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El orden internacional ha abrazado el pragmatismo y Estados Unidos es consciente de ello. Joe Biden continuará su viraje hacia el proteccionismo para asegurar el liderazgo geopolítico frente a China, lo que complicará las relaciones con Europa. Mientras tanto, demócratas y republicanos se preparan para las elecciones presidenciales de 2024, profundizando las divisiones internas.
Hacia las presidenciales de 2024
Sin grandes citas electorales, 2023 será el año de preparación para las elecciones presidenciales de 2024. Los republicanos parten con ventaja: Donald Trump ya ha anunciado que volverá a presentarse. El expresidente buscará aumentar su visibilidad con más intervenciones públicas y ataques al Gobierno. En ese sentido serán clave las investigaciones en el Congreso contra el hijo del presidente, Hunter Biden, o el caso reciente de los documentos secretos hallados en una oficina privada del mandatario.
Sin embargo, Trump no parte con perspectivas tan buenas. Los candidatos que respaldó en las midterms no obtuvieron buenos resultados y, según una encuesta reciente, su popularidad ha caído entre los votantes. Además, el expresidente tiene varias causas en marcha que podrían inhabilitarlo o condenarlo a prisión, como la investigación parlamentaria sobre su papel en el asalto al Capitolio, que el comité de investigación ya ha remitido al Departamento de Justicia, y la de los documentos incautados en Mar-a-Lago. Otro reto para Trump serán sus competidores. Es previsible que el gobernador ultraconservador de Florida que arrasó en las midterms, Ron DeSantis, anuncie su candidatura en los próximos meses.
La otra gran incógnita que se resolverá en 2023 es la candidatura de Biden a la reelección. Ya ha mostrado su intención de lanzarse, pero no está claro que su partido le vaya a apoyar. Aunque consiga sacar adelante políticas populares y sortear la inflación, su mala imagen, edad avanzada y torpezas públicas no le auguran buenas perspectivas. El problema es que no hay candidatos claros a sustituirlo y no los habrá hasta que Biden no dé el paso. Con todo, aquellos con mejores perspectivas para presentarse son los miembros populares del Gobierno, como el secretario de Transporte, Pete Buttigieg, o políticos que brillaron en las midterms, como la senadora Amy Klobuchar o el gobernador de Colorado, Jared Polis.
La única gran cita electoral de 2023 en Estados Unidos puede ser el referéndum sobre el estatus territorial de Puerto Rico. Aunque es muy poco probable que el Senado apruebe la propuesta, de salir adelante, la mayoría de puertorriqueños optaría por dejar de ser un estado libre asociado para convertirse en el estado número 51 del país.
Recuperación económica con la sociedad dividida
El principal reto de Biden en su segunda mitad de mandato será asentar la recuperación económica. Aunque parte con datos favorables, con un ritmo de crecimiento de alrededor de 2% y un consumo recuperado desde la pandemia, tendrá que seguir haciendo frente a la inflación. Después de varias subidas de los tipos de interés, que ya superan el 4%, la Reserva Federal ralentizará su incremento. A pesar de los riesgos financieros de esta política, el dólar ganará valor frente a otras monedas, beneficiando a la economía estadounidense. No obstante, seguirá perjudicando a otros países, como sus aliados europeos, Egipto o Ucrania, que verán encarecida su deuda mientras se enfrentan a recesiones y escasez.
En la recuperación económica serán fundamentales los paquetes estrella de Biden, como la Infrastructure Law, el Climate Spending Package o el Inflation Reduction Act. Estas inyecciones de dinero público no solo dinamizan la economía, también atraen inversión extranjera. Por lo tanto, el Gobierno buscará profundizarlas, avanzando en la transición ecológica, la relocalización de sectores estratégicos y la reindustrialización. Un modelo proteccionista que algunos ya han calificado de “Bidennomics”.
Donde Biden no lo tendrá fácil será en la política social. 2022 ha sido un año de retrocesos, como la derogación del derecho al aborto a nivel federal, lo que llevó a su prohibición en varios estados conservadores. Al tener cargos vitalicios, la Corte Suprema puede seguir derogando derechos o dejándolos al criterio de los estados, lo que dividirá aún más al país y puede erosionar su democracia. Los casos y leyes en riesgo en 2023 son Merrill vs. Milligan, que afecta al derecho al voto de las personas negras y otras minorías, o Moore vs. Harper, que permitiría a los estados tener leyes electorales propias, pudiendo limitar el acceso al voto de ciertos colectivos. También el Indian Child Welfare Act, que prohíbe la separación forzosa de menores indios de sus familias. Otros derechos que estarían en el punto de mira del tribunal son el matrimonio igualitario o el acceso a anticonceptivos.
Tensión con Europa, competencia con China
La guerra de Ucrania seguirá marcando la política exterior estadounidense en 2023. A pesar de que el control republicano de la Cámara de Representantes puede limitar el envío de ayuda, Washington seguirá siendo el principal aliado de Kiev, a través de ayuda militar y apoyo diplomático. Lo demuestra el incremento de un 8% de su presupuesto de defensa para este año, con planes de financiación específicos para Ucrania y Taiwán.
Según se desarrolle el conflicto, podrían aumentar los contactos con Rusia para discutir cuestiones como la tensión nuclear o un potencial alto al fuego, siempre poniendo por delante a Ucrania. En cuanto a Europa, las relaciones serán algo tensas. La política económica de Biden hará que pierdan competitividad frente al mercado estadounidense. A esto se suma que Estados Unidos seguirá siendo uno de los principales suministradores de gas a Europa. Aunque el diálogo entre la Administración Biden y Bruselas siempre ha sido positivo y mantendrán los cauces de colaboración, el giro proteccionista de 2023 puede levantar asperezas, en especial con economías líderes como Francia o Alemania.
Otro pilar de la política exterior estadounidense será la competición tecnológica, comercial y geopolítica con China. Después de sancionar el sector de los semiconductores, Biden seguirá vetando los intercambios en sectores como la inteligencia artificial. Incluso se especula que limitará el acceso a los datos personales de sus ciudadanos a aplicaciones chinas como TikTok. Con el presidente Xi Jinping reforzado, China redoblará la presión sobre Taiwán, lo que obligará a Estados Unidos a hacer valer su condición de aliado. Aunque un enfrentamiento directo es improbable, ambas potencias contribuirán a una carrera militar en el Pacífico, a la que se están sumando Japón, Australia e India a través del Quad.
Un fracaso de 2022 fue la vuelta del acuerdo nuclear con Irán. La represión del régimen iraní contra los manifestantes por la muerte de Mahsa Amini alejará aún más las posturas y hará muy improbable revivirlo en 2023. Biden ya ha dicho que el acuerdo está “muerto”. Justo lo contrario pasará con Venezuela, que ha retomado el contacto con Washington por la crisis energética. Aunque habrá pocos cambios en las críticas al Gobierno de Nicolás Maduro, profundizarán relaciones en torno al petróleo. Algo parecido ocurrirá con Arabia Saudí, con quienes se esforzarán en reestablecer los lazos previos a Biden, quien lo designó como “Estado paria”. Venezuela y Arabia Saudí son prueba de ese pragmatismo que reinará en 2023. Un cambio de orden que Estados Unidos tratará de navegar para mantener su liderazgo económico y geopolítico.