Chile, el paradigma neoliberal de América Latina, explotaba hace unas semanas con miles de manifestantes que se lanzaban a las calles a pedir igualdad y democracia. Lo hacía después de que colectivos de indígenas, transportistas y estudiantes se manifestaran contra Lenín Moreno en Ecuador por acordar un paquete de medidas de austeridad que afectaba muy especialmente a las clases populares. En Bolivia, los enfrentamientos entre oficialistas y opositores se han convertido en el pan de cada día desde que el 20 de octubre Evo Morales ganara por cuarta vez las elecciones presidenciales con sospechas de fraude electoral. En Perú, hace un mes que el presidente disolvió un Congreso plagado de parlamentarios investigados por corrupción, pero hoy en Lima conviven las manifestaciones que respaldan la decisión con las que lo acusan de golpe de Estado. Haití, el país más pobre de América Latina, lleva meses enfrascado en una crisis política: Jovenel Moïse, su presidente, se niega a dimitir en un contexto de protesta contra la escasez de alimentos y combustible. El pasado 27 de octubre, las municipales demostraron el declive de la derecha uribista en Colombia mientras que la izquierda kirchnerista volvió a Argentina de la mano de Alberto Fernández y Uruguay, el oasis latinoamericano, amenaza con perder la estabilidad que el Frente Amplio le había proporcionado al país desde su llegada al poder en 2005.
No cabe duda de que algo está cambiando en América Latina, pero los escenarios son tantos y tan complejos que encontrar una causa común parece imposible. Por un lado, un primer grupo de países experimentan explosivas revueltas y manifestaciones. Algunas, como las de Chile o Ecuador, suponen un levantamiento contra las élites económicas y el sistema neoliberal. Otras, como las que estallan en Bolivia o las que se experimentan desde mucho tiempo atrás en Venezuela, cuestionan la legitimidad de sus líderes y reclaman una mayor transparencia política. Además, existe otro grupo de países —principalmente Uruguay y Argentina— donde los cambios se están dando desde las urnas y cuyos resultados electorales rompen con las tesis de sincronización ideológica en los Gobiernos de la región.
Hasta ahora, analizar los países latinoamericanos ha implicado hacerlo en su conjunto, pues aunque su historia común parece acabarse con las primeras independencias, lo cierto es que desde su nacimiento han compartido elementos que los han llevado por caminos parecidos. Las crisis económicas, la Guerra Fría y las consecuentes dictaduras orquestadas por el Operación Cóndor son algunos de los acontecimientos que les han llevado a compartir tantas páginas en los libros de historia. De manera más reciente, el contexto económico y político internacional sigue influyendo en sus asuntos internos, de ahí que se haya hablado en las últimas décadas de una alternancia entre oleadas conservadoras y progresistas en los países latinoamericanos.
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