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El golpe de Estado en Níger del pasado 26 de julio abrió la posibilidad de una intervención militar para restaurar el Gobierno democrático. Dos meses después, sin embargo, la amenaza de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) no sólo parece diluirse, sino que tres de los países ahora gobernados por juntas militares golpistas han decidido aliarse. Malí, Níger y Burkina Faso firmaron a mediados de septiembre la Carta Liptako-Gourma para crear la Alianza de Estados del Sahel, un pacto de asistencia mutua en caso de una posible agresión externa.
Esta nueva alianza, enfrentada con la Cedeao, divide aún más al Sahel y a África Occidental. Por un lado están las propias juntas militares golpistas, opuestas a la histórica presencia francesa; por otro, los Gobiernos respaldados por potencias occidentales. Pero otros actores sacan partido de esta división y del vacío de poder en las regiones más apartadas: Rusia, que mantiene su influencia y apoyo militar con los mercenarios de Wagner, y los grupos yihadistas en el nuevo epicentro del terrorismo global.
Siete golpes de Estado en tres años
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