Desde que Nayib Bukele tomó posesión de la presidencia de El Salvador en junio de 2019, este pequeño país centroamericano ha aparecido mucho en la prensa internacional. Gracias al tono irreverente y descarado de Bukele, sus tuits y discursos se se viralizan. Bukele se presentó como la única solución a la corrupción y la violencia endémica que asola el país, y prometió una alternativa alejada de la política tradicional. Capitalizó el hartazgo de la población, que le dio su respaldo abrumador como un cheque en blanco.
Para ampliar: “Nayib “Bukele o cómo gobernar El Salvador a través de Twitter” María Canora en El Orden Mundial, 2019
Bukele comenzó su mandato con golpes de efecto: despidió funcionarios, dio órdenes y decretó leyes y vetos presidenciales a través de Twitter. Estos gestos fueron crispando la relación con el resto de poderes del Estado. Bukele contaba con una amplia aprobación de la población, el respaldo de la comunidad internacional y el apoyo incondicional del Ejército, pero le faltaba el control de la Asamblea Legislativa. Con tan solo once de los 84 diputados de la cámara a su favor, las decisiones de Bukele pasaban necesariamente por llegar a acuerdos con el resto de partidos, algo que no estaba dispuesto a hacer.
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