Ron DeSantis, o por qué Trump puede no ser la peor opción en 2024

Muchos demócratas consideran al gobernador de Florida, Ron DeSantis, más peligroso que Trump. Su agenda contra el aborto o la diversidad en la educación y su imagen de político que cumple pueden impulsarle entre los republicanos si el expresidente va a juicio y resulta inhabilitado.
Política y eleccionesEstados Unidos
Ron DeSantis, o por qué Trump puede no ser la peor opción en 2024
Fuente: elaboración propia

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La ultraderecha del Partido Republicano mueve filas para contar con un candidato presidencial comprometido con su agenda alternativo a Donald Trump. Mientras el expresidente enfrenta posibles cargos por tener documentos clasificados en su casa de Mar-a-Lago, las miras para 2024 apuntan a Ron DeSantis, el gobernador de Florida al que apoyan periodistas y personajes de la derecha mediática estadounidense.

El líder altrighter del podcast más escuchado del país, Joe Rogan, ya le ha mostrado su simpatía. La famosa presentadora de Fox News, Laura Ingraham, se refería a él como “el que ha hecho más por minar a la izquierda en toda la historia de los Estados Unidos”. Incluso el empresario multimillonario Elon Musk, en plena deriva a posiciones radicales, ha confirmado que apoyaría un DeSantis 2024. Junto con cada vez más seguidores, los tres ven una esperanza en la posible candidatura, un hombre que representa sangre nueva, que dará la “batalla cultural” y que ejecutará una verdadera agenda antiizquierda. Pero DeSantis solo tendrá opciones si Trump termina inhabilitado o condenado a prisión.

Un conservador convencido

Ron DeSantis es un político joven, de 43 años, pero con experiencia. Educado en Yale y Harvard, sirvió en la marina estadounidense durante la guerra de Irak. Su carrera política comenzó en 2012, cuando fue elegido para representar el sexto distrito congresional de Florida en la Cámara de Representantes, cargo que renovó hasta 2020. Ese año se presentó y ganó el cargo de gobernador del estado.

En el Congreso empezó a ser conocido por haber fundado el Freedom Caucus, una agrupación de congresistas libertarios que coqueteaban con el extinto Tea Party, ultraconservador-social, y con la alt-right, el movimiento de extrema derecha. Desde el caucus lideró la ofensiva contra las leyes del entonces presidente Barack Obama, como la reforma sanitaria del Obamacare. Aunque todavía no era del todo conocido en Florida, la llegada de Trump a la Casa Blanca fue clave para DeSantis. En 2020 ganó la elección a gobernador por menos de 50.000 votos gracias a su apoyo y a una campaña agresiva y para un público radical, como el que le apoyó cuando llamó “mono” a su rival demócrata, que era afroamericano.

Una vez conseguida la gobernatura, DeSantis basó su mandato en tres pilares que coinciden con la alt-right: políticas antiinmigración severas, ataques al colectivo LGTBQ+ y, con un discurso basado en la “libertad”, no confinar el estado por la covid-19 y abrir las escuelas sin mandatos de vacunación. En un intento de supresión política de las minorías, también apoyó unas leyes más restrictivas del voto. Estas medidas le hicieron muy querido entre los conservadores del país, a pesar de que Florida fuese uno de los estados con mayor mortalidad durante lo peor de la pandemia.

Contra el aborto y la diversidad, y a favor de la mano dura

DeSantis sabe que está en las cábalas de posibles candidatos republicanos para 2024. Por eso ha dejado sus medidas estrella para este año, en el que busca reforzar su imagen y dejar clara cómo sería su presidencia. En abril firmó una ley que ilegaliza el aborto después de las quince semanas de embarazo. Tras la caída en junio de la sentencia Roe vs. Wade, que desplenalizaba el aborto en todo el país, aseguró que “las plegarias de millones habían sido escuchadas” y que “trabajaría en una línea provida” en Florida. A su vez, puso en la corte estatal a nuevos jueces conservadores, como había hecho Trump para controlar la Corte Suprema.

Pero el gran caballo de batalla de DeSantis, que le granjea apoyos en la extrema derecha, es su política en materia de educación. Comenzó oponiéndose a las leyes que evitan la discriminación de los estudiantes por raza o temas de clase. Luego firmó la famosa ley “Do not Say Gay”, que elimina del currículo escolar la educación sexual y de inclusión a las personas LGTBIQ+, escudándose en la libertad de los padres para educar a sus hijos. La última ley antes de verano pedía a las universidades públicas una encuesta sobre la ideología de sus trabajadores y estudiantes, y su opinión sobre la “diversidad”. Cuando la firmó, DeSantis avisó que podría quitarle la financiación pública al centro donde detectara adoctrinamiento.

Otra parte de su estrategia es su postura ante el cambio climático: no es negacionista, pero argumenta que el ser humano solo acelera cambios que tienen que darse siempre. Con esta postura ha prohibido a Gobiernos locales que exijan a las gasolineras poner cargadores eléctricos o que destinen más recursos a las energías renovables. En línea con Trump, DeSantis también piensa que no es necesario regular las armas, defiende la guerra contra las drogas y sostiene que las mayores amenazas al mundo son Irán y el comunismo cubano y venezolano, mientras apoya sin fisuras a Israel.

¿Trump vs. DeSantis en 2024?

Más allá de sus posturas, DeSantis también es conocido por ser un político que cumple. Todo lo que ha prometido en campaña relativo a la “batalla cultural” lo ha aprobado. El Partido Republicano, cada vez más radical, ve en él una persona que va a actuar, mientras que los demócratas, que siguen divididos, temen a un candidato que tiene la convicción de llevar su agenda conservadora a todo el país. 

De hecho, la popularidad de DeSantis está aumentando porque ha puesto nerviosos a los demócratas tanto como Trump. Sin embargo, todavía no es un político de escala nacional, mientras que el expresidente cuenta con un relato imbatible que le garantizará el apoyo de los republicanos: afirma ser víctima de un establishment que le robó las elecciones de 2020 e intentó sacarlo de la política con dos impeachments y la redada del FBI en Mar-a-Lago, y sus seguidores le creen.

Queda más de un año y medio para las primarias del Partido Republicano, pero de momento parece que tendrán un candidato de unidad: Donald Trump o Ron DeSantis. Todo depende del destino del expresidente: si el Departamento de Justicia decide enjuiciarle, podría acabar inhabilitado o encarcelado, pero si resulta inocente o no va a juicio, saldría reforzado de cara a las elecciones. En ese caso, Trump podría incluir como vicepresidente al propio DeSantis, que va a ser protagonista en la política estadounidense pase lo que pase. Entre los votantes de la derecha que veían a Trump como un mesías también hay deseos de sangre nueva, y si DeSantis al final no tiene la oportunidad ahora, podría tenerla para 2028.

Jaime Caro

Granada, 1993. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid con mención internacional por la Universidad de Columbia. Especializado en la alt-right y en la historia del socialismo en Estados Unidos. Técnico de Discurso y Estrategia Política en la Coalición Sumar.