Lo que la victoria de Bukele nos alerta del futuro de la democracia

Nayib Bukele seguirá gobernando El Salvador después de haber roto la división de poderes, pero la población lo apoya porque desarticuló a las maras y redujo los asesinatos a mínimos. Su éxito legitima posturas de autoritarismo eficaz y cuestiona la utilidad de la democracia en otros países.
Política y eleccionesAmérica Latina y el Caribe
Lo que la victoria de Bukele nos alerta del futuro de la democracia
Nayib Bukele con la propuesta legislativa para reducir el número de municipios en 2023. Fuente: Casa Presidencial El Salvador (Flickr)

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El autodenominado “dictador más cool del mundo mundial” gobernará El Salvador cinco años más. Nayib Bukele arrasó en las elecciones presidenciales después de haberse lanzado a una reelección que había criticado, pues la Constitución impide que un presidente gobierne dos periodos seguidos. Es otro ejemplo de lo que representa su gobierno: propaganda y resultados, popularidad masiva y concentración de poder.
Bukele se presentó en 2019 como un outsider y terminó rompiendo la división de poderes. Sus ataques a la democracia empezaron cuando entró con militares a la Asamblea Legislativa para forzar la aprobación de su plan de seguridad en 2020 y culminaron con el control sobre los jueces que le permitieron reelegirse. Sin embargo, ha mantenido el apoyo popular gracias a su exitosa lucha contra las maras. Bukele ha desmantelado las pandillas que hicieron del país el más violento del mundo, reduciendo los asesinatos a sólo 2,4 por cada 100.000 habitantes en 2023. Con ello se volvió un referente en América Latina, pero también un ejemplo paradójico de que la democracia puede volverse sólo un instrumento para dar soluciones a costa de acabar con ella.
Concentrar el poder para acabar con las maras
El Gobierno de Bukele ha desarticulado a los principales grupos del crimen organizado en El Salvador: la Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18 Sureños y Barrio 18 Revolucionarios. El estado de excepción decretado en 2022 le ha permitido desplegar una ofensiva policial, militar, penal y carcelaria hasta detener a más de 70.000 personas, un 1% de la población. Con ello ha reducido la tasa de asesinatos a 2,4 por cada 100.000 habitantes en 2023, lejos de los 38 en 2019 y de los picos de 107 en 2015 y 139 en 1995. Sin embargo, organismos nacionales e internacionales han denunciado cientos de detenciones arbitrarias, torturas y muertes en cárceles hacinadas a manos de las autoridades. También abusos en las calles y ataques a medios y ONG. Con todo, ha pesado más una popularidad del presiden...

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