En el foco Geopolítica América Latina y el Caribe

América Latina en 2020

América Latina en 2020

Incertidumbre e inestabilidad marcan el inicio de 2020 para América Latina. En el año que entra, las grandes grietas que existen en la región pueden acentuarse más: por un lado, los distintos Gobiernos de la región tienen en muchos casos posiciones ideológicas irreconciliables; por otro, las sociedades latinoamericanas están cada vez más polarizadas. Y, como telón de fondo, la desigualdad, la inseguridad y la corrupción siguen lastrando el futuro de la región.

Los últimos meses de 2019 están siendo muy convulsos en el conjunto de América Latina, anunciando un año 2020 previsiblemente cargado de acontecimientos trascendentales. Las elecciones en Argentina y Uruguay, celebradas en noviembre, anunciaron cambios de ciclo diferentes: la llegada de nuevo al poder del kirchnerismo en Argentina, tras una legislatura de gobierno conservador; y el fin de la hegemonía del izquierdista Frente Amplio, tras quince años dominando la política uruguaya. La crisis política en Bolivia abre otro flanco inesperado en la región, que pone en seria duda la estabilidad del país. La salida de la cárcel del carismático Lula da Silva ha alterado las dinámicas políticas de Brasil y supone un gran desafío para la presidencia de Bolsonaro.

Pero estos doce meses la atención mediática también ha estado centrada en los movimientos surgidos desde la sociedad: las protestas en Chile, que pusieron en evidencia las fragilidades del modelo chileno; los choques en las calles de Ecuador en contra de las medidas económicas del presidente Lenín Moreno; las movilizaciones en Colombia en contra de la gestión del presidente Iván Duque, la mejora de la educación, las políticas de seguridad o la muerte de líderes indígenas y sociales. En Haití continúa las revueltas populares contra el presidente Moise con el telón de fondo de la grave situación de pobreza que sufre la población. 

Para ampliar: “América Latina en 2019”, David Hernández en El Orden Mundial, 2018

Transición e incertidumbre

Las profundas transformaciones políticas y sociales que podían anticiparse en 2018 y que ha vivido la región en 2019 continuarán a lo largo de 2020. Varias fechas relevantes pueden condicionar la agenda regional. Ya en enero, las elecciones legislativas extraordinarias en Perú, suponen toda una prueba para el presidente Martín Vizcarra y su agenda de renovación y anticorrupción. A finales de año, las elecciones a la Asamblea Nacional venezolana en diciembre medirán las fuerzas entre el oficialismo y la oposición. Nicolás Maduro parece haber sorteado la amenaza de Juan Guaidó, que está mostrando serios signos de desgaste e incapacidad para mantener un bloque antichavista unido, y cuyo mandato, en principio, acabará tan pronto como enero de 2020

Otras citas electorales no menos relevantes serán las generales en República Dominicana en mayo, que medirán la hegemonía del partido PLD de Danilo Medina; y las de Puerto Rico en noviembre, convertido en referente de las protestas sociales en la región tras la renuncia del gobernador por el caso Telegramgate. El plebiscito nacional en Chile, que se celebrará en abril, no solo es un examen al régimen democrático chileno: también puede servir para inducir nuevos cambios políticos en la región a partir de su ejemplo, ya que supondría romper con el régimen heredado de hace décadas.

El año 2019 ha puesto de manifiesto que cualquier crisis interna tiene efectos sobre el entorno. En el cono sur, al problema enquistado de Venezuela se le suma ahora el de Bolivia. La transición hacia prontas elecciones anunciada por la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez estará marcada por la patente tensión en las calles y el riesgo de un fractura definitiva; también quedará por ver como se reconstruye el partido MAS, habiendo apoyado la convocatoria de elecciones y con su carismático líder Evo Morales en el exilio.

Por su parte, Brasil será testigo de la rivalidad creciente entre Bolsonaro y la izquierda, revitalizada por la posibilidad de que Lula da Silva salga de la cárcel, si logra solventar los procesos judiciales pendientes. Bolsonaro, por su parte intenta fortalecer su poder con un nuevo partido que le asegure la reelección. En Colombia, la situación puede complicarse aún más cuando se cumplan cuatro años del proceso de paz sin que la paz real haya llegado todavía al país, y cada vez más amenazada por las guerrillas y la inacción del Gobierno. En Centroamérica, Nicaragua podría volver a caer en la inestabilidad ante los rumores de que Daniel Ortega pretende perpetuarse en el poder con el impulso de nuevas reformas constitucionales. En Guatemala, Alejandro Giammeti tendrá que asumir la presidencia en un país polarizado por la herencia que deja el polémico expresidente Jimmy Morales

Todo el sistema político latinoamericano está pasando por alteraciones profundas. Por un lado, se cuestiona la hegemonía de izquierdas que ha dominado muchos de los países de la región durante más de una década; las consecuencias se ven en Bolivia o Uruguay. Pero tampoco convence el modelo liberal-conservador que se postuló como alternativa, como demuestran los ejemplos de Chile, Ecuador o Argentina. Por último, está desapareciendo el longevo espíritu regionalista latinoamericano: organizaciones como Mercosur, Unasur están quedando paralizadas o desacreditadas. Incluso la OEA, convertida en foro de rivalidades y acusaciones. 

Para ampliar: “Latinoamérica, una integración a la deriva”, Elena Jiménez en El Orden Mundial, 2019

La sociedad frente al poder

Existen tres elementos centrales en la política y sociedad de América Latina que estarán presentes en las vicisitudes que aparezcan en 2020. Primero, la desigualdad social, que está detrás de la gran desafección y malestar que recorre la región, representado por las crecientes protestas en varios países. Segundo, la corrupción y clientelismo de los sistemas, que favorece el desprestigio de la política y propicia el surgimiento de políticos rupturistas y populistas como el controvertido presidente de El Salvador, Nayib Bukele. En tercer lugar, la inseguridad, que sigue lastrando el desarrollo de la mayoría de países como, por ejemplo, México, donde se prevé que los homicidios alcancen una cifra récord en 2019 pese a la nueva estrategia planteada por López Obrador. Dado que las nada apunta a un cambio sustancial en estos problemas, en 2020 las protestas podrían seguir sucediéndose a lo largo y ancho del área latinoamericana.

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La desigualdad y pobreza siguen siendo problemas enquistados en América Latina.

El próximo año reafirmará el período de transición en que se encuentran la mayoría de países. La estabilidad escaseará, y la polarización aumentará en las sociedades latinoamericanas. Todo ello en un contexto económico nada favorable: los indicadores muestran que la tendencia negativa se mantendrá, sobre todo, en las tres grandes potencias regionales: México, Argentina o Brasil. Pocos países pasarán 2020 ajenos a los cambios: incluso las reformas del régimen cubano pueden quedar en entredicho por la presión de Donald Trump sobre la isla. 

En este contexto de crisis política y protestas, algunos segmentos de la población, como el movimiento de las mujeres, los campesinos, las plataformas indígenas o los estudiantes, están adoptando un papel activo en el debate público. Desde la frontera con Estados Unidos hasta la Tierra del Fuego, todos los países están siendo testigos de una doble confrontación: primero, entre quienes defienden los modelos pasados y quienes proponen cambios drásticos; segundo, entre los actores políticos clásicos, que han monopolizado la escena durante los últimos años, y los nuevos agentes, que buscan poner sobre la mesa sus reivindicaciones. Todos ellos serán protagonistas en 2020.

Para ampliar: “Desigualdad y descontento: lo que tienen en común las protestas en América Latina”, Elena Jiménez en El Orden Mundial, 2019