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El resultado de las próximas midterms podría condicionar la ayuda de Estados Unidos a Ucrania. Los republicanos parten con buenos pronósticos, y el líder del partido en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, ya ha criticado su coste y poca supervisión. El senador de Missouri, Josh Hawley, ha denunciado que Estados Unidos aporta más ayuda que todos los países europeos combinados. En mayo los republicanos ya se opusieron a una partida de 40.000 millones de dólares en asistencia a Ucrania. En Kiev se han mostrado “en shock” ante ese rumbo y han pedido compromiso con su causa.
Hasta la fecha, el Gobierno de Joe Biden ha destinado 17.500 millones de dólares en forma de armamento, equipamiento y financiación. Una ayuda clave en los avances ucranianos de los últimos meses, sobre todo en el este y el sur, y que convierte a Washington en el principal apoyo de Ucrania. Sin embargo, la crisis inflacionaria estadounidense, derivada del conflicto, podría hacer que las tesis republicanas cobren fuerza. Un mayor control del Congreso les permitirá limitar este gasto, a riesgo de que Rusia recupere la moral perdida.
¿Cuánto pesa el America first?
Las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos son un buen medidor de la popularidad del presidente y su partido. Como la tasa de aprobación de Biden no supera el 42%, la mayoría demócrata en el Congreso peligra. Especialmente en la Cámara de Representantes, donde los republicanos solo necesitan cinco puestos para lograr la mayoría. No tanto en el Senado, donde la renovación de un tercio de la bancada afecta más a los republicanos: se disputan veintiún puestos, y los demócratas catorce. Con todo, controlar la Cámara les aseguraría más capacidad de bloqueo a las políticas de Biden, incluida la exterior.
A pesar de la buena sintonía pasada entre Vladímir Putin y Donald Trump, quien hace unos meses se prestó a mediar en el conflicto, los republicanos no son favorables a Rusia y han sido claros en su apoyo a la causa ucraniana. El afán por limitar la ayuda parte de su visión aislacionista y proteccionista, encarnada en el lema del mandato de Trump: America first. Su política exterior se caracterizó por describir a Europa como una carga a la que debían proteger, pero que colaboraba poco en esa defensa. Aunque Trump ya no está en el poder, este discurso sigue guiando al Partido Republicano, en especial desde las primarias de agosto, cuando candidatos como Liz Cheney llegaron a hablar de una purga de críticos con el trumpismo.
De acuerdo con una encuesta reciente, el 72% de los votantes demócratas y el 68% de los republicanos están a favor de enviar ayuda económica y militar a Ucrania. Sin embargo, con el país sufriendo su peor inflación en décadas, a los republicanos les conviene propagar la idea de que Biden se preocupa más por el bienestar de los ucranianos que por el de sus ciudadanos, aunque sea un mero farol. Esta presión ya podría haber calado entre las filas demócratas, como demuestra la carta que enviaron y después retiraron algunos de sus miembros más progresistas pidiéndole a Biden que dialogara con Rusia.
Armamento e inteligencia: la ayuda estadounidense en Ucrania
Gracias a las partidas aprobadas por el Congreso, Estados Unidos ha mandado todo tipo de armamento y material de apoyo a Ucrania: desde armas pequeñas, misiles, cohetes, minas y artillería, hasta vehículos tácticos, helicópteros, equipamiento antiminas y lanzadores. También les han provisto de radares y otros sistemas de vigilancia y comunicación, así como equipamiento y financiación para el entrenamiento y la manutención de las tropas. Todo ello ha sido clave para el avance de los ucranianos en el frente, pero destacan los HIMARS, camiones blindados con capacidad de lanzar varios cohetes con un rango de hasta ochenta kilómetros, y el armamento antitanque, del cual los misiles Javelin son los más conocidos.
Según el Ejército estadounidense, los dieciséis HIMARS enviados a los ucranianos han permitido atacar con precisión alrededor de cien posiciones rusas y puntos de comunicación estratégicos. En la ofensiva sur, una de las más avanzadas, los usaron para destruir los puentes del río Dniéper, que comunican Jersón con Crimea, ambas bajo control ruso. Por su parte, los más de 40.000 misiles antitanque enviados a Ucrania contribuyeron a frenar el avance del ejército ruso al destruir sus tanques y otros vehículos pesados más modernos, forzándoles a depender de unidades antiguas. Tanto es así, que ya al comienzo de la invasión los Javelin se convirtieron en un símbolo de la resistencia ucraniana.
Sin embargo, no toda la ayuda que recibe Ucrania depende de la aprobación del Congreso. Como indica Yago Rodríguez, experto en estrategia y defensa, un pilar fundamental del apoyo estadounidense es la inteligencia, a cargo de diferentes agencias supervisadas pero no supeditadas al legislativo. Un ejemplo es la vigilancia de los satélites estadounidenses sobre el frente ruso. Aportan información fundamental al Ejército ucraniano a la hora de dirigir la contraofensiva. Su importancia es tal que Rusia ya ha amenazado con atacar los satélites occidentales que ayudan a Ucrania.
Menos armas para Ucrania, alas para Rusia
Si los republicanos limitan las partidas de ayuda tras lograr la mayoría en una o las dos cámaras del Congreso, Ucrania contaría con menor capacidad militar. Esto afectaría principalmente a la munición, como los cohetes lanzados por los HIMARS o los propios misiles antitanque, reduciendo su número y calidad. Producir una unidad de los Javelin, por ejemplo, cuesta alrededor de 200.000 dólares, lo que lo convierte en uno de los más caros. Con menos presupuesto, Estados Unidos dejaría de enviarlos en favor de modelos más baratos, pero menos efectivos.
Sin tanta munición, las fuerzas ucranianas ralentizarían su avance en los frentes sur y este, alargando una guerra que los expertos más optimistas daban por terminada en Navidad con las últimas victorias en Jersón y Zaporiyia. No obstante, Ucrania todavía contaría con el apoyo europeo y, sobre todo, con la inteligencia estadounidense. Aun con menos capacidad militar, esa información les permitiría optimizar sus esfuerzos, dirigiendo sus ofensivas con precisión.
Con todo, un apoyo tibio de Estados Unidos traería más consecuencias negativas. Primero, Ucrania se sentiría abandonada, como demuestra la reacción en Kiev, lo que puede afectar la moral de sus combatientes y fomentar un sentimiento antioccidental o antiestadounidense en la población. En segundo lugar, el giro aislacionista volvería a enfriar las relaciones entre Washington y Europa. Esto golpearía a la OTAN, justo cuando había conseguido ganar relevancia y sumar nuevos miembros. Aunque los compromisos atlantistas seguirán intactos, las relación puede volverse más tensa, proyectando una imagen de desunión que dé alas a Rusia. En ese sentido, Estados Unidos debilitaría el mensaje de disuasión, alentando a Moscú a una escalada bélica.







