“Ahorita mismo, presidente”. Así contestaba la ministra de Vivienda de El Salvador, Michelle Sol, a la exigencia de su presidente de despedir a un funcionario vía Twitter. Este ejercicio de transparencia política de Nayib Bukele, tras tan solo dos días de mandato, generó gran polémica. Más allá de la legalidad del asunto —en la actualidad se investiga si la forma ejecutar los despidos fue legal— estos tuits no son sino la culminación de una estrategia comunicativa que ha llevado a este joven empresario de origen palestino a la presidencia. Con un estilo rompedor y desenfadado, Bukele se ha dedicado a dar órdenes a través de redes sociales desde su llegada al poder el primero de junio de 2019. En tan solo unas semanas ha despedido funcionarios, ha ordenado la ejecución de proyectos, ha señalado casos de corrupción y ha convertido Twitter en su principal forma de comunicación con los ciudadanos.
Se les ordena a todos darle like y así ser el Presidente de Twitter. https://t.co/eY5nwCvmuv
En esta línea, su campaña electoral ha estado plagada de acciones de gran impacto, altamente emocionales y de bajo contenido, al estilo de la más pura escuela trumpiana de la posverdad. Y lo ha hecho todo desde el salón de su casa. El nuevo presidente apenas se ha movido de la capital para realizar mítines o hablar con la gente. Tampoco ha participado en los debates con otros candidatos presidenciales ni ha concedido entrevistas. Facebook Live y Twitter han sido sus armas electorales. Y le han funcionado.
Nayib Bukele ha roto con treinta años de bipartidismo en El Salvador, y lo ha hecho construyendo una alternativa plenamente cimentada en su persona. Primero Bukele y después, Bukele. Inició su carrera política de la mano del Frente Farabundo Martí de la Liberación Nacional (FMLN), partido situado a la izquierda del arco político proveniente de la lucha guerrillera durante la guerra civil. Durante cuatro años Bukele gobernó el pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán y después dio el salto a la alcaldía de la capi...
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