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El autodenominado “dictador más cool del mundo mundial” gobernará El Salvador cinco años más. Nayib Bukele arrasó en las elecciones presidenciales después de haberse lanzado a una reelección que había criticado, pues la Constitución impide que un presidente gobierne dos periodos seguidos. Es otro ejemplo de lo que representa su gobierno: propaganda y resultados, popularidad masiva y concentración de poder.
Bukele se presentó en 2019 como un outsider y terminó rompiendo la división de poderes. Sus ataques a la democracia empezaron cuando entró con militares a la Asamblea Legislativa para forzar la aprobación de su plan de seguridad en 2020 y culminaron con el control sobre los jueces que le permitieron reelegirse. Sin embargo, ha mantenido el apoyo popular gracias a su exitosa lucha contra las maras. Bukele ha desmantelado las pandillas que hicieron del país el más violento del mundo, reduciendo los asesinatos a sólo 2,4 por cada 100.000 habitantes en 2023. Con ello se volvió un referente en América Latina, pero también un ejemplo paradójico de que la democracia puede volverse sólo un instrumento para dar soluciones a costa de acabar con ella.
Concentrar el poder para acabar con las maras
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