Rusia ha ganado. Ucrania entrega el 20% de su territorio y renuncia a entrar en la OTAN. Estados Unidos y Europa dan luz verde, aunque no reconocen las anexiones rusas. Habrá un fondo de reconstrucción para el país y la ONU supervisará la paz. Volodímir Zelenski convoca y pierde las elecciones presidenciales en una Ucrania derrotada. Vladímir Putin, en cambio, dimite como el líder que restauró la grandeza de Rusia.
Pero Moscú no se detiene: en 2028 invadirá la ciudad de Narva y la isla de Hiiumaa, en Estonia, para echar un pulso directo a la Alianza, que es incapaz de responder. Estados Unidos se ha desentendido de Europa, y China aprovecha para ocupar un atolón de Filipinas. El orden internacional gira a favor de Pekín, que se entiende con Washington y con Moscú. Europa, bajo el auge de los partidos populistas, queda rezagada.
El libro Si Rusia ganara (Península, 2026) es la advertencia de un escenario posible y del mundo que resultaría. Su autor es Carlo Masala (Colonia, 1968), doctor en Ciencia Política, profesor en la Universidad de Múnich y ex director adjunto en el departamento de investigación de la OTAN. Actualmente dirige el Centro para la Inteligencia y la Seguridad de la Universidad de las Fuerzas Armadas en Múnich.
En sus páginas, Masala sostiene que “Rusia seguirá siendo la principal amenaza para la seguridad de Europa” y que no concebir otra guerra facilita que Moscú se prepare. Tener la esperanza de que no ataque de nuevo es “construir castillos en el aire”. “Rusia sólo será disuadida si las sociedades europeas están dispuestas a pagar el precio”: lo que está en juego, advierte, es la democracia y nuestra forma de vida.
PREGUNTA – ¿Qué lo motivó a publicar este libro originalmente en 2025?
RESPUESTA – En realidad se remonta al invierno de 2023, cuando escribí un artículo centrado en las consecuencias para Alemania. En el verano de 2024 los servicios de inteligencia militar indicaban que, para 2029, Rusia tendría un ejército capaz de atacar a un país de la OTAN. Los críticos señalaban que Moscú no estaría tan loca porque se arriesgaría a una gran confrontación que no podría ganar o no sabría si ganaría.
También pensé que estábamos viendo los ataques de Rusia al territorio de la Alianza Atlántica de manera equivocada, a la luz de lo lento que avanza en Ucrania. Los estamos viendo en términos de una guerra a gran escala contra un país miembro, pero tal vez Rusia no la necesita para lograr su objetivo, que es principalmente hacer colapsar la OTAN: basta con una pequeña provocación limitada.
En el escenario que plantea, Ucrania capitula con la aprobación de Occidente, lo que incluye entregar el 20% de su territorio e introducir en su Constitución una cláusula de neutralidad para no entrar en la OTAN. ¿Estamos ahora más cerca de ese escenario?
Sí y no. Estamos más cerca en el sentido de que Estados Unidos le está dando a Rusia lo que quiere en las negociaciones. Insiste en que puede conservar el territorio ocupado e incluso obtener el que ni siquiera ocupa en el Donbás. No hay garantías de seguridad y habrá nuevas elecciones en Ucrania [posiblemente en primavera], así que básicamente Estados Unidos le está dando la victoria a Rusia. Ahora bien, no nos estamos acercando en cuanto a que los ucranianos, viendo las negociaciones en Ginebra, siguen negándose a ceder la parte del Donbás que controlan. Por lo tanto, la guerra continuará a lo largo de 2026.
“Si recompensas a un agresor, no lo satisfaces, sino que aumentas su apetito por ir más lejos”
Una victoria rusa dejaría a Ucrania vulnerable e inestable, lo que facilitaría una mayor influencia rusa en el país y nuevas intervenciones en Estados vecinos. Si Europa acepta una victoria rusa, ¿será posible disuadir a Moscú a partir de ese momento?
Si recompensas a un agresor, no lo satisfaces, sino que aumentas su apetito por ir más lejos. En este momento, la oportunidad para Rusia de atacar con éxito el territorio de la OTAN tras el fin de la guerra en Ucrania está aumentando. Por lo tanto, si Estados Unidos no juega un papel de liderazgo en la defensa de Europa, Rusia sabe que ahora mismo y en los próximos dos o tres años tendrá una enorme ventaja sobre las fuerzas europeas.
Más allá de aumentar el gasto en defensa, ¿qué capacidades necesita Europa para disuadir a Rusia?
Disuadir a Rusia se basa en tres cosas en las que Europa sigue siendo débil. Una es tener más defensa aérea. Rusia tiene ventaja en misiles balísticos y misiles de crucero, y la defensa aérea europea depende de Estados Unidos. Lo que España, Alemania o Francia tienen bajo su control y mando probablemente sea suficiente para proteger sus respectivas capitales, pero eso no lo es todo.
Lo segundo son capacidades de ataque profundo. Si Rusia atacara, necesitaríamos capacidades que desde el primer minuto pudieran atacar en profundidad el territorio ruso y destruir los sistemas de mando y control, los búnkeres de municiones y los aeródromos que Rusia necesita para concentrar su ejército y librar una guerra a gran escala. La tercera ventaja de Rusia es en la guerra electrónica: si quieres entrar en Rusia con aviones de combate, tienes que suprimir la defensa aérea y los radares enemigos.
Y hay una cuarta que no podemos conseguir rápido porque es complicada: las fuerzas europeas dependen de los satélites ISR [‘recopilación de información, vigilancia y reconocimiento’] de Estados Unidos. Hasta el 70% de estas capacidades en la OTAN son estadounidenses y sólo el 30% son europeas. Si quieres saber dónde está el enemigo, cómo se mueve, qué está preparando…, necesitas este tipo de capacidades, pero lleva mucho tiempo conseguirlas.
“Veremos una Rusia más agresiva en Europa. Es el último campo de juego que les queda y el más importante”
En paralelo a la invasión rusa de Ucrania, hemos sido testigos de la injerencia rusa por toda Europa: sabotajes, desinformación, ciberataques, incursiones con drones… ¿Estamos ya en conflicto con Rusia, o cómo debemos considerar y responder a estas acciones?
En primer lugar, nos ha llevado bastante tiempo entender que la guerra híbrida es una operación en sí misma desde la perspectiva rusa. Para los rusos es un tipo de guerra como la convencional. En segundo lugar, tenemos dificultades para contrarrestar esa guerra híbrida porque está debajo del nivel del artículo 5, que justifica perseguir al autor de este tipo de ataques. Y a veces es difícil averiguar el autor. Ese problema hace que la guerra híbrida sea muy atractiva para el atacante y difícil de reaccionar para el defensor.
Un informe reciente de la inteligencia militar sueca apunta a que Rusia intensificará los ataques híbridos. Ha sido expulsada de Venezuela y Siria, tiene dificultades en el África subsahariana… Europa es el único campo de juego que le queda y el más importante. Así que, debido a las acciones de la Administración Trump, e incluso ahora con la posibilidad de Irán, veremos una Rusia más agresiva en Europa.
¿Cómo pueden los países de Europa Central y del Este concienciar a los de Europa Occidental de que la amenaza rusa afecta a todo el continente?
Volvemos a la guerra híbrida. Para los países más alejados de Moscú es difícil convencer a la mayoría de su población de que Rusia es una amenaza militar. Ya no es como en la Guerra Fría. En España quizá veas a Rusia como una amenaza militar sólo para los países bálticos y probablemente para Polonia, pero si el Báltico o Polonia se derrumbaran y fueran dominados por Rusia eso también afectaría a España.
La amenaza es lejana en términos geográficos, pero la amenaza de la guerra híbrida rusa para socavar la democracia española es real. Lo mismo en Italia o Alemania. Moscú apoya directa o indirectamente a grupos populistas de derecha que simpatizan con Rusia y quiere ayudarles a llegar al poder para que los países adopten una actitud más prorrusa o neutral. Esta es la verdadera amenaza para los países que están lejos de Moscú.
Por otro lado, Estados Unidos se ha distanciado de Europa y ha aumentado su presión sobre Groenlandia. ¿Qué pasaría si, antes del escenario que propone en el libro, Estados Unidos nos abandonara aún más e invadiera Groenlandia?
Escribí el libro en plena campaña electoral en Estados Unidos y mi sensación era que Donald Trump tenía muchas posibilidades de ganar, pero no podía imaginar que fuera a amenazar a un aliado de la OTAN con usar la fuerza para conseguir parte de su territorio. Rusia intenta derrumbar la Alianza para crear una brecha entre europeos y estadounidenses, pero esta brecha la ha creado el presidente de Estados Unidos.
Al amenazar a Dinamarca con el uso de la fuerza, Trump ha causado un daño increíble al artículo 5 de dos maneras: haciendo desaparecer el efecto disuasorio contra Rusia de atacar a un país de la OTAN y dejando de tranquilizar a los socios. Lo dije en una entrevista: “Si yo fuera Putin, estaría borracho de felicidad durante una semana porque Trump está haciendo por mí lo que yo quiero conseguir”.
Poder realizar entrevistas en profundidad es posible gracias a quienes apoyan la divulgación internacional.
“Para disuadir necesitas tanques, aviones de combate, fragatas…, pero es más importante el juego psicológico. Hay que hacer creer al otro que en un conflicto estarías dispuesto a usar lo que has comprado”
En el libro plantea que, tras la victoria en Ucrania, Rusia invade dos localidades en Estonia en 2028 para reafirmar su posición. La OTAN no logra ponerse de acuerdo sobre una respuesta y opta por continuar las conversaciones. Si la disuasión no funciona, ¿cómo podemos responder con firmeza a Rusia sin provocar una mayor escalada?
Tenemos que ser mejores dando señales. Para disuadir necesitas tanques, aviones de combate, fragatas…, pero más importante que la disuasión es el juego psicológico. Hay que hacer creer al otro que en caso de conflicto estás dispuesto a usar lo que has comprado. Y ahí seguimos siendo débiles. Tenemos demasiados desacuerdos en nuestra reacción ante ciertas cosas.
Por ejemplo, cuando hubo una incursión de aviones de combate en Estonia [en septiembre de 2025], el Gobierno solicitó consultas en virtud del artículo 5 de la OTAN. Supe que había dos grupos discutiendo: uno decía que era una provocación deliberada y el otro que tal vez eran pilotos novatos que habían salido del espacio aéreo internacional y no entraron deliberadamente en el espacio aéreo estonio. No es el mensaje coherente que hay que enviar a Moscú. Es un mensaje político, pero es tan importante como comprar equipamiento militar.
Si los Estados y la OTAN están fracasando en este escenario , ¿qué debería hacer la Unión Europea? Se ha hablado de un ejército europeo, de un nuevo marco de seguridad…
Deberíamos actuar ahora, pero en la Unión Europea tenemos demasiados desacuerdos sobre si Rusia supondrá una amenaza o no. Y como tenemos que decidir por unanimidad, hay al menos tres países que no van a votar con el resto. Ahora bien, está surgiendo esta “coalición de voluntarios” de Estados miembros y otros como el Reino Unido y Noruega. Esta será la institución de seguridad del futuro, porque o bien coordinarán la europeización de la OTAN o serán el núcleo de una futura Unión Europea de la Defensa.
¿Nos estamos encaminando más hacia un conflicto con Rusia o hacia poder evitarlo?
Estamos intentando evitarlo disuadiendo a Rusia, pero no lo tenemos del todo en nuestras manos porque depende del cálculo de los rusos. El anterior jefe de la inteligencia exterior alemana dijo el año pasado que tenían indicios de que había círculos en Rusia que ya no creían en el artículo 5 y que les gustaría ponerlo a prueba. Mientras esta sea la impresión en Moscú, el riesgo de una provocación rusa sigue siendo muy alto.
En cuanto a Rusia, en el libro también comenta que Putin dimitirá cuando logre la victoria en Ucrania y que le sucederá un reformista carismático que, no obstante, seguirá buscando devolver la grandeza al país. Si Rusia gana, ¿Putin reafirmaría su liderazgo o saldría agotado?
Si Putin gana esta guerra, hay muchas posibilidades de que dimita porque lo que vendrá después será un trabajo muy duro: restaurar la economía rusa. Si yo fuera él y ganara en Ucrania, dimitiría como el líder que restauró la grandeza de Rusia después de Stalin y dejaría que otra persona tomara el relevo.
“Si hay un cambio en el liderazgo de Rusia, no debemos dar por sentado que vaya a ser para mejor”
¿Y no es posible que le suceda un ultranacionalista en lugar de un reformista?
En estos cuatro años de guerra el único desacuerdo que pudimos observar en la élite rusa fue entre Putin, Shoigú [exministro de Defensa], Guerásimov [comandante de la invasión a Ucrania] y los ultranacionalistas. No hubo ninguna voz en el establishment que dijera que la guerra no tenía sentido. El desacuerdo era si era la forma correcta de luchar o si debían ser mucho más duros con los ucranianos, como querían Prigozhin [fallecido jefe del antiguo Grupo Wagner] y Surovikin [reemplazado por Guerásimov en 2023]. Si hay un cambio en el liderazgo de Rusia, no debemos dar por sentado que vaya a ser para mejor.
En su libro explica por boca del director de la inteligencia militar rusa que Occidente se considera a sí mismo racional y a Rusia irracional, lo cual beneficia a Moscú. ¿Sigue Europa subestimando a Rusia tras cuatro años de guerra y todo tipo de injerencias?
Sí. Hay dos grupos que a veces se solapan. Uno desea o piensa que si Rusia gana en Ucrania o la guerra termina, se podrán normalizar las relaciones a medio plazo, porque incluso los rusos quieren hacer negocios. El otro subestima totalmente la ambición revisionista de Rusia y piensa que después de la guerra contra Ucrania, con aproximadamente un millón de soldados rusos muertos o gravemente heridos y casi sin material, se abstendrá de ir más allá.
Ambos grupos pasan por alto dos cosas. Primero, las ambiciones de Rusia, que no es que sean altas, sino que las esconden. Segundo, que Putin lleva en guerras desde que llegó al poder en 2001. Esto también crea un efecto de unión social interna en torno a la bandera: violencia externa para producir estabilidad interna.
“Estados Unidos está destruyendo los pilares del orden internacional”
También habla del “eje revisionista” de Estados que cuestionan el liderazgo estadounidense. ¿Hacia dónde se dirige el orden internacional?
El viejo orden internacional ha desaparecido. Ahora estamos en una transición en la que no tenemos ni idea de cómo será en el futuro. Veo dos posibilidades: una nueva bipolaridad entre China y Estados Unidos, o una bipolaridad debilitada en la que Estados Unidos retrasará el ascenso de China. Pero han desaparecido las relaciones internacionales orientadas a las normas y reglas, donde las organizaciones internacionales eran el principal foro para negociarlas.
Estamos avanzando hacia una política de las grandes potencias, que siempre ha existido. El cambio más importante es que Estados Unidos se está convirtiendo en una potencia revolucionaria porque está destruyendo los pilares del viejo orden internacional. Rusia y China han logrado dañarlo, pero no destruirlo. Y ahora Estados Unidos está tratando de liderar mediante la coacción, como Rusia en su vecindario y China en Asia.
La otra novedad para los europeos y parte de los países asiáticos es que Estados Unidos se está volviendo imperialista con sus amigos y aliados. Antes intentaban empujarnos en una dirección, pero proporcionaban bienes colectivos. Las democracias europeas y asiáticas, como Corea del Sur y Japón, tenían interés en participar en ello y seguían a Washington: era un liderazgo hegemónico. Ahora la Administración Trump amenaza a los países si no hacen lo que quiere.
Y como parte de esa interpretación, ¿vamos hacia un mundo de esferas de influencia de Estados Unidos, Rusia y China, o ese es sólo el marco estadounidense bajo el mandato de Trump?
En la Estrategia de Seguridad Nacional [publicada en noviembre de 2025], Estados Unidos reclama su propia esfera de influencia, que es el hemisferio occidental, pero al mismo tiempo niega la de China. Dejan muy claro que Taiwán debe seguir siendo independiente. Básicamente, no quieren entrar en conflicto con China, pero tampoco quieren que domine Asia. Curiosamente, ni siquiera se menciona a Rusia. En la cumbre entre Trump y Xi Jinping prevista para abril veremos si Pekín quiere llegar a algún gran acuerdo con Washington para dividirse el mundo. Hasta ahora, Estados Unidos se está inclinando hacia ello.
Volviendo a Europa, ¿qué lugar puede ocupar en este nuevo orden internacional?
Europa podría ser líder uniendo a los países que no tienen interés en elegir entre Estados Unidos y China. Hemos visto intentos en el ámbito económico, como los acuerdos de libre comercio con el Mercosur, India y la zona de libre comercio con Canadá y los doce países del Indo-Pacífico. El ministro de Exteriores alemán también está viajando a los países importantes del Sur Global para estrechar relaciones. Europa podría acercarse a otros países y formar una especie de alianza de democracias, una “alianza de potencias medias”, como la llamó el primer ministro canadiense. Esta debería ser la tarea de Europa.
“Nuestro problema es que la gente piensa que la democracia siempre estará ahí y que no puede ser dañada o sustituida”
¿Cómo puede Europa lidiar con sus líderes prorrusos o ahora también pro-Trump?
Nuestro problema es que la gente piensa que la democracia siempre estará ahí y que no puede ser dañada o sustituida por un sistema diferente. Pero mira cuánto ha dañado Trump el sistema político estadounidense en apenas doce meses, cómo el partido Ley y Justicia ha transformado Polonia en ocho años, cómo Víktor Orbán ha transformado Hungría en los últimos diez… La gente tiene que darse cuenta de que, si quieren tener sistemas democráticos, tienen que estar dispuestos a defender la democracia. No me refiero a tomar las armas, sino a defender la democracia en el día a día, en la vida cotidiana.
En el libro afirma que Rusia y China conciben el mundo como un escenario global, mientras que Europa sigue dividiendo sus acciones entre el este, el Mediterráneo y demás. ¿Qué hace falta para tener esa mayor perspectiva de las grandes potencias?
Es una cuestión de liderazgo político. Los líderes políticos deben ser conscientes de que enfrentamos dos grandes retos que afectan al mundo en su conjunto: La mayoría de países europeos está centrado en el flanco oriental; otros, como España, Italia y en parte Francia, señalan al Mediterráneo. Pero también puede ser una sola amenaza, porque los rusos tienen gran presencia en África y pueden influir en la migración.
Por lo tanto, debemos cambiar la percepción de nuestro papel y cómo reaccionamos ante determinadas situaciones. Los países que se centran en el este deben darse cuenta de que disuadir a Rusia también significa actuar en África, y los españoles deberían darse cuenta de que la migración irregular también puede estar causada por los rusos, así que para evitar sus actuaciones tienen que ayudar al flanco oriental.
En última instancia, usted critica no tanto la pasividad de Europa sino su falta de estrategia hacia Rusia y su ingenuidad geopolítica. Ahora se suma Estados Unidos. ¿Aún hay tiempo para despertar?
El tiempo es cada vez más corto, pero aún hay tiempo para despertar. Siendo muy cínicos, Ucrania nos está dando tiempo cuanto más luche y sea capaz de contener la presión rusa. Mientras los rusos estén bloqueados en Ucrania, la amenaza para nosotros es limitada porque no llevarán a cabo dos operaciones al mismo tiempo. Aún estamos a tiempo de hacer lo necesario para disuadirlos.
Rusia ya ha perdido la guerra. El coste de su aventura en el Donbass ya está muy por encima de lo que Rusia se puede permitir en una década o en dos.
Para mi el riesgo es que Europa pierda la paz, como puede pasar si los pro-Trump siguen ganando influencia. Sin embargo este es un escenario a medio plazo (15 años) y para entonces, si EEUU mantiene su retirada, Europa volverá configurarse como algo parecido a lo que había antes de la IGM, donde habrá estados principales y protectorados (buffer states, como los bálticos y los balcánicos que pueden quedar bajo influencia alemana). España, que aspira a perpetuar sus ya 200 años de vacaciones de la historia, quedará en un lugar intermedio: algo independiente, sin influencia, apuntándose al viento que más fuerte sople en el concierto europeo.