¿Qué es el militarismo?

El militarismo surgió en el siglo XIX con una mayor presencia de los ejércitos en el gobierno de los imperios europeos y se potenció como política e ideología con las guerras mundiales, la Guerra Fría o la descolonización
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¿Qué es el militarismo?
Desfile militar por el Día de la Victoria en Moscú en 2017. Fuente: Mark Joseph Jochim (Flickr)

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El militarismo es la doctrina por la cual las fuerzas armadas ejercen una influencia dominante en una nación, su gobierno y su política. También se presenta como la exaltación de los militares sobre la población civil y la prevalencia de sus demandas, y se relaciona con la acumulación de privilegios y el aumento del gasto en defensa. Además, puede entenderse como la ideología de un país que usa la vía militar para aumentar su poder o lograr objetivos, o la que defiende que los militares, pieza importante en la estructura de un Estado, están mejor preparados para conducirlo por su estructura, jerarquía y disciplina.

Origen en la Europa del siglo XIX

El militarismo ha estado presente en la visión expansionista de muchos imperios a lo largo de la historia. No obstante, el término proviene de Francia, con las denuncias al autogolpe de Luis Napoleón Bonaparte en 1851, y como fenómeno surgió en Europa. Al inicio del siglo XIX, Prusia había introducido una reforma que transformaba los ejércitos en cuerpos permanentes dirigidos por oficiales profesionales. Comenzaba entonces la influencia de los altos cargos militares sobre el Estado, en un contexto de guerras y auge y caída de imperios donde el poder militar pasaba a ser prestigio nacional. Un Estado fuerte necesitaba un ejército para defender sus intereses y proteger sus territorios, mientras que su ausencia expresaba debilidad.

Los Gobiernos europeos aumentaron el gasto militar y el tamaño de sus ejércitos. Por esta razón, imperios de la época como el británico, el austro-húngaro desde 1867 o el alemán desde 1871 fueron fuertemente militaristas. La poderosa Royal Navy era vital para defender el comercio marítimo, las rutas y los puertos del Reino Unido. En Alemania, la superioridad que el ejército prusiano había demostrado en la victoria frente a Francia en 1871 aseguró la creación del Gabinete Militar Alemán, que asesoraba al káiser.

Desde entonces, el militarismo ha incluido reformas e inversiones en defensa promovidas, entre otros, por altos mandos dentro o cercanos al Gobierno. Otro componente es la conexión con el nacionalismo: en momentos de crisis, esta doctrina apuesta por que las fuerzas armadas son las más indicadas para recuperar el poder nacional. Asimismo, las naciones militaristas suelen imponer un Gobierno a favor del ejército y sus necesidades, en muchos casos por encima de la sociedad civil.

El militarismo como solución a tiempos convulsos y sistemas débiles

En el pasado, la inclinación de un Estado al militarismo ha sido consecuencia de éxitos y derrotas bélicas. La guerra franco-prusiana en 1871 o la derrota de Rusia contra Japón en 1905 avivaron el nacionalismo o instaron a fortalecer la defensa de un país con el exterior. En esa línea, las dos guerras mundiales y el auge de los autoritarismos aumentaron los sentimientos belicistas en Alemania, Italia o la Unión Soviética.

Otras veces el triunfo del militarismo ha sido el resultado de sistemas políticos débiles. Así fue con la oleada de dictaduras que sacudió Latinoamérica desde los años treinta, también por la política exterior de Estados Unidos en la región y de contención al comunismo durante la Guerra Fría. La rivalidad con la Unión Soviética llegó a ambos países a buscar la superioridad militar. Por su parte, China vivió durante los años sesenta un fuerte desarrollo de esas capacidades, mientras que el régimen de Corea del Norte, aislado, consolidó su poder demostrando un poderío militar en las décadas siguientes.

La descolonización e independencia de muchos países también han dado alas al militarismo. India e Israel se basaron en esta doctrina para legitimarse frente a las amenazas de sus vecinos y para equipararse a la trayectoria moderna de los Estados europeos. En otros países, como Guinea Ecuatorial o Etiopía, los militares asumieron el poder durante la Guerra Fría, y en la actualidad estos Gobiernos persisten en muchos países africanos donde la violencia, la lucha antiterrorista y la competencia por los recursos han alimentado el militarismo. Al amparo de democracias débiles, estas autoridades han conseguido aprovecharse de la inestabilidad o de transiciones políticas para imponerse y gobernar en Libia, Sudán, Mali o Chad.

Carlota García

Gijón, 1998. Graduada en Estudios Internacionales y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos. Interesada en el análisis de conflictos, geopolítica, seguridad y las relaciones internacionales.