriente, anuncia al público que la paz está cada vez más cerca. El optimismo llenará las portadas y los artículos de prensa del día siguiente, pero falta lo más importante: que China y Estados Unidos se apunten —aunque la mayoría de los medios no lo anuncien—.
No existe la paz en Corea. Al menos, no desde 1950 en términos jurídicos. Tras tres años de guerra, los dos bloques —comunista, personificado por Pekín, con sutil apoyo soviético al norte, y capitalista, con Estados Unidos apoyando al sur vía Naciones Unidas— trataban de evitar el avance del otro cerca de sus fronteras. Era el primer escenario de la Guerra Fría.
En 1953 el comandante de los Voluntarios del Pueblo de China, el futuro líder supremo norcoreano Kim Il-sung y el general de las fuerzas de Naciones Unidas —comandadas por Estados Unidos— firmaban un armisticio para poner fin a las hostilidades en espera de un tratado de paz. Con el Armisticio de Panmunjom, la República Democrática Popular de Corea —más conocida como Corea del Norte— aparecía como una zona neutra, un tapón geográfico gracias al cual ni China ni la URSS tendrían la influencia estadounidense directamente en su frontera. Corea del Sur no firmó el armisticio porque se negaba a la división de la península en dos partes a través del paralelo 38, aunque sus intereses quedaron reflejados con la firma estadounidense.
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