Se calcula que los nueve cárteles que existen en México, junto con sus cerca de 37 células, tienen presencia en el 60% del territorio nacional. Esta extensión los ha convertido en uno de los problemas más acuciantes del país, no solamente por su actividad principal, sino por la inestabilidad, violencia y brecha de seguridad que suponen para el conjunto del país.
Hasta la fecha, la lucha contra el narco en México se ha caracterizado por el fuego contra el fuego, y desde que Vicente Fox ocupara el puesto de presidente (2000-2006) la escalada de violencia ha ido en aumento. Si la legislatura de Fox estuvo marcada por acciones grandilocuentes y grandes decomisos cargados de cifras, pero con escaso impacto estructural, la de su sucesor Felipe Calderón estuvo definida por la sangre, el sudor y las lágrimas. Calderón sentó las bases de la lucha violenta y militarizada contra el narcotráfico, una estrategia que se definió como una “guerra contra el narco” y que dejó cerca de 83.000 muertos en el sexenio calderonista.
Para ampliar: “El narcotráfico en México, historia de un fracaso político”, María Fernández Sánchez en El Orden Mundial, 2017
Al llegar al poder en 2012, parecía que Peña Nieto iba a cambiar la estrategia de Calderón con un planteamiento que apostaba por una lucha más quirúrgica y certera que evitaba una guerra abierta contra el narco. Sin embargo, la estrategia de descabezar a los cárteles no ha funcionado: estos sobreviven pese a que se detenga a sus líderes. Nieto ha cerrado su mandato con más de 125.000 muertos y una violencia creciente. La actividad de los cárteles permea todos los estratos de la sociedad y potencia aún más la violencia estructural que sufre el país.
El Plan de Paz y Seguridad 2018-2024
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